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Los tipos de la Inquisición (“Días de Cine”) se pusieron a rebuscar la madrugada del pasado jueves. Querían encontrar la película del año. Repasaron las pelis americanas por un lado y las europeas por otro. Las españolas tuvieron su propio apartado ya cerca de la mitad. Al final, llegaron a la conclusión de que “Zodiac” es su película del año (para mí no pasa de ser una buena película fallida).

Pero si olvidamos el despotismo de Antonio Gasset recomendando las pelis de sus amiguetes, hubo un momento en el que, repasando la lista europea, tocaron techo. Porque para mí, la mejor película del año ha sido “La Vida de los Otros”. Cinta alemana dirigida por Florian Henckel-Donnersmarck.

Es para ella y para su desaparecido protagonista (Ulrich Muhë) por lo que está dedicado este último posteo del año.

Que el 2008 sea un buen año para todos los que alguna vez han pasado por este lugar. Feliz año nuevo. Pásenlo bien y que sus noches sean mágicas.

Se habla constantemente de la caída en calidad de la producción dirigida por Ridley Scott. Es posible que “Gladiator” haya sido dignificada por el tiempo, si bien para el cinéfilo nunca significó gran cosa. “Hannibal” está bien. Sorprendentemente bien, teniendo en cuenta su manía por hacer que sus películas recorran caminos ya transitados. “El Reino de los Cielos” es vomitiva, como lo es “Black Hawk Down”, deudora de la parafernalia y el ruido que tanto atrae al hermano tonto del director inglés. Si dividiésemos su obra en tres partes, con dos podríamos construir una hermosa pajarita con evadirnos de la angustiosa realidad. Y así a ocurrido una vez más con su última película…

“American Gangster” resulta atropellada en ritmo, ruin en sus formas y obsoleta en su estructura. Cae en el viejo vicio de recurrir a la dualidad moral de los protagonistas para darle empaque a su conjunto. De tal modo, asistiremos a la embarullada ascensión de Frank Lucas en el olimpo de los gangsters americanos sin apenas saber de quién se trata. De hecho, poco sabremos de Lucas a lo largo de su metraje más allá de lo que la ajustada interpretación de Denzel Washington deje caer. Para darle réplica, Scott busca el reflejo de otra estrella, Russell Crowe, con lo que él considera cubiertas las necesidades de la película en ese aspecto. El resto es mera fachada. Mil imágenes bien dispuestas y mil veces vistas, que extienden el olor a rancio por todo el metraje. La falsedad, tan del gusto del director inglés, se extiende gradualmente hasta contaminar por completo una cinta que convertiría el “Zodiac” de Fincher en una obra capital.

En ningún momento Scott oculta la fascinación que le genera Lucas. A pesar de filmarle volando la cabeza de un par de tipos, el director le representa como un hombre de negocios honesto en su fondo que da color a su carrera en base a un producto superior al de la competencia. Su droga es más pura y sus precios más bajos. Un empresario americano. El policía no escapa del estereotipo. Es honrado, por supuesto, el tipo que devolvió un millón de dólares, pero al tiempo engaña a su mujer con cualquier falda que se pone a tiro. Un padre pésimo, con vida caótica, que se mueve a sus anchas en un universo de polis corruptos. Alguien que ha convertido su profesión en tabla de salvación. Material suficientemente grave para que el director despliegue su habitual batería de recursos: Mucho ritmo, mucho empaque y un carcasa tan hueca como cabría esperar. Nada cuenta, tras sus interminables 160 minutos de narración. Ocurren cosas pero es como si nada hubiera pasado. Muchas explosiones que dejan tufillo a pólvora sin restos de asombro en el espectador.

Sigo pensando en si el tipo que dirigió “Alien”, “Blade Runner” o “Los Duelistas” es el mismo que firma todas estas poses. Le sigo buscando. Aunque sospecho que ya no le voy a encontrar.

Bueno, este posteo es más viejo que la tos. Lo colgué un 23 de diciembre de 2005. Echando en vistazo a mi viejo blog me encontré con él y pensé que no desentonaba demasiado en las fechas que corren. Así que, ahí va…

Nooo. No pienso vomitar toda mi bilis sobre Santa y sus renos. No odio la navidad (el decir esto públicamente hoy día casi equivale a ser políticamente incorrecto), me deprime como a casi todo el mundo, eso es todo. Me pone tonto. Y supongo que para eso (y para derrochar la paga de tres meses) fueron creadas. Asocio las navidades a la melancolía. Al recuerdo de días mejores. Pero como esto va de cine, he aquí 12 (in)olvidables fotogramas navideños. Intentaré ser original y no colocar más de dos o tres de las (películas) referencias estacionales obligadas…

Bueno… Supongo que todos tenemos una película fetiche. Esta es la mía. Hasta cinco veces fui a verla (a un cine que ya no existe) en aquel verano del 93. La taquillera, al verme acercarme a la ventanilla, ya tenía preparada la entrada para sala dos. Era muy joven y estaba enamorado de Marisa Tomei (de hecho, aún lo estoy), además de sentirme identificado con el prota… En fin, vista objetivamente, la película con suerte llega a correcta. Pero yo soy incapaz de ver las cosas objetivamente.

