Todo, incluso el único anuncio que ha conseguido que alguien que odia la publicidad (myself) se lo trage sin que sus dientes chirrien de dolor…

Los ochenta fueron suyos, ya lo creo. Lástima que no citen aquella ocasión (narrada por ella misma en una vieja entrevista) en la que a la salida de un restaurante neoyorkino, tras compartir almuerzo con Bobby De Niro, un grupo de chavales (yankees) les pararon para solitarle un autógrafo… a ella. Situación cien por cien creible, por supuesto ¿quién le iba a pedir una firmita a un mito del cine estándo Anita cerca?…

Por no hablar de aquella otra ocasión (narrada, como siempre, por ella misma) en la que Oliver Stone le ofreció un papel en una de sus películas a cambio de favores sexuales; a lo que ella, desde luego, se negó. Y es que Anita siempre supo mantener la dignidad.

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