Sinceramente, no soy consumidor de la revista El Jueves, lo fui, cuando era un crío, pero ya no. Su provocador humor de brocha gorda hace tiempo que no me atrae. Por otra parte toda esta absurda polémica montada en torno a su último número me la suda soberanamente. Ni creo que la libertad de expresión esté en peligro en España, como afirman los alarmistas de siempre, ni considero ofensivo un dibujo publicado por una revista satírica. Hechos por los que parece que los columnistas de los principales diarios nacionales están muy preocupados, olvidando que la esencia de la sátira (ese arte adoptado por el pueblo llano y utilizado a modo de defensa contra los poderosos) consiste en ser lo más zafio e hiriente posible.

Soy apolítico. Desprecio los dos polos por igual, y recibo de ambos lados por ello. Y me trae sin cuidado. Mi filosofía siempre fue la marcada por Denys Fitz-Hutton en aquella escena de “Memorias de África” en la que, recien estallada la I Guerra Mundial, es consultado sobre qué intereses defenderá: “El mío propio, espero”, fue su respuesta. Es así, que cada uno viva en su propia mentira ideológica que yo me cuidaré de no pisar ciénagas ajenas.

No tenía intención alguna de colgar la dichosa portada. Por insustancial. Es un tema que me resbala. Otra serpiente veraniega más para llenar portadas de periodicos y cabeceras de telediarios. Pero al escuchar esta tarde que la fiscalía amenaza con dedicarse a localizar y clausurar todas las páginas web que la incluyan, cosa que ya han hecho con la oficial de la revista, no me queda más remedio que colgarla y asegurar que… ¡¡Yo soy Espartaco!!

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