No nos conocemos ni nos conoceremos, cierto; pero la virtualidad, como me dijo una vieja ciberconocida hace tiempo,  genera extraños vínculos difíciles de explicar. Nos perderemos de vista en un par de meses, puede que antes. Lo más probable es que el recuerdo de los “conocidos” a través de una pantalla no supere los doce meses de vida. Para entonces todo esto se habrá convertido en nebulosa. Así funciona. Ese es el trato. Sin embargo, los últimos días no he podido evitar, tal vez porque mi momento personal es también delicado, pensar en el mal momento que atraviesa Lucinda.

Cada uno se enfrenta a la muerte a su modo. Yo, como tremendista que soy, prefiero el estilo John Cassidy (“El Soñador Rebelde”). Pero para el resto de mundo, y especialmente para ella, sugiero la alternativa B…  

Hubo una ocasión en la que la hija de Groucho Marx se rindió. Al parecer, una profunda depresión la llevó a un intento de suicidio. Groucho, que fue cualquier cosa menos un padre modelo, trató de consolar a su hija del único modo que sabía: enviándole cartas a diario en las que le contaba chascarrillos, anécdotas cotidianas y cualquier cosa divertida que le viniese a la cabeza. Todo ello con un denominador común: hacer sonreir a su hija.  

Decía Woody Allen, en “Delitos y Faltas”, que hacer humor sobre una tragedia es una cuestión de tiempo. De modo que bromear sobre Boris Yelsin sería considerado teoricamente de mal gusto, sin embargo, hacerlo sobre Abraham Lincoln no acarrearía ninguna reacción negativa. Afortunadamente, porque en caso contrario el decoro nos habría privado de uno de los mejores gags de los últimos años. Fue en “Olvídate de París”, excelente comedia dirigida por Billy Crystal, y ocurrió así…

Tommy (leyendo uno de esos tabloides sensacionalistas tan divertidos): “¿Eh, habéis visto esto? Dicen que han conseguido resucitar a la momia de Lincoln.”

Mickey: “¿Sí? ¿Y cómo lo han hecho?”

Tommy: “Aquí dice que utilizaron una sustancia química llamada Resucitol”

Mickey: “Oh, vamos. Es absurdo. ¿Y qué dijo cuando despertó? ¿Cómo acaba la obra?”

La risa es la única cura efectiva contra la adversidad. El momento no ha llegado aún, pero llegará, Lucinda.

Para entonces, echa un vistazo a este vídeo. Supongo que la mejor manera de enfrentarse a la muerte es burlándose de ella. Haciéndole creer que gana la partida cuando en realidad los que se van siempre están presentes de algún modo: en un recuerdo, en una conversación, en un gesto heredado. Los Monty Python así lo pregonaron a lo largo de su carrera. Incluso cuando Graham Chapman dejó su asiento vacío… 

Sólo espero que no sepas hablar alemán…

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