Haciendo honor a las profundas raíces metaleras de Suburbia, hace pocos años se decidió bautizar una calle de Cucumberland con el nombre del grupo heavy que fuese más votado en una consulta popular. Los elegidos fueron AC/DC, y así se hizo, los australianos asistieron incluso al estreno. Dada la “delicada” zona en la que se emplazó la calle, el ayuntamiento temía que la placa fuese robada por algún fan de grupo, así que decidió encargar cuatro copias metálicas laboriosamente serigrafiadas. La primera fue robada tres noches más tarde. Se repuso al día siguiente y de nuevo al que le siguió. La última fue colgada a 5 metros de altura, tratando de evitar un nuevo robo. La iniciativa no funcionó y la calle AC/DC fue ilocalizable durante un par de semanas. Finalmente, el ayuntamiento creyó dar con la solución aplicando teorías inflacionarias: Anunció que vendería, a un precio asequible, facsímiles de la enseña original. Acto seguido, los ufanos políticos municipales restituyeron una nueva creyendo haber acabado para siempre con el pillaje con el resultado que imaginan… Un mes y una docena de robos más tarde, se produjo un nuevo anuncio advirtiendo que la nueva placa sería imposible de mangar. La inauguración de tan novedoso sistema se realizaría el lunes siguiente. Ése lunes, todos los metaleros de Suburbia y extraradio se dieron cita armados con escaleras, martillos, destornilladores e incluso radiales… pero al día siguiente la placa continuaba allí. ¿Adivinan en qué consistió la solución?… La pintaron sobre la pared. La imaginación al poder, que dirían los utópicos del 68.

Dejo una foto de la placa actual (finalmente se regresó al sistema clásico), sacada por moi esta misma tarde.

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