Decía el escritor Francisco González Ledesma, no hace mucho, que como abogado sentía como suyo el dolor de las víctimas. Para él, la justicia no existe como tal, puesto que las víctimas nunca son reparadas. Una muerte es irreparable como lo es una lesión permanente. Los asesinos, mataesposas, violadores, psicópatas, pederastas y demás, sufren penas de guasa que un sistema penal de pandereta considera ajustados. Decía Ledesma que no resulta extraño el ver a un asesino en libertad al cabo de dos o tres años de realizado su crimen. Añadía, el escritor, que la mayor parte de sus defendidos le provocaban vergüenza ajena. En especial los millonarios y las multinacionales. Es por ello que necesitaba escribir para mantener cierto grado de cordura. Así nació el comisario Méndez…

Generalmente tendemos a recrear una justicia propia. Pensamos que el asesino de ETA es más asesino que el tipo que prendió fuego a otro en una parada de autobús. Creemos que el asesino (o asesinos) de Ciudad Juárez, estaría mejor muerto pero nos da igual que el psicópata que mató a tres tipos salga de la cárcel al cabo de solo un lustro. Y preferimos dar crédito al que mata en detrimento del que viola. Es así, pensamos de modo desigual a la hora de valorar el crimen y el castigo.

En el cine, los justicieros nacieron con vocación de defender al débil frente a los abusos del fuerte, pero terminaron convirtiéndose en parte del problema. Básicamente, porque su sed de sangre parecía ser superior a la de justicia. Pero no siempre fue así, y no todos los que siguen fueron adecuadamente valorados, en cualquier caso, éste es mi personal top ten de justicieros…

JOSH RANDALL

O Chi Norri, para sus fans menos versados en la lengua de Wilde. No pertenece al grupo de los que disparan antes de preguntar, pero no es por falta de ganas. Prefiere largar una de sus míticas patadas voladoras y que el malo le dure lo suficiente antes de entregarle, por supuesto, que ahora está del lado de la ley. Hubo un tiempo en que sus películas (siempre grimosas) tenían ínfulas de grand auteur. A esa época pertenece su mítica “Marcado para Morir”, en la que además de una secuencia inolvidable frente a un neón escrito en chino, nos encontramos con un Norris justificado en su venganza tras la muerte de su novia y su mejor amigo. Pero esto ocurrió en los 80, y ya cae muy lejos…

JOHN COBRETTI

Y para grimoso qué mejor que el teniente John Cobretti, alias Cobra. Si te los puedo entregar muertos para qué coño los quieres vivos, sería su lema. Un maestro del mal del lado de la justicia que heredó los mohines de Sonny Crockett e impuso la ley de su UZI de mano con mirilla láser. Justicia callejera y chulería mal enfocada en un subproducto ínfimo que pertenece a la época más oscura de Sly.

DAVID SUMMER

¿Podría un cordero convertirse en lobo? La respuesta para Peckinpah es sencilla: sí. Coge a un escritor manso y somételo a todo tipo de vejaciones que incluyan la violación de su casquivana esposa, y veremos qué ocurre. El director quiso indagar en el origen de la violencia. Para él, todos somos capaces de convertirnos en asesinos si se tocan las teclas adecuadas. Así lo hizo con el personaje de Hoffman antes de convertirle en una fiera ansiosa de venganza. Una joya del cine, poco comprendida en su día, que el tiempo ha convertido en poco menos que una broma.

Juez DREDD

Stallone le interpretó en el cine, tratando de recuperar una carrera que se hundía, pero el que realmente me interesa es el cómic. Fascistoide, renegado, implacable… el juez Dredd lleva tres décadas reinando en el universo dibujado. No tiene ni moral, ni escrúpulos, ni conciencia política definida, lo que le permite juzgar y condenar a sus reos en cuestión de minutos. Cruza la calle indebidamente y el juez Dredd te pegará un tiro. Su código moral es así, guste o no. La ley está para cumplirse y el ciudadano para cumplirla. De sentido del humor, ni rastro…

AVNER

Hay mucho dolor en el “Munich” de Spielberg. Dolor por la paz que nunca existirá sin justicia, y por la justicia que nunca aflorará sin paz. Es la pescadilla que se muerde la cola. Justo igual que eterno conflicto árabe-israelí. Spielberg es conciliador, pretende el perdón para conseguir el milagro de la paz, pero el perdón es escurridizo. Hay demasiado rencor ahí afuera. Avner fue una de las cabezas de la operación de venganza que planificó el gobierno Israelí tras la matanza ocurrida en la Villa Olímpica de Munich. Fueron varios los comandos dedicados a exterminar a todos los que participaron en el asalto. Uno de ellos es el comandado por Avner. Sus dudas, la sensación de que la víctima se ha convertido en despiadado verdugo y las tribulaciones de su equipo, marcarán el ritmo de una odisea que le destruirá como hombre. Una obra capital discutida en su día pese a la gran frialdad conque están retratados los hechos.