LA ESCENA:

Es nochevieja. Adam (Christian Slater) espera sentado en el porche de la casa de Caroline (Marisa Tomei), a pesar de haber sido invitado. Caroline le ve por la ventana y sale a buscarle…

Caroline: “¡¡Estás aquí!! Pero por qué no has entrado a cenar… con unos completos extraños (sonríe)”

El estallido de un cohete les ilumina, es año nuevo. Se besan tímidamente y se acomodan en el banco de madera para observar los fuegos artificiales.

Habitualmente se la considera una película menor del maestro Minelli. Habitualmente la crítica más sesuda se equivoca.

LA ESCENA:

El padre de Eddie (Glen Ford), abandona la fiesta de año nuevo para ver cómo se encuentra su hijo. Al subir a su cuarto, le encuentra dormido junto a la ventana. Le recoge suavemente y le acuesta en el momento justo en el suena el “Auld Lang Syne”. Mientras, el cielo se llena de polvora.

Cuando una peli tan cruel es considerada cursi, la única explicación que se me ocurre es la miopía global de estos tiempos. Una obra maestra, no digo más…

LA ESCENA:

El inolvidable sonido de la caja registradora del bar de Potterville que reparte alas de ángel indiscriminadamente ante el etílico jolgorio general.

En una ocasión, escuché ésto sobre la película: “La dirección es plana, su guión predecible, su trama fútil… Sin embargo funciona. Es más, son los universitarios, gente con un nivel de preparación superior, la mayoría de público”. Evidentemente el tipo que lo dijo era un imbécil, aparte de un snob. Por no hablar de su desconocimiento absoluto de la naturaleza del universitario hispano. Pero tenía razón en algo… La película funciona.

LA ESCENA:

Tras pasar varios días juntos, Jack (Bill Pullman), el desconfiado hermano del durmiente Peter, acompaña a Lucy (Sandra Bullock) a su apartamento. El piso helado, convierte el trayecto en una sucesión de caídas y risas cómplices… Al despedirse, Lucy se vuelve para ver a Jack marcharse, éste a su vez, hace lo propio unos segundos después cuando Lucy ya no está… Acaban de darse cuenta de que se han enamorado.

Película de referencia para toda una generación. Posiblemente la mejor comedia de la década. Guión redondo de Nora Ephron y dirección a la altura de un maestro nunca suficientemente reconocido, Rob Reiner.

LA ESCENA:

A pocos segundos del fin de año… Harry (Billy Crystal) y Sally (Meg Ryan) caen en la cuenta de lo mucho que se necesitan y atraviesan la ciudad corriendo el uno en busca del otro.

El cualitativo canto del cisne de Pollack difícilmente será superado. Su admirable contención esconde la pasión más pura. Para algunos no llega a la altura de la novela de Karen Blixen. Siento disentir.

LA ESCENA:

Denys Finch Hutton (Redford) se encuentra acompañado por una joven durante la celebración de la nochevieja en las calles. Allí se encuentra con Karen (Streep) a quién saluda cálidamente. Se despiden tras intercambiar algunas frases, hablan de la guerra. Karen le observa con tristeza. Finch Hutton lo hace después. Dos barcos que se cruzan en la noche. Siento tan pobre exposición, es una escena muy triste dificil de describir.

Poco que decir sobre otra obra maestra de Chaplin. El vagabundo perdedor sigue su rumbo entre mineros, amores imposibles y botas comestibles.

LA ESCENA:

Es nochevieja. El vagabundo observa a través de una ventana la magnifica mesa que un numeroso grupo de personas ha preparado. Tras unos segundos, sigue su camino.

Lo más terrible que podía ocurrir en el año 47 era que alguien no creyese en Santa Claus… Y puede que Kris Kringle no lo sea, pero se le parece tanto…

Que triste destino esperaba a aquella preciosa niña (Natalie Wood).


LA ESCENA:

Susan (Natalie), intenta convencer a su madre (Maureen O’Hara), de que Kris Kringle (Edmun Gwenn) es Santa Claus.

Susan: “Ves… Ha hablado en holandés con esa niña”

Doris: “Hija. Yo sé hablar francés. ¿Soy acaso Juana de Arco?”

A día de hoy, sigo pensando que Robert Zemeckis no es consciente de la alambicada complejidad de su película. Se puede interpretar de tal cantidad de formas, que dudo seriamente de que la peli que vi yo, sea la misma que construyó él.


LA ESCENA:

En un cochambroso bar, el teniente Dan (Gary Sinise) y Forrest (Tom Hanks) celebran la nochevieja acompañados por dos fulanas. Al llegar la medianoche, el lisiado teniente eleva su copa y musita en voz muy baja (sin que nadie se percate de ello): “Feliz año nuevo…”, entre el estruendo, los besos y el alcohol.

…Y Phoebe Cates se convirtió en la fantasía de todos los que crecimos en la década de los ochenta. La peli… entrañable. Qué tiempos cuando Joe Dante aún tenía cosas que contar.


