John Huston llevaba semanas tratando de convencer a Tennessee Williams de cambiar el enfoque original de su obra, “La Noche de la Iguana”, cuando surgió el tema de la misoginia del escritor. Huston pretendía dar mayor relevancia a las dos mujeres de la función en detrimento del protagonista masculino. Williams no soportaba tal idea. Para Huston, el personaje del reverendo Shannon era plano, a pesar de su gran complejidad. Le resultaba más atractivo el contraste entablecido entre la casquivana Maxine y la puritana Hannah. Sobre la elaboración del raparto apenas hubo discrepancias. No podía haber mejor reverendo Shannon que Richard Burton. El papel de la tentadora adolescente Charlotte parecía haber sido escrito para Sue Lyon. Ava Gardner era Maxine. La única duda del dramaturgo se depositaba sobre Deborah Kerr, encargada de dar vida a la predicadora baptista Hannah Jelkes. Las dudas de Williams fueron cortadas de inmediato por Huston: “Hay algo en ella muy complejo y muy profundo que contradice su apariencia y el tipo de papeles que la ofrecen a menudo”. El genio aspero siempre tuvo la habilidad de apreciar lo que esconden las apariencias.

Deborah Kerr fue una de las seis rosas inglesas. Aquella lista que encabezaba Elizabeth Taylor y cerraba Patricia Roc. Ella estaba en medio, sin hacer ruido. La delicada rotundidad de sus rasgos le proporcionaba una elegante serenidad innata imposible de impostar. Junto a otra de las rosas, Jean Simmons, saltó a al estrellato intrepretando a una monja en “Narciso Negro” de Michael Powel y Emeric Pressburger. Comenzó entonces una inmaculada carrera que incluyó clásicos como “De Aquí a la Eternidad”, “Las Minas del Rey Salomón”, “¿Quo Vadis?” y “El Rey y yo”. Siempre en papeles de perfil apenas oscilante. Pero lo mejor estaba por llegar. Protagonizó el cuento cruel “Suspense”, otra vez en el papel de institutriz, fue una treinteañera reprimida por su madre en “Mesas Separadas” y compartió un desesperanzado verano en la costa azul con David Niven y Jean Seberg en “Buenos Días Tristeza”. Todos la recordarán siempre como la Terry McKay de “An Affair to Remember”, y por haber portado con dignidad el estima de haber sido seis veces nominada al Oscar, sin conseguir ganar ninguno, aquella noche de 1994 en la que recogió su premio de la academia honorifico en la que fue su última aparición pública.

Su vida ha sido un regalo para los que amamos el cine. No imagino mejor epílogo que recordar uno de los muchos buenos diálogos que pronunció bajo la piel de Hannah Jelkes.

“Nada de lo humano me repugna, Sr. Shannon, a menos que sea poco amable o violento”

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