Conozco a alguien que estuvo en la ciudad alemana de Colonia hace tiempo. Decía que la devoción de los creyentes a la hora de mostrar sus respetos frente a la tumba de los Reyes Magos era emocionante. ¿Quién soy yo para decirles que en realidad no están ahí?, decía. La fe mueve montañas, dicen, y si Mahoma no va hacia ellas, ellas vendrán a él. Son quimeras que ayudan a pasar los días. Ilusiones vanas que deben olvidarse. No hay Reyes Magos enterrados en Colonia. Al menos no los bíblicos.

Para O. Henry, la Navidad era época de promisión espiritual. Prometemos cosas. Hacemos propósitos que luego nunca se cumplirán. Ese borrón y cuenta nueva (tan español) que nos permite prometer ser mejores de lo que realmente somos. Tal vez por ello hacemos regalos. Pretendemos demostrar lo que no es. Siempre buscando una contrapartida, por supuesto.

Pues bien, no siempre tiene por qué ser así. Uno de los cuentos de O. Henry habla de un pintor de poco éxito que se sacrifica a costa de una joven enferma buscando su recuperación plena. Para ello, dará su vida dibujando una hoja en una pared que le permita mantener la fe un día más. En cierto modo, y por razones personales, es algo ligado a este blog.

Esta es mi cosecha de regalos anual. Esta vez no había mucho dinero, así que he tenido que ingeniármelas con poco más de 350 euros para un montón de gente.

Falta una miniconsola para mi hermana que aún no he envuelto, por lo demás, está todo: una ampliación de una vieja foto que seguro a mi madre le gustará, un par de ediciones especiales de pelis antiguas que J. agradecerá. Hay libros, cds y un juguete para mi sobrino. Más o menos lo de siempre…

Espero que todos los que lean tengan su propia recolección de regalos. Que por un día volvamos a ser enanos física y mentalmente. Ya vendrán días difíciles a recordarnos lo jodida que es la vida más allá de la magia. No está mal afirmar por una vez que los Reyes Magos están enterrados en Colonia.

Feliz día de reyes a todos.

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