LA ESCENA:

Kate (Phoebe Cates), recuerda el motivo por el que odia la navidad: La estúpida muerte de su padre cuando éste intentaba bajar por la chimenea disfrazado de Santa.

En la segunda parte, también lo contó… en otro tono.

Los Griswold vuelven a la carga (por tercera vez) en esta peli, convertida en un nuevo clásico (televisivo) navideño. Yo me reconozco fan fatal de esta familia tronada. Tengo sus cuatro películas grabadas (incluso la cuarta, que es penosa) y cada navidad, mi hermana pequeña y yo, hemos convertido en tradición verla. Conocemos cada gag y cada línea de diálogo, aún así, siempre terminamos desparramados por el sillón con dolor de barriga provocado por las risas. Al fin y al cabo de eso se trata, de ser feliz.

LA ESCENA:

Por decir una…

Ellen (Beverly D’Angelo) recibe la inesperada visita de su desastroso primo (Randy Quaid)…

Ellen: Bienvenidos a nuestro hogar… ¿Cuándo os vais?

Estimable telefilm que supongo rechazó Antena 3 por superar la media de calidad máxima permitida por la cadena. Terminó pasándolo la 2 una madrugada de la pasada navidad. Empecé a verla con la intención de irme pronto a la cama y terminé acostándome a las cuatro. Me gustó…

Cuenta la historia de una desencantada ejecutiva literaria (Ally Walker) que recibe la visita de una especie de fantasma de las navidades pasadas, encarnado en ella misma siendo niña. Al tiempo, un extraño manuscrito cae en su mesa. Las continuas apariciones de su fantasma, ese libro y el tipo que lo escribió alterarán su frágil equilibrio.

LA ESCENA:

A la vuelta del trabajo, con las calles envueltas en el ruído de la navidad, Susan (Ally Walker), enciende el ordenador y se conecta a un chat. La camara retrocede para mostrarnos la terrible soledad de su estampa frente a una pantalla en una casa vacía.

Es todo. Feliz 2008 para todos los que se perdieron alguna vez por este lugar.

O no valen mucho…

En mi familia (como en cualquier otra familia) hay tradiciones que los años se están encargando de limar. Otras nacen, sin motivo, amparadas por las circunstancias o por el carácter de quién la impone. Es el caso de la última media hora de nochevieja.

Resulta que hace cuatro años me dio por darme una vuelta cuando faltaba poco menos de una hora para el año nuevo. Y estuvo bien. Recorrí calles y plazas vacías. Me senté en un parque habitualmente intransitable. Y me escabullí de un par de petardos lanzados con mala baba desde unas terrazas. Incluso me dio tiempo para hacer un par de llamadas vía móvil. Realmente estuvo bien el saberse el único de la ciudad que se movía en dirección contraria a la de los demás. Después, mi ex me llamó alterada al teléfono pidiéndome que volviera a la fiesta y así lo hice… cinco minutos antes de la dichosa hora.

Me gustó tanto la experiencia que la repetí el año siguiente y el que le siguió. Y con seguridad también lo haré mañana. Hace dos años me llevé la cámara pequeña e hice alguna elocuente foto como ésta…

… En otras ocasiones tendrán que fiarse de mi cuestionable palabra si les digo que las paradas de autobús se llenaban de escarcha y lucían zumos de naranja a medio terminar en sus asientos. Que las puertas del metro, siempre cubiertas por adolescentes desocupados, estaban vacías. Y las calles, yermas, parecían sacadas de algún pueblo fantasmagórico surgido de las páginas de alguna novela barata.

Es un espectáculo digno de verse desde la parte más alta de la ciudad: Cada terraza iluminada en contraste con las negras calles vacías. En cada punto de luz hay una fiesta. En cada casa, una celebración.

Como digo, este año volveré a practicar esta nueva costumbre. Es posible que me encuentre con alguien paseando al perro. Seguro que un tipo perdido (como ocurrió el año pasado) me preguntará por un taxi, diez minutos antes de medianoche, cuando las calles están, si cabe, aún más vacías. Y esta vez, supongo que será mi hermana quién reclame mi retorno a la fiesta… cinco minutos antes de la medianoche.

ME GUSTA

Su nariz larga y gruesa

Su voz levemente ronca

Su costumbre de hacer más de una película al año

Su manía porque éstas suelan ser irrelevantes…

… y ocasionalmente brillantes

El balanceo de sus pechos cuando anda

Sus curvas (no tan rotundas)

La arruga que se le forma en la frente cuando frunce el ceño

Sus lunares

El modo en el que se arquea el lado derecho de sus labios cuando sonrie

Su sonrisa

Su piel de nácar

Su Charlotte de “Lost in Translation”

Que sea amiga de Woody Allen y ruede con él cualquier cosa

Su aspecto intemporal

Que le gusten los Tenembaums, Robert Crumb y Tom Waits

Que use bikini en lugar de bañador

Su manera de correr, como si tuviera nueve años 

Que sea zurda

Que mida metro y sesenta y tres centímetros (que uno no es muy alto)

