Tras el atronador éxito del posteo original (más de 15.000 cliqueos que no entendieron una palabra de lo que quise contar, porque habiendo fotous para  qué leer ¿verdad?), e inspirado por una escena de “Fur” en la que la Kidman narra algún exhibicionista deliz de su adolescencia, retomo el tema bajo la premisa de no utilizar en momento alguno frases hechas. Como esa de las carretas, sí… A ver si lo consigo.

Pues eso, el carnaval ya pasó y esto no es New Orleans en pleno Mardi Gras, época gozosa para mirones de toda estirpe, en la que universitarias con doce copas de más se fusionan con amas de casa cuarentonas ansiosas por recibir la atención que aquellas (y la gravedad) les han arrebatado, bajo el grito masculino unánime de ¡¡Show me your tits!!…

Pero como este lugar no va de eso, me limitaré al amplio catálogo sobre el tema (y sus muchas interpretaciones) que el showbiz puede ofrecer.

Y es que el género masculino es tan fácil de satisfacer como un cachorrito. Un rápido flash de la camiseta hacia arriba y ale, tan contentos. Y si no que se lo pregunten a David Letterman. En 1995 el popular showman recibió el mejor y más inesperado regalo de cumpleaños de su vida cuando Drew Barrymore, musa y fantasía de tantos como yo, decidió premiarle de esta manera…

El vídeo es más cachondo. Vean, vean…

A juzgar por la catatónica expresión que se le quedó al bueno de Letterman, aún debe estar recuperándose del shock.

Y si una política belga ofrecía mamadas por un voto (hasta 40.000 ambrientos sementales se apuntaron a la propuesta), ¿por qué no premiar la fidelidad de tus seguidores de un modo más “sutil”?

Así debió pensarlo la mismísima Britney Spears, quien echó mano de su desnudez para gratificar a sus fans por el apoyo recibido durante los duros días que siguieron a su separación matrimonial. Sucedió hace escasos días, y fue su página web oficial el lugar elegido por la Spears para regalar un sugerente (y photoshopeado) desnudo en el no se ve nada y se intuye aún menos…

 

Pero será mejor dejar de lado a princesas pop postizas y pasar al celuloide de una vez…

Tal vez la escena más conocida que aborda el tema sea ésta…

 

Dura escena incluida en “El Expreso de Medianoche” de Alan Parker, que explora el momento en el que Susan (Irene Miracle) visita a su novio Billy (Brad Davis), preso en una infernal cárcel turca. Deshumanizado casi por completo, las únicas palabras que acierta a pronunciar al hallarse en presencia de su novia son: “Enseñamelas”.

Nunca antes se abordó de un modo más directo y sincero “el hambre”; esa necesidad animal del otro en toda su crudeza y sin absurdos subterfugios que acortinen el deseo más primitivo.

Parker pidió entrega total a sus actores sometiendo a Irene Miracle a duros ensayos que permitieran derribar sus muros emocionales para dar así verosimilitud al momento. Dicen que el estallido en lágrimas de la actriz, provocado en gran parte por la escalofriante interpretación de Davis, se tornó en incontenible, necesitando varias horas, una vez acabado el rodaje de la escena, para recuperarse de tan difícil trance.

Hoy, 30 años después de su estreno, el momento (la película) conmociona como lo hizo el primer día. Puede que aún más. Fue el mejor momento de Parker, pero no será su última aparición en este posteo.

No menos duro fue el trago (nunca mejor dicho) al que tuvo que hacer frente Maggie Gyllenhaal en la reciente “Sherrybaby”

Metamorfoseada en la piel de una ex-convicta (Sherry) con una familia que mantener, se verá obligada a presentar estas credenciales para conseguir un empleo. Así de dura es la vida laboral para algunos.

Y no menos duro fue el disgusto que se llevó Maggie cuando su nombre no apareció entre las nominadas al Oscar de la pasada edición. Tal vez debió utilizar el mismo método para convencer a los académicos. Claro que no me cabe duda de la honradez de ella. Como no me cabe duda de que en los académicos se da el caso contrario. Por todos es sabido que los Oscar no son más que una transacción comercial, y prefiero omitir los comentarios que hizo Bette Davis acerca de las ganadoras del premio y sus métodos para conseguirlo. Premio, por cierto, que ella ganó. A veces es mejor no hablar…

En otro tono, más poético, se presento esta otra situación…

 

En “Amerian Beauty” (1999), Thora Birch se expuso de tal guisa ante un vecino raru que la grababa en la penumbra de su habitación. Luego resultó que también grababa bolsas de plástico zarandeadas por el viento, lo cual, unido a su oficio como camello y los antecedentes familiares que incluían un padre, homosexual latente, con tendencia a dejar la marca de sus puños en rostros ajenos, confirma que más que fines vouyeristas su obsesión por grabarlo todo obedecía a una necesidad por capturar retales de una vida con la que se veía incapaz de interactuar.