DAREDEVIL

Stan Lee no fue muy sutil a la hora de inventar este abogado ciego. La justicia es ciega ¿no?, pues hagamos abogado al niño ciego que, una vez consciente de que la justicia casi siempre pierde su pulso con los malos, tomará el camino del hágalo usted mismo para resolver entuertos. Ve algo, no mucho, gracias al ecolocalizador, lo que en ocasiones le permite enfrentarse a los malosos cara a cara. Pero éstos son persistentes en su afán por hacer el mal. Como los constructores de la costa del sol, vamos. Un buen cómic (era de mis favoritos) y una pésima película para un superhéroe “limitado” en sus funciones.

LA NOVIA

Es jodido que el día de tu boda te apaleen hasta la muerte y encima se lleven a tu hija. La venganza se convirtió en su razón de ser desde antes de renacer y el modo de ejecutarla en un cuidadoso arte. Para La Novia no hay ayer, sólo mañana. El día en el que las vísceras de sus enemigos cuelguen de la puerta de su coñoneta. Feliz cacería.

STEVEN R. HARDIN

Ser juez y ver cómo los malvados pasan por tu tribunal de modo impune es más de lo que este idealista juez de la corte suprema puede aceptar. El mundo es un lugar inhóspito, pero eso va a cambiar desde ya. Cambiemos las togas por chupas de cuero con clavos y las mazas por pistolones a juego. Se acabaron los tecnicismos jurídicos. A partir de ahora, la justicia se impartirá en las mismas calles… Pese a sus trampas y su increíble argumento, la película es entretenida. Viéndola, se nota que los setenta fueron años duros en las calles de los States. Escribe y produce el antiguo mandamás de la Paramount. Por si quedaban dudas…

Inspector HARRY CALLAHAN

Olvidemos el evidente símbolo fálico del Magnum, porque “Harry el Sucio” es mucho más que un policíaco. Es una obra maestra del género que, además de provocar mil secuelas, renovó el lenguaje cinematográfico empleado para narrar historias tan duras. En su día se le consideró el paradigma del neofascista. El facha que utiliza las pistolas para hablar. Pero el tiempo jugó en su favor concediéndole la razón. Y aunque sea ya en la vejez, ya nadie se acuerda del tipo que paseaba por Carmel con las pistolas en cartucheras. Prefieren recordar al anciano que criticó la intervención americana en Irak. Verla supone un duro trago de nostalgia para los que crecimos en los ochenta. Para otros, sin embargo, supone un ejercicio de amnesia…

PAUL KERSEY

Bueno, otro que tal baila con el pistolón… Un aciago día Charles Bronson, muy conocido por sus interpretaciones en clásicos como “Los Siete Magnificos”, aceptó el papel de Kersey en “Death Wish” de Michael Winner. La competente factura de la película perpetrada por el mediocre director sorprendió a todos. Su mensaje más aún. “El Justiciero de la Ciudad”, su título en España, cuenta la historia de cómo un ciudadano normal se convierte en una alimaña para vengar la muerte de su esposa e hija. Se ha dicho de todo sobre la saga y en lo que terminó convertido Bronson después de aquello. Y todo se queda corto. Kersey siempre elimina al malo y salva al bueno. Kersey nunca comete atropellos contra quien no los merece. Kersey es el hombre… y demás gilipolleces. Lo cierto es que hizo realidad las fantasías del mindundi medio a la hora de tomarse la justicia por su mano y aquello le convirtió en leyenda. La primera entrega se puede ver sin demasiada dificultad, las siguientes apestan. Y no se trata del mensaje sino de la manera de contarlo. Algo así como: El terror está en las calles, combatamoslo. Pues eso… a combatirlo.

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