Y que además sepa interpretar

NO ME GUSTA

Decía el escritor Francisco González Ledesma, no hace mucho, que como abogado sentía como suyo el dolor de las víctimas. Para él, la justicia no existe como tal, puesto que las víctimas nunca son reparadas. Una muerte es irreparable como lo es una lesión permanente. Los asesinos, mataesposas, violadores, psicópatas, pederastas y demás, sufren penas de guasa que un sistema penal de pandereta considera ajustados. Decía Ledesma que no resulta extraño el ver a un asesino en libertad al cabo de dos o tres años de realizado su crimen. Añadía, el escritor, que la mayor parte de sus defendidos le provocaban vergüenza ajena. En especial los millonarios y las multinacionales. Es por ello que necesitaba escribir para mantener cierto grado de cordura. Así nació el comisario Méndez…

Generalmente tendemos a recrear una justicia propia. Pensamos que el asesino de ETA es más asesino que el tipo que prendió fuego a otro en una parada de autobús. Creemos que el asesino (o asesinos) de Ciudad Juárez, estaría mejor muerto pero nos da igual que el psicópata que mató a tres tipos salga de la cárcel al cabo de solo un lustro. Y preferimos dar crédito al que mata en detrimento del que viola. Es así, pensamos de modo desigual a la hora de valorar el crimen y el castigo.

En el cine, los justicieros nacieron con vocación de defender al débil frente a los abusos del fuerte, pero terminaron convirtiéndose en parte del problema. Básicamente, porque su sed de sangre parecía ser superior a la de justicia. Pero no siempre fue así, y no todos los que siguen fueron adecuadamente valorados, en cualquier caso, éste es mi personal top ten de justicieros…

JOSH RANDALL

O Chi Norri, para sus fans menos versados en la lengua de Wilde. No pertenece al grupo de los que disparan antes de preguntar, pero no es por falta de ganas. Prefiere largar una de sus míticas patadas voladoras y que el malo le dure lo suficiente antes de entregarle, por supuesto, que ahora está del lado de la ley. Hubo un tiempo en que sus películas (siempre grimosas) tenían ínfulas de grand auteur. A esa época pertenece su mítica “Marcado para Morir”, en la que además de una secuencia inolvidable frente a un neón escrito en chino, nos encontramos con un Norris justificado en su venganza tras la muerte de su novia y su mejor amigo. Pero esto ocurrió en los 80, y ya cae muy lejos…

JOHN COBRETTI

Y para grimoso qué mejor que el teniente John Cobretti, alias Cobra. Si te los puedo entregar muertos para qué coño los quieres vivos, sería su lema. Un maestro del mal del lado de la justicia que heredó los mohines de Sonny Crockett e impuso la ley de su UZI de mano con mirilla láser. Justicia callejera y chulería mal enfocada en un subproducto ínfimo que pertenece a la época más oscura de Sly.

DAVID SUMMER

¿Podría un cordero convertirse en lobo? La respuesta para Peckinpah es sencilla: sí. Coge a un escritor manso y somételo a todo tipo de vejaciones que incluyan la violación de su casquivana esposa, y veremos qué ocurre. El director quiso indagar en el origen de la violencia. Para él, todos somos capaces de convertirnos en asesinos si se tocan las teclas adecuadas. Así lo hizo con el personaje de Hoffman antes de convertirle en una fiera ansiosa de venganza. Una joya del cine, poco comprendida en su día, que el tiempo ha convertido en poco menos que una broma.

Juez DREDD

Stallone le interpretó en el cine, tratando de recuperar una carrera que se hundía, pero el que realmente me interesa es el cómic. Fascistoide, renegado, implacable… el juez Dredd lleva tres décadas reinando en el universo dibujado. No tiene ni moral, ni escrúpulos, ni conciencia política definida, lo que le permite juzgar y condenar a sus reos en cuestión de minutos. Cruza la calle indebidamente y el juez Dredd te pegará un tiro. Su código moral es así, guste o no. La ley está para cumplirse y el ciudadano para cumplirla. De sentido del humor, ni rastro…

AVNER

Hay mucho dolor en el “Munich” de Spielberg. Dolor por la paz que nunca existirá sin justicia, y por la justicia que nunca aflorará sin paz. Es la pescadilla que se muerde la cola. Justo igual que eterno conflicto árabe-israelí. Spielberg es conciliador, pretende el perdón para conseguir el milagro de la paz, pero el perdón es escurridizo. Hay demasiado rencor ahí afuera. Avner fue una de las cabezas de la operación de venganza que planificó el gobierno Israelí tras la matanza ocurrida en la Villa Olímpica de Munich. Fueron varios los comandos dedicados a exterminar a todos los que participaron en el asalto. Uno de ellos es el comandado por Avner. Sus dudas, la sensación de que la víctima se ha convertido en despiadado verdugo y las tribulaciones de su equipo, marcarán el ritmo de una odisea que le destruirá como hombre. Una obra capital discutida en su día pese a la gran frialdad conque están retratados los hechos.

