Se podría decir que “La Brújula Dorada” es una película menor ideada para niños. Se podría enmarcar en el complejo universo de la infancia, y así dejarla fuera de toda duda nacida a su alrededor. Se podría hacer… y sería un error. Porque “La Brújula Dorada” nace con vocación adulta y muere al tratar de darle un fuste mayor que otorgue sentido a las presumibles continuaciones que le seguirán. Lo que en otros palabros significaría que es mala a rabiar… o mejor, a bostezar.

La película nace de la imaginación del director neoyorkino, Chris Weitz. El también guionista y productor, imaginó la oportunista novela de Philip Pullman en celuloide y se dispuso a darle forma con la aquiescencia de un reparto de lujo que bien haría en rodar de tirón la saga a riesgo de ser demasiado viejos para embutirse en papeles que ya les vienen ajustados. Así, los malos son malísimos que suelen hacer de malos, y los buenos buenosos que suelen interpretar papeles de tal tono. Los gypsios son buenos, por supuesto, y aquellos a apestan a autoridad son malos. Hay osos con aspecto humano, pequeños compañeros de viajes digitales y más malos malosos, como Derek Jacobi o Christopher Lee, que se empeñan en dejar a Nicole Kidman la posibilidad de ser lo que ella desee ser. Esa es toda la cuerda que desprende tan terrible cinta.

La historia de Lyra, la niña protagonista, es secundaria en realidad, sometida a las mil formas de entender el cine que tienen sus perpetradores. De su peripecia nada queda porque nada hay. Son los efectos especiales el principal argumento de un “cuerpo artístico” enfrascado en cuadrar las técnicas visuales de “Sky Captain y el Mundo del Mañana” dentro de la escuela de Hogwarts, sin olvidar la estética gótica de “Una Serie de Catastróficas Desdichas”. Sin bien, en las tres anteriores el nivel mantuvo una honestidad que a la presente no se le asume porque carece de ella.

Un bodrio prescindible que engañará a unos cuantos bobos. A los demás, manténgase lo más alejados posible del maléfico influjo de la brújula dorada a riesgo de que terminen maldiciéndola. Cosa que yo hice, a mi pesar, el pasado jueves cuándo me desencajaba el parche que me ayudó a verla. Dónde está una buena ceguera cuándo se la necesita…

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