Pues sí, a mi edad. 

Trataba yo de recuperar la muerta actividad de este antro confesando mi pasión por las miradas bizqueantes, cuando me encontré conque un viejo posteo de este sufrido blog ha sido enlazado por una page llamada pajilleros.com…

Prueba A

Por lo visto, uno de sus usuarios (pajillero novato, como yo) buscó en la red el momento en el que un niño metía mano a Jennifer Morrison en un episodio de “House” y cayó por aquí. Y no es que me moleste, salvo neonazis y violentos (palabros indivisibles) todo el mundo es bien recibido por aquí (sí, el preñahermanas también), pero es que me están jodiendo el bandwidth a velocidad láser. Este lugar no está preparado para avalanchas de tal calibre.

(Carles, Mycroft… si visitar este lugar una vez ya es doloroso, al hacerlo dos veces en un sólo día se han ganado el Valhalla sin necesidad de empuñar una espada…)

Total, que decidido a solucionarlo me acabo de registrar en dicho foro para pedirles que dejen de ponerme todo esto perdido con tanto pajote suministrándoles el enlace directo de Youtube, pero nada, no me dejan comentar porque soy pajillero novato y tendré que esperar cuatro días para cascarmela con el resto del grupo. Lo que en realidad no me vendría mal puesto que al llegar la primavera mi libido se extravió y ni siquiera antológicos posteos encontrados en dicha page como gorditas, gordas, muy gordas (ay, si lo pillara Gurruchaga) han conseguido levantarme el ánimo. Lo que sí ha logrado el tipo que firma el posteo es traumatizarme de por vida al unir los palabros ministro pajillero con la imagen de Mortadelo. Y es que siempre pensé que era Filemón el que se llevaba mejor con Onán.

Volviendo a la cruda realidad,  lo que en realidad quería decir es que desde que vi a Karen Black en “Family Plot” siendo niño, no había visto una chica bizca tan seductora como Sarah Wayne Callies…

Pero luego recordé lo mucho que me gusta Sarah-Jane Potts…

Y Michaela Conlin…

Y sobre todas ellas, ella

También iba a contar que tentado estuve de escribir a Friker para hacerle feliz contándole que he conseguido desvelar una leyenda situada al nivel de la del monstruo del lago Ness, el Yeti o el escote de la Porter. Porque sí, el Rancho Cucamonga existe. Y si no me creen pinchen aquí

Qué coño buscaban los tipos del Rancho Cucamonga aquí será un pensamiento que me atormentará exactamente los treinta segundos que voy a tardar en poner punto y final a este delirio.

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