… Así tradujo alguien el nombre de aquel grupo de los noventa: The Pleasure Fuckers.

Pero no, en realidad este posteo trata de un ranking cinéfilo de lisiados. Lisiados de cine. Tipos a la que generalmente la guerra convirtió en menos validos, hipocresía social que señala al diferente.

Desde que regalaron los zapatos a Van Johnson en “Treinta Segundos Sobre Tokio”, el cine ha utilizado la figura del lisiado en todas sus proporciones. Sin orden concreto, éstos son algunos de ellos…

Homer Parrish (Harold Russell) – “Los Mejores Años de Nuestra Vida”

William Wyler quería un autentico veterano de guerra para interpretar el papel más ingrato de su obra maestra. Su visión fue crítica pero amable. La lastima se tornó en comprensión cuando la desesperación del que ha perdido las manos se hizo manifiesta. Los demás le veían como un monstruo, así que Homer se comportó como tal, hasta que Cathy O’Donnell (su prometida) comprendió su dolor. Lo demás es historia. Su facilidad para romper ventanas con los ganchos, también…

Johnny Bonham (Timothy Bottoms) – “Johnny Cogió su Fusil”

En su primera y única incursión como director, Dalton Trumbo adaptó su propia novela para denunciar los horrores de la guerra. Echó mano de la sutileza al utilizar un soldado que ha perdido todos sus sentidos en combate pero que mantiene intacto su cerebro. Mediante flashbacks asistimos a las horas previas a la partida del soldado. También hay alegorías religiosas que permiten a Trumbo dibujar las circunstancias del protagonista. Una gran película y un lisiado excepcional que no le hizo ascos a las relaciones sexuales. Y es que un escorpión es siempre un escorpión.

Dan Taylor (Gary Sinise) – “Forrest Gump”

El teniente Dan nunca tuvo suerte: Primero colocan a Forrest Gump en su unidad y luego éste le salva la vida además de compartir cama contigua a la suya en el hospital. Y es que el teniente siempre creyó que vivir sin piernas no era vivir. Tuvo que perdonarse a sí mismo para que su vida adquiriera sentido. Se acabaron las fulanas de diez dólares y las sillas de ruedas. Tras su redención llegaron las piernas de titanio y una esposa vietnamita. Qué ironía.

Steven (John Savage) – “El Cazador”

La verdad es que Steven siempre fue un tipo desequilibrado. Ya el día de su boda tres gotas de vino cayeron sobre el vestido de la novia, mal presagio. Se le fue la pinza durante el duro cautiverio, a cualquier se le hubiera ido, pero es que siempre fue un gregario de Michael y Nick. A la hora de beber, su cerveza estaba menos fría; a la hora de cazar, su pieza se escapaba; a la hora de ser evacuado en helicóptero, él era que se caía, y encima, en una piedras. Cimino evitó conciertos de violín y convirtió su vida después del accidente en un infierno compartido por su esposa. Steven perdió dos piernas y un brazo. Nick la cabeza. Michael la inocencia. Todos pierden, el venado gana…

Mathilde (Audrey Tautou) – “Largo Domingo de Noviazgo”

Mathilde se quedó coja cuando era niña. La culpa fue de la polio. Desde entonces se convirtió en un hermoso patito feo que solo fue reconocido como cisne por Manech. Su historia de amor es inmortal. Nada, ni la muerte, puede separarles. Por esa razón, Mathilde se embarca en una búsqueda desesperada de Manech cuando éste “muere”. Y no digo más…

Por cierto, su cojera (cinéfila como pocas) está lejos de impedirle dar carreritas en busca de su amado. Ni un Fórmula 1 se le podría equiparar. Y sí, también me enamoré de la Tautou en “Amelie”, por supuesto, pero es que al interpretar a la obstinada Mathilde me robó el corazón para siempre.

Luke Skywalker (Mark Hamill) – “El Imperio Contraataca”

Que tu propio padre te arranque la mano de un espadazo luz debe marcar. Pero en una época en la que los antebrazos binarios son una ventaja, hasta habría que darle las gracias. En la tercera (o sexta) entrega de la serie Darth Vader probó su propia medicina. Momento cumbre de la serie sólo superado por aquel Shakespiriano: “Luke, soy tu padre”.