Un gran guión de Alan Ball. Una inteligente dirección de Sam Mendes, y voilà… tenemos un clásico moderno que supo venderse mejor que su contemporanea (y superior) “Happiness”.

La exposición del alma. La desnudez a modo de entrega. Fue el mismo concepto utilizado en la película “Sue” (1997)…

 

Película independiente que hemos visto cuatro gatos, entre los que se incluye un servidor y el cortometrajista español, Javier Rebollo, quien no tuvo reparo en plagiar esta escena, sustituyendo el parque por un vagón de metro y a Anna Thompson por Lola Dueñas, en su premiado corto “En camas separadas”. Lamento el chivatazo, total, nadie lee este antro, así que…

En el original, “Sue”, una oficinista desempleada vaga por un solitario parque neoyorquino en el que se encontrará con un tipo tan solitario y desarraigado como ella. Consciente de ello, Sue se sentará al lado del tipo quien, sin mediar palabra, le pedirá a modo de súplica que le muestre sus pechos. Para comprobar las etereas intenciones de su director baste con observar que la mirada del hombre se posa en los ojos de Sue…

Dejándo a un lado lo etéreo, lo sutil, lo subliminal… Vamos con lo festivo…

A poco de comenzado el metraje de “Teléfonos Blancos”, dirigida por Dino Rissi en 1976, la bellísima Agostina Belli ofrece esta propina a un tipo que le permite realizar una llamada de teléfono gratuita…

Supongo que no llevaba suelto encima…

La película, en la irregular línea habitual de su director, está inspirada por aquellas inocuas comedias italianas de los años 60 que, a modo de burla, fueron bautizadas como “comedias de teléfonos blancos” dada la futilidad de sus argumentos. Haciéndoles honor, Risi, firmó esta patochada en lo que lo único relevante tal vez sea el generoso gesto de la Belli.

Claro que a la hora de filmar gilipolleces el cine americano no se queda atrás. En 1999 se produjo “Amigos y Amantes”, penosa comedia dirigida por George Haas en la que la tan preciosa como inexpresiva hija del tío Clint, Alison, se mostró en toda su gloria mientras trataba de estimular la libido de un compañero de juegos…

Ciertamente, tan generoso esfuerzo mereció mejores resultados.

Como los que sí obtuvo la explendida “Ni un pelo de tonto”, cuestión de la que no puede presumir el tipo que subtituló de tal modo a “Nobody’s Fool”, extraordinaria cinta dirigida por el veterano Robert Benton en 1994.

Para la ocasión, una Melanie Griffith pre-botox, agasaja de este modo al perdedor interpretado magistralmente (como siempre) por Paul Newman…

“Mereció la pena” que diría Sully (Newman). Qué hermosa película aquella.

La misma situación pero con desiguales resultados se reprodujo en  la película “Dear Wendy” (2005)…

En esta ocasión, Susan (Alison Pill), demostró de tan gráfico modo lo muy interesada que se mostraba por el incredulo tipo que la observa. Lejos de sentirse halagado, éste, se sintió violento, lo que demuestra que la leyenda de que algunos hombres son inmunes al hechizo mamario tiene visos de realidad…

Sin abandonar lo festivo pero introduciendo un nuevo temario, así se mostró la inenarrable Ashley Judd en “Norma Jean and Marilyn” (1996)…

Sabido es que la diosa platino, consciente del poder que ejercía su físico sobre el género masculino, no sentía reparos a la hora de mostrarse desnuda. Así pues, en la hora final del hombre que la convirtió estrella: su amante y mentor, Johnny Hyde, no se le ocurrió modo mejor de agradecer todo el esfuerzo y sacrificio que él empleó en construir su carrera que una última visión de sus senos.

No es mal modo de cambiar de barrio…

Sino, que se lo digan al Maurice (Peter O’Toole) de “Venus” (2006)…

Y es que por mucho empeño (y fue mucho) que puso Jessie (Jodie Whittaker) por arracar alguna emoción del acartonado rostro de O’Toole, fue en vano. Hay que ver (para creer) los efectos que el tiempo y el botox han producido en el rostro del actor irlandés…

Fue un bello colofón para esta breve (y platónica) historia de amor asimétrica e imposible.

Colofón que, en lo referente a este posteo, tendrá el honor de cubrir “Birdy”, película dirigida por Alan Parker (ya dije que volvería) en 1984.

La obsesión por la aves del autista Birdy (Matthew Modine) no encontró correspondencia con la obsesión que los pechos femeninos ejercen sobre el 99’9 %  del resto de los hombres (sean heteros o no). Y eso que se lo pusieron fácil…

  

Mírale, como el que oye llover… De hecho, sigo dudando sobre quién sufrió mayor trauma: él, ante tran amenazante visión, o ella, que tras ofrecerse de un modo tan explícito tan sólo recibió indiferencia. Menudo colofón para un baile de fin de curso. Menudo final para tan penoso posteo. Será cosa de la primavera, disculpen…

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