Decía Gore Vidal, en una vieja entrevista publicada en “El País”, algo así como que la influencia cultural de los Estados Unidos en el mundo había sido nefasta. El escritor, siempre crítico hacia la política crecientemente reaccionaria de su país, aseguraba que ningún imperio dominante de la historia había sido tan calamitoso como el americano. La verdad es que no estoy de acuerdo, y sus aportaciones a la música, la literatura, la pintura, la arquitectura y, sobre todo, el cine, son argumentos suficientes para asegurar lo contrario. En lo que sí tiene razón el díscolo escritor y provocador profesional, es en la degradación de la cultura media del populacho yankee. Poseen uno de los sistemas educativos más desequilibrados del mundo opulento (mucho para algunos, nada para otros), si bien sería injusto culpar al sistema de que la cultura trivial y el culto al tópico hayan terminado por triunfar en los States. Y un buen ejemplo sería una espantosa serie emitida por La Sexta titulada “The Unit”. Creo que fue el pasado jueves el aciago día en que pude disfrutarla por primera y , espero, última vez. El original argumento gira en torno a un grupo paramilitar de operaciones especiales que actúa en todo el orbe tengan o no jurisdicción para hacerlo, que eso de los tecnicismos a ellos se la sopla. Mucha pose de machito de manual, armas de última tecnología para poner cachondos a sus adrenalíticos seguidores y, oh sorpresa, topicazos a cascoporro.

Pues bien, las víctimas del diccionario Bush-Eje del Mal – Eje del Mal-Bush, suelen ser malvados países árabes o sudamericanos en los que los héroes de La Unidad actúan para salvaguardar al mundo libre. Y, por supuesto, España tenía que caer, que eso de salir escopetados de Irak les dolió tanto como escuchar el discurso de agradecimiento de José Mari Ansar al recibir la medalla de honor del congreso de los Estados Unidos.

¿Y cómo nos ve nuestro antiguo país amigo?. Pues como siempre, echen un vistazo…

Dios… Resumiendo, la acción se ubica en Valencia, aunque en realidad parece Quito, lugar en el que el yankee bueno y bueno es perseguido tras robar una motoreta de última generación a través de un paisaje de puestos callejeros de fruta, hasta que unos picoletos ataviados con sombreros XXXL, que debieron estar de moda durante el reinado de Alfonso XII, entren en escena para contribuir a su leyenda negra soltando hostias como panes al indefenso tío bueno X2.

Terrorífico, ¿verdad?, pues los guardia civiles con físico neanderthal no son lo peor de la función, seguro que no han reparado ésto…

¿89 céntimos el kilo de plátanos? Eso es ciencia-ficción y no Star Wars…

Y qué decir del proceso mental del director al decidir qué música ambientaría la escena. ¿Que estamos en España?, pues hala… los Gipsy King, total son franceses… Y ese final impagable cuando de repente… PLAS se acaba la canción y aparecemos en un sosegado barrio de clase media yankee. Oh, Dios, qué éxtasis subliminal…

El siguiente vídeo tampoco tiene desperdicio, no crean…

Dieciocho pánfilos guardias civiles alrededor de una hoja de busca y captura de criminales señalando al coche en clara actitud retarded, y claro, patada en la puerta y el tío se larga como si tal cosa. Hasta Jackie Chang se avergonzaría de tamaña chapuza de guión. Y al final, otro PLAS y ale, el jodido cesped blue grass del jodido barrio yankee otra vez.

Uno más…

Ahí le tienen, saliendo de un Parador de la Juventud (¿ein?) sin dar el cante pese los cuarenta tacos que este tío no volverá a cumplir. Esta vez no hay plano del barrio de las verdes praderas de las narices pero sí un enigma por resolver: el origen de dos de las banderas que adornan la fachada del ¿hostel – parador?…

¿De dónde coño son las dos banderas que no he pixelizado? ¿De Freedonia? Dios, da toda la impresión de que el director artístico (si es que lo había) se sacó dos morcillas de la manga tal que así.

Esto es lo que hay. Espero con ansiedad el capítulo dedicado a Francia, en el que maleducados franchutes con bigote y boina se enfrentarán al tío dos veces bueno armados con baguettes en el mirador de la torre Eiffel. Mientras, las madres gabachas amamantarán a sus bebés con biberones de vino… Merlot, por supuesto.

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