James Apperson (John Gilbert) – “El Gran Desfile”

Hacía once años que la guerra había terminado pero había cicatrices aún abiertas. Los hedonistas y locos años veinte se apresuraban a cerraras mientras en Alemania la gente se moría de hambre. Dos tonos en un mismo cuadro.

James se fue a la guerra entusiasmado, conoció su significado, la aborreció y volvió convertido en héroe… con muletas. Su novia no le dio importancia y comieron perdices porque King Vidor (el director) no quiso hacer sangre, bastante se había derramado ya. Eso sí, recibimientos tan efusivos como el que recibió John Gilbert ya los quisiera yo para mí.

Luke Martin (John Voight) – “El Regreso”

Estar en silla de ruedas y levantarle la esposa a todo un capitán del ejercito tiene mérito, ya lo creo. Sally (Jane Fonda) conoció a Luke (John Voight) en un hospital de veteranos, mientras ella trabajaba como voluntaria esperando el regreso de su marido. Se enamoraron y nació el drama. El odio por la guerra de Vietnam y sus consecuencias casi pasan desapercibidas con semejante panorama. El retorno a casa del marido de Sally desencadenará tantas reacciones como las que en su día provocó la continua imagen de Jane Fonda sentada en las rodillas de un parapléjico. Qué escándalo…

Joon (Mary Stuart Masterson) – “Benny y Joon” 

Joon (Mary Stuart Masterson) está como una cabra, pero es que Sam (Johnny Deep) está peor. Separados no funcionan, juntos sí. Lo mejor que se puede hacer es permitir que estén juntos. Muchos no consideran la enfermedad mental leve como una minusvalía, y tal vez no se equivoquen, porque hay que ver con que habilidad usa los bancos del parque Sam. Pero es que ver a Joon sufrir una crisis, no es agradable. Supongo que ver la peli (ahora que han pasado los años), tampoco. Habrá que repescarla un día de éstos… Y habrá que saltar los bancos del parque. Todo sea por no olvidar que alguna vez fuimos niños y por ende locos.

René (Olivier Gourmet) – “Nacional 7”

Hace algún tiempo, una mujer con algún tipo de parálisis reclamaba en un documental su derecho a amar: “Todos tenemos derecho a conocer el amor”, es una de esas frases que se te quedan grabadas independientemente de quién sea el que la ha pronunciado. Su novio también era minusválido. Realizaban encuentros sexuales en un hotel, lejos de la mirada de sus compañeros de residencia. Para la sociedad, el sexo entre personas con algún tipo de minusvalía no existe, es como el sexo entre los padres: simplemente no ocurre.

El director francés Jean-Pierre Sinapi quiso acabar con estúpidas hipocresías denunciando en su película “Nacional 7” esta situación. Los que están paralizados (como Johnnie y su fusil) también tienen impulsos sexuales. Su película narra la relación del gruñón René y su enfermera con el trasfondo de la necesidad del contacto humano. No entiendo esa manida frase del cine necesario, las películas son buenas o no lo son. “Nacional 7” es incisiva en su denuncia y excelente en su forma. Que tomen nota los creadores de la vomitiva “Va a ser que nadie es perfecto”.

Sarah Norman (Marlee Matlin) – “Hijos de un Dios Menor”

La verdad es que la sordomuda Sarah (Marlee Matlin) era bastante popular. Además de ser muy atractiva se acostaba con todo el mundo, y ese un buen modo de convertirte en popular. La llegada de James (William Hurt), nuevo profesor de dicción, fue un reto para ella. Como reto fue tragarse semejante bodrio para los incautos que vieron la película dirigida por Randa Haines. Además, terminaron acostándose, osease que Sarah aumentó su nómina. Después ella se enamoró de él, y eso no entraba en los planes.

Prescindible melodramón que utiliza con descaro la minusvalía física para dar pena. La gran beneficiada fue Marlee Matlin, que ganó un Oscar y consiguió una carrera estable dentro de la televisión y el cine. Luego fue a recogerlo vestida de bibliotecaria empollona y perdió gran parte de su crédito. En fin.

Por cierto, guapa y sordomuda. José Coronado (el señor del bífudus activo que se cree actor) debe estar en éxtasis. Y es que la mujer perfecta es la que no habla, ¿verdad?. Qué buen chiste, me descojono de la risa…

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