Se hizo una lista, hace bastantes años, de las mejores historias de amor enmarcadas en el aspero género del western. Un territorio tan hostil para la exhibición de cualquier tipo de sentimiento explicito requirió siempre de una sutileza extrema a la hora de mostrar tan delicado tema. 

Éstos fueron algunos de los momentos que formaron parte de aquella lista: Las miradas fugaces cruzadas por Alan Ladd y Jean Arthur en “Shane”, la melancolia gestual de Vera Miles al doblar la capa de John Wayne en “Centauros del Desierto”, el modo en que James Stewart roza las manos de Vera Miles en “El Hombre que Mató a Liberty Valance” mientras la enseña a leer. Pero seguramente la sutileza alcanzó su grado máximo en la reciente “Sin Perdón”

“Era una joven atractiva y no sin oportunidades matrimoniales. Por consiguiente a su madre le partía el corazón que se casara con William Munny, un conocido ladrón y asesino, un hombre de cáracter notoriamente inmoral y violento. Cuándo ella murió no fue a manos de él, como había esperado su madre, sino de la viruela. Eso ocurría en 1878”

Clint Eastwood echó mano de la elipsis narrativa para mostrar una historia de amor que no se ve pero que está presente en cada instante de la cinta. La película se abre y se cierra con el recuerdo de Claudia Munny, esposa del poco recomendable ladrón y asesino William Munny. El epílogo final, acompañado de las suaves notas del “Claudia’s Theme”, dice así…

“Algunos años más tarde la señora Ansonia Feathers efectuó el arduo viaje al condado de Hodgemon para visitar el último lugar de descanso de su única hija. Hacía mucho tiempo que William Munny había desaparecido con sus hijos. Unos dicen que se fue a San Francisco, donde se rumoreaba que había prosperado comerciando con mercancías en general. Y en la lápida no había nada que explicara a la señora Feathers por qué su hija se había casado con un conocido ladrón y asesino, un hombre de carácter notoriamente inmoral y violento.”

Pues bien, la redención de Kevin Costner como director pasó por la ruptura del más sagrado dogma del western. Olviden la admirable contención narrativa de la que hace gala “Open Range”. Ignoren también (si pueden) el estruendoso tiroteo final, claramente deudor del famoso duelo en O.K. Corral, en el los colts resuenan como si fuesen los mismísimos cañones de Navarone. Porque es la crepuscular historia de amor entre un maduro vaquero de oscuro pasado y una solterona resignada a la monotonía de una vida solitaria, lo que la distingue definitivamente como una obra mayor pese a las no pocas voces que tienden a infravalorarla. Costner se inclinó por la contención explícita. Las palabras muestran y los gestos esconden. Primero, el director opta por seguir el manual que regula al género, al filmar mediante sutiles miradas el momento en el que Sue se reconoce en los silencios del errático Charley. Después, tornará hacia lo elocuente cuando ella le pida que no abandone el pueblo porque “tengo planes para nosotros, Charley”. Finalmente, se expodrá por completo a través de metáforas reconocibles e infinidad de detalles. Porque son muchos los detalles que enriquecen la escena y que pocos vieron o quisieron ver. El más llamativo tal vez sea el lugar en el que se produce el reencuentro de Charley y Sue; el pequeño jardín “amurallado” en el que ella trabaja muestra el pequeño universo en el que Sue ha confinado su vida. Su soledad es comparable a las lejanas montañas azules que se contraponen al fondo, hogar del desarraigado Charley. La fusión de ambas imagenes, con la cámara alejada púdicamente, confirman al mejor Costner.  

Charley: Estoy enamorado de ti. Lo he estado desde el día en que te conocí, pero he tardado en comprenderlo. Sé que no soy el hombre que esperabas apareciera en tu vida. Y sé que tu hermano no me escogería para ti

Sue: Charley, ¿sabes qué edad tengo?

Charley: Eso me da igual

Sue: Ya no soy un muchacha

Charley: Eres al mujer más guapa que he conocido

Sue: He tenido mis decepciones, Charley

Charley: Yo no voy a ser una de ellas… Jamás pensé que viviría tanto, Sue. Con la vida que he llevado no me importaba mucho. Cuando me alejaba, al pensar que no volvería a verte, fue la sensación más horrible que he tenido en mi vida. Sé que puedo ser un buen marido. Y sé que no te lo he pedido, pero te lo pido ahora… ¿Quieres casarte conmigo?

Sue: Charley… Sí. Me casaré contigo.

Charley: ¿Puedo besarte?

Sue asiente

Charley: Pienso darte mil como éste antes de morir

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