No pudo ser. Y en realidad me alegro de que los académicos no aplicasen la misma regla de tres con Peter O’Toole que usaron para premiar a Marty. No he visto a Forrest Whitaker en “El Último Rey de Escocia”, pero no me cuesta imaginar que sus méritos para recibir el eunuco dorado eran sobrados. Más si lo comparamos con el limitado registro que el actor irlandés es capaz de lograr en el ocaso de su vida. 

Es así, no nos engañemos. Su acartonado rostro, desnaturalizado cruelmente por el botox, delega todo el poder de convicción en su intensa voz. Sus ojos son incapaces de mostrar otra emoción que no sea la de la alarma permanente, como quien se acaba de dar cuenta de que se ha dejado el grifo abierto en casa. Ni siquiera las tetas de Jodie Whitakker fueron capaces de arrancarle algo de emoción en la entrañable “Venus”.

Prefiero al O’Toole de “Los dientes del Diablo”, “Lord Jim”, “Becket”… Elegir su mejor momento es fácil: “Lawrence de Arabia”. Es como jugar con las cartas marcadas, todos saben qué escena y qué diálogo le convirtió en inmortal.

Y no, no me refiero a su paseito por el techo del tren, sino a la escena en la que Lawrence muestra su plan para atravesar el desierto de Nefud a Alí (Omar Sharif)…

Alí: “Nadie ha cruzado el Nefud, es el peor lugar creado jamás por Dios”

Lawrence: “No respondo de los demás, sólo de mí”

Alí: “¡¡El Nefud no puede ser cruzado!!”

Lawrence: “Si tú lo haces, yo lo haré”

Alí: “Estás loco, inglés”

Lawrence (mirando al horizonte): “Aqaba está allí. Sólo es cuestión de ir”.

Pero, por ser original, si tuviese que quedarme con un sólo O’Toole, probablemente sería el alcoholico actor venido a menos que interpretó en “Mi año favorito”, deliciosa comedia dirigida por, el entonces prometedor (que luego no fue), Richard Benjamin.

En la película, filmada en 1982, O’Toole interpreta a una vieja estrella que recibe una inesperada última oportunidad en forma de contrato televisivo. A modo de seguro, la productora convierte a un joven guionista (Mark Linn-Baker, sí, es él… el primo Larry de “Primos Lejanos”) en su ángel de la guarda durante los días que dure el rodaje. El reto imposible del guionista convertido en asistente personal, consistirá en evitar las legendarias juergas nocturnas del actor. 

La escena, el momento en el que O’Toole hizo palidecer por un segundo el recuerdo de Lawrence señalando hacia Aqaba, ocurre como sigue…

Tras conducir sin rumbo definido durante un largo trecho, Benjy (Mark Linn-Baker) detiene el coche en el lugar indicado por Alan Swann (O’Toole). Cansado de los caprichos del viejo actor, le reprocha la irresponsabilidad de un viaje que les impedirá llegar a tiempo para la emisión del programa mientras Swann se limita a observa por la ventana a un grupo de niños jugando entre los que se encuentra su pequeña hija a quien apenas ve tras divorciarse de su ex-esposa…

Horas de viaje a cambio de cinco minutos cerca de su hija. O’Toole no necesitó palabras para darnos a entender que fue un buen trueque. Tal vez debieron premiarle entonces. Ahora es tarde.

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