La leyenda de Errol Flynn se construyó sobre mil borracheras y otras tantas orgiásticas fiestas. Nunca tuvo límites ni siguió otro código de conducta que el propio. Pendenciero, farsante y encantador, el público le quería precisamente por esa imagen de pícaro al que resulta imposible odiar.

De entre las muchas anécdotas que adornan su curriculum canalla, es ésta mi favorita…

Tras pasar, el joven Flynn, algunos años trabajando como encargado de una plantación de tabaco, pescador, boxeador ocasional y capador de reses, un productor de la naciente industria cinematográfica australiana reparó en su imponente perfil considerándole apropiado para dar vida al famoso renegado Fletcher Christian en el inminente rodaje de una nueva adaptación del famoso motín de la Bounty que se titularía “In the Wake of the Bounty”.  

Entusiasmado, Flynn comentó los planes a su padre, prestigioso biólogo conocido por su brillante trabajo tanto como por su ferreo caracter victoriano. Tras conocer éste que parte del rodaje se llevaría a cabo en Tahití y que gran parte del casting estaría formado por mujeres polinesias, trató de aleccionar a su hijo sobres los peligros del sexo interracial advirtiéndole:

“Hijo mío, sólo un bastardo practicaría el sexo con una mujer indígena”

Convencido de que su consejo había hecho mella en la futura estrella, el Sr. Flynn pidió a su vástago que le escribiera con frecuencia narrándole las incidencias del rodaje.

Y así lo hizo. Al día siguiente de atracar en Tahití, Errol cumplió con la petición de su padre enviándole un escueto telegrama que decía así:

“Querido padre. Soy un bastardo”

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