Dicen que aprendió a tocar la guitarra a oscuras, situándola sobre su vientre para memorizar los acordes. Tal vez por ello, por la costumbre, bajaba las persianas para escribir sus canciones furiosas que nadie entendía. 

Se sentía acomplejado por su cuerpo. A veces, en pleno verano, superponía una camiseta sobre otra hasta formar tantas capas como permitiese encajar el abrigo conque coronaba el ceremonial. Después, iba a buscar a la chica con la que salía. Ella era basura blanca de pureza extrema. Vivía en una caravana junto a sus hermanos y su madre, abandonados por su padre, como siguiendo el guión asignado a los de su clase. Él también era basura blanca; pero su caracter introvertido limitaba sus funciones en un ambiente tan hostil. Era débil. Por ello, su lugar en el microcósmos del instituto le relegaba al mismo nivel de los negros, latinos y asiaticos que no perteneciesen a algún equipo deportivo. Su palabra no se escuchaba. Su novia era la que los demás habían rechazado. Su lugar en el comedor era esquinado. Nadie debía percibir su presencia…

Muy lejos de Seattle, en otro tiempo, cuatro chicos y cuatro chicas se reunían cada viernes en un parque atestado de pinos y eucaliptos, tan mal iluminado que las farolas a las que habían volado la cabeza a pedradas apenas se echaban en falta. Tanto la maría como la cerveza corrían sin límite pese a que ninguno alcanzaba los 18 años. Nunca fue difícil encontrar suministro en Suburbia.

Antes de la media hora, y como exigia la ceremonia, sonaba…

With the lights out it’s less dangerous
Here we are now, entertain us
I feel stupid and contagious
A mulatto
An albino
A mosquito
My Libido
Yay, a denial

Entonces las chicas se situaban en las pistas del frontón para emular los libidinosos movimientos de las animadoras del vídeoclip, mientras los chicos berreaban arqueando el tronco hasta alcanzar posturas imposibles.

hello, hello, hello, how low?

Al llegar al segundo estribillo ya nadie era consciente de quien era quién. Los movimientos de pelvis se confundían con las rotaciones de cabezas. Alguien vomitaba, víctima del mareo, pero ya nada podía deterner el climax. No era sexo, pero se le parecía tanto…

With the lights out it’s less dangerous
Here we are now, entertain us
I feel stupid and contagious
A mulatto
An albino
A mosquito
My Libido
Yay, a denial

Después, sentados en aquellos bancos chorreantes de mil clases indefinidas de mierda, los que había probado el lítio confirmaban a los demás que Kurt no mentía cuando escribió “Lithium”. Mientras, las chicas corrían la cinta disimuladamente para escuchar “Polly”, suplicando el tiempo suficiente para recuperar la postura original de sus caderas.

Y así fue hasta que un día alguien apretó el play de aquel herrumbroso radiocasette y sonó “The Whole in the Moon”.

Dicen que un día Kurt cogió un autobus hacia el centro de la ciudad pero decidió no sentarse, pese a las repetidas advertencias del conductor. Hacía cinco días que no tomaba el lítio que aplacaba sus ansias de marcharse antes de tiempo. No soportaba el haber perdido la libido ni las burlas de su chica porque no se le levantaba. Dicen que un mosquito revoloteó sobre su pelo revuelto durante todo el trayecto, pero no le picó. Tal vez formase parte de su imaginación; hacía días que el insomnio le hacía percibir una realidad propia. Tres personas, sentadas desigualmente, le miraron extrañados durante todo el trayecto. Y uno era albino, otro mulato y la tercera, una adolescente de pelo largo y negro, fue quien paso su dedo pulgar huntado en saliva por la brecha que le provocó el frenazo imprevisto de un conductor tocapelotas.

With the lights out it’s less dangerous
Here we are now, entertain us
I feel stupid and contagious
A mulatto
An albino
A mosquito
My Libido
Yay, a denial

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