No, no… Esto no tiene que ver con la novela de Walter Mosley ni con Easy Rawlings. De hecho, el objeto de este posteo no viste de azul… es azul. Tal vez el siguiente diálogo les dé una pista…

Sean: Una cerveza y un coño. Es todo lo que necesito.

Ronald: Tenemos que buscarnos una pitufina.

Sean: ¿Una pitufina?

Ronald: Sí. No una pava creída de Middlesex. Ya me entiendes, una rubia guapa que quiera hacer guarradas con los tíos. Como pitufina.

Donnie: La pitufina no folla.

Ronald: Gilipolleces. Folla con los pitufos ¿por qué crees que la hizo papá pitufo? Porque todos los pitufos iban salidos.

Sean: No, no. vanidoso, no. Me han dicho que es homosexual.

Ronald: Sí, sí, tío. Pero, vanidoso mira mientras ella se los folla, ¿vale?

Sean: ¿Y papá pitufo qué? Quiero decir que también participará.

Ronald: Lo que él hace es grabar toda la orgía entre pitufos y luego se la casca mientras ve la cinta.

Donnie (alzando la voz): En primer lugar: papá pitufo no creó a la pitufina. Lo hizo Gargamel, que la creó como espía con la malvada intención de destruir el pueblo de los pitufos. Pero la abrumadora bondad del estilo de vida de los pitufos la transformó. Y en cuanto a todo lo que has dicho de una orgía, eso es imposible. Los pitufos son asexuados. No tienen órganos sexuales bajo sus pantaloncitos blancos. ¿Sabéis? Eso es lo más triste de ser un pobre pitufo ¿qué sentido tiene vivir sin una polla?

Ronald: Maldita sea, tío ¿por qué siempre has de pegarnos esos rollos?

El memorable diálogo aparecido en “Donnie Darko” no podría ser mejor prólogo para lo que sigue…

Y es que, cincuenta años después de que el dibujante belga Peyo creara uno de los mayores mitos pop del pasado siglo, las multiples lecturas que continuan generando los hombrecitos azules son cada vez más inquietantes. Tras una primera y pedestre interpretación (propia de la época) en la que el estilo comunal de vida de los pitufos fue interpretado como una apología del comunismo, el paso del tiempo ha ido refinando las “ocultas” intenciones de Peyo con interpretaciones más cercanas a los místico y religioso.

La intención inicial del dibujante, gran aficionado al mundo medieval y a las leyendas de seres elementales como hadas, duendes y gnomos, fue la de recrear un universo de fantasía con intenciones edificantes. Señaló el bien y el mal de modo nítido y evitó cualquier connotación sexual (al más puro estilo Tolkien) que pudiese distraer al lector de su autentico y ejemplarizante objetivo. Dotó a cada pitufo de singularidad, proporcionando a cada uno su propia personalidad y función dentro de la sociedad: Carpintero, Forzudo, Tontín… Aquí nacen las primeras dobles lecturas al interpretar que entre los pitufos están recogidos los siete pecados capitales. Así, Gruñón representaría la ira, Perezoso la pereza, Goloso la gula, Vanidoso el orgullo… hasta llegar a la Pitufina, portadora de la tentación destinada a llevar por el mal camino a los pitufos, que encarnaría, lógicamente, a la lujuria.

Toma forma el concepto con la aparición de Gargamel, quien merced a sus negras ropas raídas y su pelo rasurado es interpretado como un monje dominico, órden encargada de regular la infausta Santa Inquisición. Su obsesión por destruir a los pitufos se justificaría como una misión divina por acabar con el pecado para la que contaría con la ayuda de un maléfico gato bautizado como Azrael, el mitológico ángel de muerte y mano derecha de Dios, que sería el encargado de castigarles a todos.

Papá pitufo, por su parte, es considerado el sacerdote maligno encargado de dirigir tal “reino del mal”. Para ello utilizaría la magia, que practica a menudo, y los ritos paganos como los saltos de hogueras a los que tan aficionados son los pitufos.

Finalmente, se justificaría el color azul de los hombrecillos recurriendo a la tradición cristiana que afirma que los niños nacidos muertos o fallecidos sin bautizar recalaban en el limbo, lugar en el que adquirían esa tonalidad azul. En otros palabros, los pitufos serían la representación de las almas de los niños muertos. Los niños perdidos del limbo. De ahí su pureza e inocencia y el afán de las fuerzas del mal por atraerles hacía su seno.

Por si no fuese poca toda la mitología paralela creada en torno a la creación de Peyo, él no logró quedar al margen de todo esto al morir un 24 de diciembre de 1992. No pasó mucho tiempo hasta que los padrinos de la teoría alternativa señalasen la fecha de su muerte como un castigo divino. Una forma de evitar que pudiese disfrutar del advenimiento de Jesús. Colofón perfecto para una de las teorías más rebuscadas de la historia de la cultura popular.

Y qué puedo decir… Sinceramente, recomendaría a estos grupos católico-ortodoxos, siempre tan ocupados en apagar pequeños incendios mientras se quema el monte, que escuchasen algún CD perpetrado por los Pitufos Maquineros y por aquel tipo siniestro que les acompañaba y que se hacía llamar Padre Hans. Es ahí, y no en el inocente cómic creado por Peyo, dónde reside el mal…

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