DAREDEVIL

Stan Lee no fue muy sutil a la hora de inventar este abogado ciego. La justicia es ciega ¿no?, pues hagamos abogado al niño ciego que, una vez consciente de que la justicia casi siempre pierde su pulso con los malos, tomará el camino del hágalo usted mismo para resolver entuertos. Ve algo, no mucho, gracias al ecolocalizador, lo que en ocasiones le permite enfrentarse a los malosos cara a cara. Pero éstos son persistentes en su afán por hacer el mal. Como los constructores de la costa del sol, vamos. Un buen cómic (era de mis favoritos) y una pésima película para un superhéroe “limitado” en sus funciones.

LA NOVIA

Es jodido que el día de tu boda te apaleen hasta la muerte y encima se lleven a tu hija. La venganza se convirtió en su razón de ser desde antes de renacer y el modo de ejecutarla en un cuidadoso arte. Para La Novia no hay ayer, sólo mañana. El día en el que las vísceras de sus enemigos cuelguen de la puerta de su coñoneta. Feliz cacería.

STEVEN R. HARDIN

Ser juez y ver cómo los malvados pasan por tu tribunal de modo impune es más de lo que este idealista juez de la corte suprema puede aceptar. El mundo es un lugar inhóspito, pero eso va a cambiar desde ya. Cambiemos las togas por chupas de cuero con clavos y las mazas por pistolones a juego. Se acabaron los tecnicismos jurídicos. A partir de ahora, la justicia se impartirá en las mismas calles… Pese a sus trampas y su increíble argumento, la película es entretenida. Viéndola, se nota que los setenta fueron años duros en las calles de los States. Escribe y produce el antiguo mandamás de la Paramount. Por si quedaban dudas…

Inspector HARRY CALLAHAN

Olvidemos el evidente símbolo fálico del Magnum, porque “Harry el Sucio” es mucho más que un policíaco. Es una obra maestra del género que, además de provocar mil secuelas, renovó el lenguaje cinematográfico empleado para narrar historias tan duras. En su día se le consideró el paradigma del neofascista. El facha que utiliza las pistolas para hablar. Pero el tiempo jugó en su favor concediéndole la razón. Y aunque sea ya en la vejez, ya nadie se acuerda del tipo que paseaba por Carmel con las pistolas en cartucheras. Prefieren recordar al anciano que criticó la intervención americana en Irak. Verla supone un duro trago de nostalgia para los que crecimos en los ochenta. Para otros, sin embargo, supone un ejercicio de amnesia…

PAUL KERSEY

Bueno, otro que tal baila con el pistolón… Un aciago día Charles Bronson, muy conocido por sus interpretaciones en clásicos como “Los Siete Magnificos”, aceptó el papel de Kersey en “Death Wish” de Michael Winner. La competente factura de la película perpetrada por el mediocre director sorprendió a todos. Su mensaje más aún. “El Justiciero de la Ciudad”, su título en España, cuenta la historia de cómo un ciudadano normal se convierte en una alimaña para vengar la muerte de su esposa e hija. Se ha dicho de todo sobre la saga y en lo que terminó convertido Bronson después de aquello. Y todo se queda corto. Kersey siempre elimina al malo y salva al bueno. Kersey nunca comete atropellos contra quien no los merece. Kersey es el hombre… y demás gilipolleces. Lo cierto es que hizo realidad las fantasías del mindundi medio a la hora de tomarse la justicia por su mano y aquello le convirtió en leyenda. La primera entrega se puede ver sin demasiada dificultad, las siguientes apestan. Y no se trata del mensaje sino de la manera de contarlo. Algo así como: El terror está en las calles, combatamoslo. Pues eso… a combatirlo.

Bueno, el tiempo va a convertir en clásico mi pequeño posteo navideño (ya no tan pequeño). En esta ocasión he contado con Mycroft y Emilio para secundarme. Y, por supuesto con Mary Kate, que ha puesto el trabajo gráfico.

He tratado que sea de lo más cómodo leer los textos, aunque sugiero imprimirlos si tienen esa posibilidad. Los cuentos pueden leerle clickeando en sus respectivos banners. El de Mycroft es oscuro, muy duro. Rebosa de influencias que no esconde. Para paladares que odien la navidad y su manto hipócrita. El de Emilio habla de aceptación y esperanza en un marco que carece de ella, al menos para nuestro marcial protagonista. El mío, y último, trata sobre el tener o no tener. También claramente influenciado, espero que sepan perdonar sus deficiencias propias de las circunstancias. Es el único optimista en su fondo, y es que las Navidades deprimen como pocos días los hacen.

EL COLOR SURGIDO DE LA NAVIDAD

NADA QUE NO SUCEDA TODOS LOS DÍAS

LA ÚLTIMA NAVIDAD

El vídeo es un clásico. El villancico, se podría decir. Bowie y Bing Crosby juntos y revueltos cantándole a los días de cristales de hielo. Si disponen de cinco minutos, echenle un vistazo. Merecerá la pena recordar cómo el viejo actor se come a Bowie con su vozarrón.

Es todo. Sean felices en las noches que siguen. Yo estoy algo pachucho pero en continua recuperación. Será difícil que salga, pero pienso ser feliz viendo “Qué bello es vivir” y “Socorro, ya es Navidad” por milésima vez. Y aguanten a sus familiares como puedan; para muchos no será fácil.

