En la larga escena final de “Juan Nadie” quedan expuestas todas las obsesiones del director: La culpa, el sacrificio, el amor incondicional y la fe rousseauniana en que la naturaleza humana es intrínsecamente buena…

No pude extraer la banda de sonido original, soy así de torpe ripeando. Si deciden ver el vídeo, suban el volumen y disculpen el horroroso doblaje, que, en cualquier caso, no resta emotividad a una escena plagada de silencios.

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