Bien, a petición de Emilio, procedo a publicar mi versión del asunto Wilder. Me tocó interpretar una de sus películas menos valoradas, “Irma la Dulce”. Espero no haberla hundido completamente tras este largo y farragoso texto que le dedico…

Decía el crítico Juan Carlos Rentero, que para Billy Wilder los momentos de intensa felicidad (siempre pasajeros y deudores del azar) nos permiten abrigar la sospecha de que la vida es hermosa, aunque muchas veces nos resulte decepcionante. Todo venía a cuento de la escena final de “El Apartamento”, cuando Fran (Shirley MacLaine) corre por las calles de Nueva York en busca de Dexter (Jack Lemmon) una vez ha caido en la cuenta de lo mucho que le necesita. Wilder premia con un final feliz a sus personajes, a sabiendas de que el futuro que les aguarda es incierto. Un punto seguido que en cierto modo tuvo continuidad al reunirse de nuevo el triunvirato en “Irma la Dulce”.

Tomando como base un éxitoso musical de Broadway al que le fueron eliminadas las canciones, Wilder enriquece la fórmula que tan brillante resultado le dio en “El Apartamento” al sumar una especie de Pepito Grillo al quebradizo duo protagonista. Será el barman Moustache (Lou Jacobi) quien introduzca y finiquite la historia con su presencia. Será el guía que conduzca la historia de amor entre un policía honrado, pero tonto, y una prostituta en busca del clavo ardiendo al que aferrarse… La presentación de la historia es ejemplar. Wilder nos adentra en la rue Saint Denis, el barrio de la putas parisinas, lo hace evitando la sordidez propia del ambiente sin olvidar el cinismo que le caracteriza. Por allí pasea sus curvas Irma, en la esquina de la calle Casanova, y allí se encontrará con el nuevo gendarme del barrio, Nestor. La honradez de éste, ante el panorama que descubre, le llevará a denunciar la situación, lo que desembocará en una redada que tendrá como inesperado desenlace el despido de Nestor, al ser el comisario de policía de París, uno de los puteros cazados in franganti. Una vez fuera del cuerpo, Nestor volverá al barrio que le trajo la desgracia para no salir de allí jamás al verse involucrado en una pelea con el chulo de Irma, pelea que le tendrá como inesperado ganador y cuyo premio consistirá en ser proclamado nuevo chulo de la prostituta. La situación le desagrada profundamente, lo que le obliga a evitarle clientes a Irma en lugar de proporcionárselos. Se travestirá entonces en un imposible lord inglés aficionado al bridge para justificar la situación, lo que le llevará trabajar a destajo descargando camiones y en el mercado para conseguir el dinero preciso que les permita sobrevivir. Desesperadamente enamorado de Irma, Nestor terminará por odiar al personaje que el mismo creó, eliminándole primero, siendo condenado después por matar a un fantasma, para alcanzar la libertad que finalmente le permita casarse con una embarazada Irma. Un cuento romántico y progresivamente edulcorado al que Wilder aporta pequeñas píldoras de cinismo que puedan aligererar lo estómagante de su argumento.

Sería así el análisis de un primer vistazo a la película de Wilder. Una de las pocas del director de origen austriaco que viéndose con gusto, no soportan un segundo visionado. Pero hay mucho más. Siempre hay más. Sin negar su edulcorada fachada y su tendencia al sentimentalismo, la descripción de personajes de Wilder revela en la cinta una vida interior extraordinaria que habitualmente suele pasarse por alto. Nestor, el honrado y bobo, es el arquetípico héroe wilderniano, víctima de sí mismo y de un mundo que no entiende, que no guarda ningún lugar para él. Wilder se apiada de él concediéndole el apoyo de Moustache, baqueteado barman, que además de oficiar de conciencia se ocupará de introducir a Nestor en el mundo real. Moustache le previene sobre los efectos del amor y la crueldad, lo que para el Wilder cínico viene a ser lo mismo: “El amor es ilegal, pero el odio no”, le dice, para continuar advirtiéndole de que si no endurece su candorosa alma lo que le espera ahí fuera terminará por devorarle: “Ser honesto en un mundo deshonesto es como pelar una gallina contra el viento; te llenas la boca de plumas”. Enseñanzas que Nestor tratará en asumir. Inmerso en un mundo hostil y extraño, Nestor intenta comprender por qué Irma necesita un chulo: “Todo el mundo necesita a alguien” le contestará ella. De nuevo aparece el fantasma de la soledad que propulsa la trama de “El Apartamento”, y como Fran, Irma está convencida de que son los pequeños detalles los que determinan la naturaleza de su anhelo. Fran repara en Dexter porque es el único de los cientos de empleados del edificio que la saluda cada mañana. El único que se quita el sombrero ante su presencia. Irma reparará en el candor de Nestor cuando éste se levante los pantalones frente a ella, se le vea la pierna y, de inmediato, se los baje avergonzado, para terminar por confirmar su corazonada en la bellísima escena en la que Nestor se introduce por la ventana de su habitación mientras Irma duerme, procurando no hacer ruido, en un gesto de respeto y cariño hacia ella desconocido por Irma con anterioridad. En ambos casos se trata de mujeres fuertes y de hombres apocados. Ellos poseen dignidad pero la han terminado por enterrar al considerarla inútil. Ellas la mantienen contra viento y marea, a pesar de ser utilizadas por los hombres como meros juguetes sexuales. Ellas fijan la mirada con firmeza, sin embargo, tanto Dexter como Nestor bajan la mirada al enfrentarse con su propio reflejo en el espejo. Ése es el principal distintivo de la relación de Wilder con sus personajes, la del cínico compasivo que mantiene la fe a su pesar.

Llegada la segunda mitad de película, ésta se convierte en desconcertante. La aparición del personaje del lord inglés provoca constantes mutaciones en Nestor. Su agotadora rutina llevará a Irma a pensar en que le engaña con otras mujeres. Celos que se tornarán recíprocos al comprobar Nestor que Irma se siente atraída por el personaje que él mismo creó. La inseguridad le convierte en inestable al contrario que Irma, quien en su confianza hacia el falso lord refuerza inconscientemente su amor por Nestor al constatarse que le amará siempre tenga la apariencia que tenga. Inusual giro éste en la carrera de Wilder. Sus personajes toman conciencia de sí mismos al dejar de serlo; por primera vez Irma se cuestiona el abandonar su profesión y por primera vez Nestor es consciente de que el amor de Irma va más allá de la relación profesional entre un chulo y su puta. De hecho, ahí radica el quid de todas las cuestiones. Para Nestor, Irma nunca fue una puta, lo que hace que ella se plantee el dejar de serlo. Para ella, Nestor nunca fue un idiota, lo que provoca que él adquiera la confianza que siempre le faltó.

En el tramo final, Wilder reinterpreta el amor fou, siempre habituado a los desenlaces trágicos, adaptándolo a su propia filosofía. Nestor se sacrificará por Irma y aceptará vaporizarse de su vida a cambio de la felicidad de ella. Cuestión que Irma, como pilar de la pareja, reconducirá cambiando de tema, como si no hubiese oído nada, para dejar que la rutina se encargue del resto. El happy end final revela al Wilder más humano, al aliviar a sus castigados personajes con un chispazo de ilusión que alumbre sus lúgubres vidas. Mi vieja teoría de que incluso en las vidas más grises hay lugar para los azules.

“Irma la Dulce” puede ser un Wilder menor, cierto, pero también supone la confirmación de que su descreimiento tiene fisuras. Y es que, si te descuidas se te puede ver el alma, y en esta ocasión a Billy se le debió olvidar la armadura en casa.

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