Feliz Navidad…

Hace tres años y algún mes que la vi. Después volví a verla y ya no se separa de mí. Se titula “Eternal Sunshine of Spotless Mind”, pero en España decidieron llamarla de otro modo. De un modo horrible. Podría darle mil explicaciones que no servirían para explicar por qué decidí quedarme bajo la lluvia, en lugar de volver a casa, la noche en que la vi. Podría decir de ella que es una muestra excepcional de cine independiente. Mentira, por supuesto, porque el cine independiente subvencionado por una mayor no existe como tal. Es brumosa y luminosa como pocas lo fueron antes. Explica los vaivenes de una pareja como ninguna otra lo hizo antes. El amor autentico según Andy Kaufman: los que están predestinados terminarán juntos. Aunque sea una quimera que no se da en la realidad, a todos nos justa soñar, y el cine es el vehículo ideal para ello.

Han pasado tres años y unos meses en los que le he dedicado más posteos que a ninguna otra. Alguno de ellos delirante, otros borrados. Éste es el quinto o el sexto. Perdí la cuenta hace tiempo. Como he perdido la entrada original del 12 de octubre en que la vi. ¡¡Dios!! Pero si las guardo todas…

Perdida está, me temo, pero guardo su recuerdo, el de aquella noche. El frío prematuro, la chupa de cuero, la lluvia y la chica rubia que se me cruzó, extrañada, por tercera vez. El campo falso de fútbol sigue allí. La plataforma del Ciné Cité, también. Doblada y subtitulada. En formato panorámico o comprimida. Da igual, siempre es la misma película. Un pedazo de mi memoria convertido en celuloide.

Ésto va por cortesía de David…

Kara Mynor era apenas una cría cuando se fue de su Ohio natal rumbo a California. Su sueño era convertirse en actriz porno y a fe que lo consiguió. Su cuerpo menudo, su aspecto de niña y sus pechos pequeños como mandarinas jugaban a su favor. Hace tiempo que la industria buscaba adolescentes que además lo pareciesen.

Una vez logrado el objetivo, llegó el momento de medrar en busca del estrellato. Para ello, sólo es necesaria la “actitud” y a ella le sobraba. Sonreía cuando le tocaba tragar y seguía haciéndolo cuando los tipos del equipo técnico le metían mano. Era una estrella en potencia. A nadie le importaba que hubiese dejado un hijo recién nacido en brazos de su abuela materna. Tampoco importaban las horas gastadas en la barra de club de striptease. Ella valía mucho más y lo iba a demostrar. Y así fue, hasta que Skooby (su representante) se hartó de sus extravagancias e idas de olla. Se acabó la coca, aunque para hacerlo efectivo fuera necesario atarla. Así lo hizo. La metió en una jaula y allí la dejó durante tres días hasta que estuvo a punto de deshidratarse. Pasado ese tiempo, Kara consiguió escapar y pedir ayuda. Esa es su versión. La de Skooby y sus “chicas” es otra completamente distinta.

Su fama de chica díscola creció desde entonces. Hizo un amago de volver a Ohio, pero se quedó en la ciudad. “La gente necesita amigos”, decía, y ella no los tenía por allí. Por eso se entregó a las drogas. Primero fue coca, pero la abandonó cuando su precio se convirtió en prohibitivo. Después llegaron los tranquilizantes. Con receta no resultaban demasiado caros y ella sabía como conseguir papeles con firmas de médicos.

Un día se cortó las venas. Pero no fue nada, una llamada de atención, dijeron los médicos. De hecho, a ella le encantaba enseñar sus cicatrices. Otro día la encontraron en la calle, desnuda, gritando el nombre de su hijo. Parecía flipada. Después descubrieron todo un cargamento de Xanax en su estómago. Joel Lawrence (actor porno y representado de su novio ocasional) estaba con ella, trataba de calmar la batalla legal perdida en la que su ex se quedaba con el niño alegando que su madre era una estrella del porno que le tenía desatendido. Ella lloraba y gritaba el nombre de su hijo una y otra vez. Así hasta que llegaron los paramédicos. Ellos la sujetaron y entubaron. Ella gritó, una vez más: “Éste es mi cuerpo y hago lo que quiero con él”. “No en California” -dijo uno de los paramédicos- “Tenemos leyes que impiden que la gente se mate”. La llevaron a un hospital. Desde allí se marchó a Ohio.

Meses más tarde volvió. Parecía otra con sus 19 años a cuestas. La piel ennegrecida, la uñas raídas, el rostro cambiado. Le costó trabajo encontrar un productor que confiara en ella. Pero ella tenía “actitud”. Ahora, tenía pechos nuevos, como balones de fútbol, y nuevos bríos. Se ha cambió el nombre por el de Kara Bare y más tarde por el de Shawna Lenee, y aseguraba que recuperaría a su hijo en cuanto tubiese el dinero suficiente para costearse un buen abogado. A veces parecía una yonki, a veces no, aunque decía que estaba limpia. Aparentaba más años de los 20 que acaba de cumplir.

