Digamos que Klara Novak trabaja en un bazar y odia al estirado Alfred Kralik, su supervisor. Digamos que Klara y Alfred intercambian desde hace tiempo apasionadas cartas sin conocer el uno la identidad del otro. Un día deciden encontrarse en persona. Para reconocerse utilizarán una señal, y la de Alfred será un clavel en la solapa de su chaqueta y el modo en el que encabeza las cartas que envía a Klara: querida amiga. El encuentro no llegará a producirse cuando debía, ocurrirá después y Lubitsch lo contó así…

Anuncios