O no valen mucho…

En mi familia (como en cualquier otra familia) hay tradiciones que los años se están encargando de limar. Otras nacen, sin motivo, amparadas por las circunstancias o por el carácter de quién la impone. Es el caso de la última media hora de nochevieja.

Resulta que hace cuatro años me dio por darme una vuelta cuando faltaba poco menos de una hora para el año nuevo. Y estuvo bien. Recorrí calles y plazas vacías. Me senté en un parque habitualmente intransitable. Y me escabullí de un par de petardos lanzados con mala baba desde unas terrazas. Incluso me dio tiempo para hacer un par de llamadas vía móvil. Realmente estuvo bien el saberse el único de la ciudad que se movía en dirección contraria a la de los demás. Después, mi ex me llamó alterada al teléfono pidiéndome que volviera a la fiesta y así lo hice… cinco minutos antes de la dichosa hora.

Me gustó tanto la experiencia que la repetí el año siguiente y el que le siguió. Y con seguridad también lo haré mañana. Hace dos años me llevé la cámara pequeña e hice alguna elocuente foto como ésta…

… En otras ocasiones tendrán que fiarse de mi cuestionable palabra si les digo que las paradas de autobús se llenaban de escarcha y lucían zumos de naranja a medio terminar en sus asientos. Que las puertas del metro, siempre cubiertas por adolescentes desocupados, estaban vacías. Y las calles, yermas, parecían sacadas de algún pueblo fantasmagórico surgido de las páginas de alguna novela barata.

Es un espectáculo digno de verse desde la parte más alta de la ciudad: Cada terraza iluminada en contraste con las negras calles vacías. En cada punto de luz hay una fiesta. En cada casa, una celebración.

Como digo, este año volveré a practicar esta nueva costumbre. Es posible que me encuentre con alguien paseando al perro. Seguro que un tipo perdido (como ocurrió el año pasado) me preguntará por un taxi, diez minutos antes de medianoche, cuando las calles están, si cabe, aún más vacías. Y esta vez, supongo que será mi hermana quién reclame mi retorno a la fiesta… cinco minutos antes de la medianoche.

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