El Valle de San Fernándo está cubierto de historias como la suya. Carne joven que llega fresca al mercado. Hace tiempo que la industria se convirtió en un mercado. Sophia Lynn podría hablar sobre el tema, pero calla…

Sophia desapareció un día. Iba para estrella, para chica Vivid, pero se quedó en el camino cuando decidió no presentarse en una convención. Dijo que había tenido un accidente de coche, pero nadie la creyó. Apareció meses más tarde en Florida, su estado natal. Decía que no quería saber nada de la industria azul, pero trabajaba como stripper, justo un escalón por debajo del mundillo. Hace poco tiempo volvió. Quiso regresar con su antiguo agente, pero éste no quiso acogerla. Encontró acomodo en un nuevo regazo y prosiguió su carrera en el lugar en el que lo había dejado. Sigue poniendo cara de asco cuando el actor se corre en su cara.

Y es que si tienes escrúpulos mejor dedícate al polo. Es al menos lo que debió pensar Sunny Lane cuando sus padres presumieron de hija pornstar en televisión. Ella disfruta de lo que hace y no le va mal. Pero la polémica de ver a sus progenitores en pantalla le perseguirá siempre.

Algo parecido de lo que le ocurrió a Katie June. Increíblemente guapa (demasiado para el porno, como se suele decir), Katie permitió que su madre fuera captada por una cámara durante su “prueba de admisión”. Egoísta y obsesionada con el dinero, pudimos ver a la madre aleccionando a la hija sobre cómo lograr una mayor verosimilitud en una escena. Katie desapareció pronto del mundillo azul. Es de esperar que su madre lo hiciera de su vida.

He conseguido uno de los fotogramas que ilustran el documental que protagonizó involuntariamente: “Dame tu alma”. Aquí lo dejo…

El dinero no era el problema de Kimberly Cummings. Dicen que su familia estaba forrada. Que tenía negocios petrolíferos y ella era la oveja negra de la familia. Nunca se comprobó. Lo que sí se pudo certificar es que Ariana Jollee sí que lo estaba. Su padre, Gil David, era un conocido locutor de radio de la WHLI de Long Island. Ariana (nacida Laura Jennifer David en 1982) pronto comenzó a despuntar en el mundillo azul gracias a su racial físico. Le gustaba el sexo duro, y es por ello que nunca le faltaron oportunidades para demostrar su talento. Probó cada uno de los palos que se le pusieron a tiro: orgías lésbicas, hombres gays, interracial… Hizo un gangbang (orgía con un único integrante de su sexo en liza) con 15 transexuales brasileños. Después le siguió una orgía masiva con más de 50 gañanes checos. No tenía límites. Su ansia crecía al ritmo que bajaba su autoestima. Se dice que en cada una de sus performaces veía a su padre. Y está la coca, de la que es adicta.

Se ha casado en un par de ocasiones. En una de ellas con Joey Ray, con quien le une una relación autodestructiva que amenaza con llevarse a los dos demasiado pronto. La otra con un tipo coreano. Un tipo grotesco apodado Chico Wang…

Inkyo Volt Hwang, alias Wanker Wang, alias Chico Wang, no tenía un talento definido. Le gustaban las chicas, pero su aspecto físico no era el mejor para atraerlas. Así que, trató de potenciar sus aspectos positivos. Entre ellos, su labia. Era capaz de hacer reír a una chica. De hecho, era capaz de hacer reír a cualquiera. Tenía la facultad de hablar y ser escuchado, si bien siempre se esperaba de él que dijera algo divertido.

Haley Page nació en México, hija de padre galés y madre mexicana. Su autentico nombre era Maryam Irene Haley. Llegó a los States a los 12 años, después de una complicada infancia en su país de nacimiento. Al parecer, su tío abusó de ella. Aunque fueron las bandas las que más daño la hicieron. Según ella misma contó, la violaron en grupo en más de una ocasión. Llegada a su nuevo país, comenzó una vida marcada por la desestructuración familiar. Su padre inició una nueva vida lejos de su madre y ella misma comenzó una hilera de desplazamientos que la llevaría hasta Hawaii. Finalmente instalada en el continente, comenzó a despuntar como modelo de desnudo mientras trabaja como cajera en un Blockbuster. El dinero no le llegaba para pagar el alquiler y vivir al tiempo. Su cuerpo voluptuoso anulaba el desencanto que le producía el sexo. Desencanto que creció tras casarse con el director Martin del Toro y comprobar que él sólo la quería para conseguir la residencia. Fue estrella prácticamente desde sus inicios en el negocio. También fue yonki desde entonces. Conocida era su afición por fumar heroína.

Inkyo, convertido ya en Chico Wang, comenzó a medrar rápidamente. Sus fantasías sexuales encontraron fácil acomodo en las del onanista anónimo. Se dio a conocer como un brutal hacedor de porno. Sus películas eran extremas, tanto que heredó la salvaje serie prohibida de Khan Tusion en una conocida página porno de Internet. Todo lo cubría con aparente amabilidad: hablaba con las chicas, las tranquilizaba, para después abusar de ellas mediante sus actores. Presumía, además, de haberse acostado con la mayoría de ellas sin cámaras ni dinero de por medio.

