Una mañana de marzo, mediada la década de los ochenta, Bruce Lee se cobró su primera víctima no mortal en Cucumberland: R.G., de 16 años, se destrozó tres dientes mientras trataba de impresionar a dos chicas con unos nunchakus caseros fabricados con ayuda de su padre. Al ser uno de los matones del barrio, la noticia fue festejada por todos los habitantes de la zona situados en una franja de edad por debajo de los 14 años. De hecho, se convino atribuir a Lee la autoría de la azaña, pues fue él quien inoculó el veneno de las artes marciales en R.G. gracias a las matines de domingo celebradas en el cine del barrio.

Fue el primer regalo que nos hizo. Después llegaron más…

Durante años he tratado de comprender qué es lo que me atrae de aquellas películas sin guión editadas a tijeretazos por cualquier matarife hongkonés. Sin éxito. Lo único que sé es que, como si de una droga se tratase, no puedo dejar de verlas.

Fue el Sr. Yume el que, hace algún tiempo, supo dar con la fórmula de la cuadratura del círculo. Su análisis se centró, con el humor y el respeto que sólo un fan puede desplegar, en su obra postuma: “Operación Dragón”. Objeto de algunas de las más turbias fantasías no eróticas de mi infancia y adolescencia.

Si disponen de diez minutos libres, les recomiendo arduamente su lectura. Les guste o no este tipo de cine, lo disfrutarán, como yo lo hice en su día…

OPERACIÓN DRAGÓN 

Argumento: Un jóven monje Shaolin es contratado por una organización secreta para infiltrarse en un torneo de artes marciales. Así poder sacar información y detener al malvado Han que controla el tráfico de drogas, la trata de blancas, asesinatos… y el torneo.

Año de la película: 1973

Edad del sujeto: Tenía 33 añitos. Murió ese mismo año.
(sí, sí, ya sé, en extrañas circunstancias)

Técnica Utilizada: Lee y su “Jeet Kune Do”, una variación “Lee generis” del Kung Fu tradicional. Esto, unido con su característica fuerza y nervio, hace unas peleas muy interesantes a pesar de su sencillez.

Trucos, cables y otros subterfugios: No por regla general. La poca fantasía de sus escenas, no crean la necesidad de grandes trucajes, aunque podemos encontrar en una de las escenas el famoso “Salto Ninja” (ese salto rodado en caída, que al ser reproducido marcha atrás, parece que se salte con agilidad fantasmal)

Golpe Especial: Lee tiene tres habituales.
Patada lateral en carrera proyectada a gran velocidad hacia el cuello.

Y el salto y posterior estrangulamiento con los pies del rival medio aturdido en el suelo (atención, no hay que perderse su cara de rabia en esta última técnica, plano con el que magistralmente eliden la muerte del infeliz).
Y por supuesto, la patada voladora.

Armas: Todas. Lee es un experto con cualquier cosa, pero su (nuestra) preferida son los Nunchakus. La de golpes que se tuvo que dar para controlar así los palitos de los cojones…

Pupita: A pesar de que suena fuerte, no es característica la brutalidad en la demostración de los golpes, pero SIEMPRE mueren algunos enemigos de una solo golpe. O sea, que pupita, MUCHA.

Nº de Enemigos vencidos: Es una película de torneos, así que las peleas organizadas le restan tiempo a la ostia sin ton ni son, pero en la escena final, hay un total desmadre. Un centenar (más o menos).

Malo Final: Sí. El malvado Han, deshonroso monje Shaolin, maestro del Crimen con su famosa mano-garra. Uno de los Iconos del Pop con más carisma, sin duda.

Banda Sonora: Se le da gran importancia al sonido. Molona Música funky setentera, unida a cajas chinas. Un 10. Muchos sonidos de hipertrofiados golpes clásicos y sonido de aire cortándose. También cabe destacar los habituales jadeos-aullidos perrunos del Gran Maestro.

Inteligencia: En todas y cada una de las escenas, Lee parece un maestro sabio. Sabe controlar la situación y a sus actores. Mirada de sospecha perenne.

Humor: Ninguno. Hay que estar concentrado y no perder el tiempo en tonterías. ¿El resto? Bueno, una conversación telefónica va así.
– Póngame con el General!
– Pues despiértelo…
– Me da igual que esté acompañado…
– No, no me importa con quién esté…

Sexo: Sí, gracias! Aunque no veremos a Lee perder el tiempo. Pero el resto de luchadores confraternizan con una o varias (ese cool-nigga-supamacho powa!) señoritas de hermosos cardados y abundantes maquillajes.

Crítica Social: Pse! William, el luchador del pelo a lo afro, a parte de ser perseguido por las polis en L.A., comenta que los guettos son iguales en todos lados. No creo que cuente mucho.

Plagios: Muchos. De hecho la peli fue un hito en las artes marciales. Desde decenas de “impersonators”, hasta copia total (Mortal Combat, el juego y la peli, son exactamente iguales).

La Película: Si en el estanque al que lanzan el cuerpo sin vida de Williams hubiera pirañas y/o tiburones, la peli lo tendría absolutamente todo. Música funky inolvidable, cierta profundidad de personajes, varios protagonistas, intriga, sexo, emoción, espionaje y apuestas, cientos de especialistas, hombres varoniles y mujeres bellas, un Bruce Lee magullado…

Todo una Iconografía Pop que ha hecho historia.

NOTA: Por supuesto tiene su correspondiente poster polaco.
¿Es “Operación Dragón” o “Rocky Horror Picture Show”?

Y ahora, haciendo gala de mi habitual estilo cursi y fuera de lugar, diré que sé que no fui el único niño que no desayunaba en el colegio por no gastar el dinero que me daba mi madre y poder así fundirlo en matines de domingo. Sé que no fui el único que estuvo a punto de romper a llorar cuando vio “Dragón” muchos años más tarde; y lo sé porque vi a mi hermano mayor, sentado a mi lado, retorcer los labios al recrearse la escena final de “Operación Dragón”. Sé que R.G. no fue el único en fabricar nunchakus caseros tan peligrosos como balas. Sé que no fui el único en ver sus películas devorando pan y chocolate protegido por la penumbra de un cine, del mismo modo que sé que no soy el único que le lleva y llevará dentro…

Y así pongo el punto final a la micro-sección Partners, creada, básicamente, con fines de rapiña.

Gracias, Sr. Yume por su generosidad.

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