Tim Burton debió morir de gusto cuándo pudo trabajar con Vincent Price. Era su idolo de la infancia y trabajar con él debió ser una fantasía convertida en realidad. Además, pudo hacer carne muchos de sus sueños infantiles. Entre ellos la historia del chico con tijeras en las manos. Su escena final es memorable. Y como lo es, bien está recordarla ahora que la Navidad (uno de los iconos burtonianos) es menos navideña que nunca.

Abuela: No volvió a verle nunca. No después de aquella noche

Nieta: ¿Y cómo lo sabes?

Abuela: Porque yo estuve allí

Nieta: Podías haber subido arriba. Todavía puedes ir 

Abuela: No, cielo. Ahora soy una anciana. Prefiero que me recuerde tal como era.

Nieta: ¿Cómo sabes que está vivo?

Abuela: No lo sé. No estoy segura. Creo que está vivo. Verás, antes de que él llegara no nevaba nunca. Y después, sí. Si no estuviese allí arriba ahora no creo que nevase. A veces todavía puedes verme bailando bajo la nieve

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