Sus vidas confluyeron. Haley, la estrella porno, conoció a Chico Wang en el rodaje de “Spring Chickens 3”. Él no era muy alto, era gordo y poco agraciado, pero tenía el encanto de su simpatía. Por entonces, Chico mantenía una relación con Ariana Jollee, así que dejó pasar el tiempo. No sentía gran atracción por él, pero se sentía cerca de su fuerte personalidad. Sus planes de convertirse en sexóloga cada día estaban más lejos, se sentía atrapada por la industria. Haley tenía que estar en tal convención, de no hacerlo sus fans se sentirían defraudados, de modo que iba y dejaba sus planes aparcados para mejor ocasión. Así transcurrió su vida hasta que se reencontró con Wang. Ella venía trastabillada de su relación con Del Toro y él buscaba una nueva tía buena a la que tirarse. El problema surgió cuándo él se obsesionó con ella.

Primero trató de convencerla de que limitase sus apariciones en el porno. Después quiso saber en qué lugar se encontraba a cada instante del día. Finalmente la secuestró. El 28 de junio de este año, la llevó a un apartamento en el que grabó como la violaba. Después la golpeó con la culata de una pistola y la dejó sola en la habitación, momento que ella aprovechó para escapar y denunciarle. Fue encarcelado y comenzaron a aparecer cargos del pasado. En 1997, Inkyo fue acusado de secuestrar a Helen Na, su novia en la facultad. Según se supo, pasó dos años de su vida en la cárcel acusado de intento de rapto, violación y asalto con arma mortal. Su pena fue rebajada gracias a que el abogado convenció al jurado de que en su cultura tal actitud era “frecuente”.

Difícil de explicar resultaría la razón que llevó a Maryam a retirar los cargos dos días después de la denuncia. Más difícil sería comprender por qué se casaron un 2 de agosto, diecinueve días antes de su muerte.

El 21 de agosto su cuerpo era encontrado sin vida en un apartamento de King City. Según el coroner (algo así como un funcionario que investiga las muertes poco claras) no había ni rastro de violencia en el escenario del crimen. Tampoco de Wang. No se supo nada de él durante semanas. En un principio se le acusó de la muerte de Maryam, alegando su extraña desaparición como prueba máxima. Se dijo que había abandonado el país rumbo a extremo oriente tras consumar el asesinato presa de los celos. Sin embargo, el 29 de septiembre era encontrado su cadáver en un cochambroso hotel de Morgan Hill. Según el coroner que examinó su muerte, ésta se debió a una sobredosis. El análisis toxicológico de Haley no aclaró las cosas. Extraoficialmente murió de sobredosis de heroína, si bien, uno de los policías señaló a Wang como directamente implicado en la muerte de su esposa. A día de hoy siguen sin conocerse con exactitud las razones de la muerte de Haley y si en ésta intervino otra persona. Lo cierto es que los dos están muertos. Y que el padre de Maryam, terriblemente afligido por la vida y muerte de su hija, hizo publica ésta última y morbosa imagen.

Luke Ford: ¿Como crees que te describiría la gente que te conoce bien?

Chico Wang: Como un psicópata borracho sin límites. No dejo que demasiada gente entre en mi círculo. Cuándo estás dentro, estás dentro. Y cuándo estás fuera, estás fuera para siempre.

Pregunta: ¿Cuál es tu herencia genética? Pareces asiática, pero he escuchado que eres mitad mexicana mitad galesa.

Haley: Soy mitad mexicana mitad galesa. Nunca me habían dicho que parezco asiática. ¡¡Es nuevo para mí!!

Question: ¿Tienes novio o marido?

Haley: No, soy soltera, y me encanta serlo…

Question: ¿Has probado las drogas duras?

Haley: Lo hice cuándo era adolescente. Después crecí deprisa y no volví a hacerlo en seis años. No me gustan las drogas…

Tim Burton debió morir de gusto cuándo pudo trabajar con Vincent Price. Era su idolo de la infancia y trabajar con él debió ser una fantasía convertida en realidad. Además, pudo hacer carne muchos de sus sueños infantiles. Entre ellos la historia del chico con tijeras en las manos. Su escena final es memorable. Y como lo es, bien está recordarla ahora que la Navidad (uno de los iconos burtonianos) es menos navideña que nunca.

Abuela: No volvió a verle nunca. No después de aquella noche

Nieta: ¿Y cómo lo sabes?

Abuela: Porque yo estuve allí

Nieta: Podías haber subido arriba. Todavía puedes ir 

Abuela: No, cielo. Ahora soy una anciana. Prefiero que me recuerde tal como era.

Nieta: ¿Cómo sabes que está vivo?

Abuela: No lo sé. No estoy segura. Creo que está vivo. Verás, antes de que él llegara no nevaba nunca. Y después, sí. Si no estuviese allí arriba ahora no creo que nevase. A veces todavía puedes verme bailando bajo la nieve