Al terminar la primera guerra del golfo se produjo una violación masiva en un salón de actos de Las Vegas. Los acusados eran todos oficiales del ejercito, las víctimas prostitutas. Pero entre éstas últimas también había algunas oficiales femeninas. Fueron ellas las que denunciaron. Antes de la vista, un congresista le reprochó a un general el comportamiento de sus hombres. Éste respondió: “Vienen del frente ¿Qué esperaba que hicieran, jugar al ajedrez?”. Las condenas fueron mínimas y no afectaron a todos los implicados. La justicia militar sigue sus propias reglas.

A Paul Haggis le gustan las barbacoas con amigos, los domingos por la mañana y escribir. Sobre todo, escribir. Pocos discuten su talento como guionista. Lleva 30 años ganándose la vida ejerciendo como tal. Antes de que Clint Eastwood llamara a su puerta ya se había pateado varias productoras con el guión de “Crash” bajo el brazo.

Yo vi “Crash” un viernes por la noche. La estrenaron tímidamente y fueron pocos quienes corrieron a verla. No me gustó. Sigue sin gustarme, de hecho. Después le dieron el Oscar y todo el mundo olvidó que había firmado el guión de “Million Dollar Baby”. Se dijeron barbaridades sobre él… Fue entonces cuando empezó a caerme bien.

Dijo Johnathan Swift que el mejor modo reconocer a un genio era cuando todos los necios se conjurasen contra él. Pero Haggis no es un genio y “En el Valle de Elah” es prueba de ello.

Mucho mejor que en “Crash”, la nueva película de Paul Haggis demuestra que su madera de arquitecto no se corresponde con la de pintor. Si su primera película estaba repleta de gruesas pinceladas gratuitas, “En el Valle de Elah” depura aquellos errores en favor de la sutileza. Haggis observa y permite que sean sus personajes los que comentan errores y completen su viaje.

La evolución ideológica del sargento retirado Hank Deerfield (Tommy Lee Jones) funciona como epicentro de la trama. La misteriosa desaparición de su hijo Mike le movilizará de nuevo. Su viaje se inicia contaminado por el miedo: miedo a encontrar a su hijo muerto (tras perder con anterioridad a otro), miedo por cambiar las convicciones que han guiado su vida, miedo a reconocer la autentica naturaleza de su hijo, miedo de un país (una sociedad) a reconocer sus errores. Hank reza antes de comer, cita párrafos bíblicos a niños, enarbola correctamente banderas del revés. Es un hombre sólido con una sólida vida. Todo lo contrario que la detective Sanders (Charlize Theron) propietaria de una de vida desastrosa de madre soltera, con compañeros de trabajo adosados que se burlan de ella. Será su aliada en la búsqueda y en la resolución del caso de su hijo frente a la sinrazón militar. Juntos formarán una extraña alianza que polucionará al viejo soldado con el estigma del desheredado que ella representa.

El tercer vértice de la historia es Joan (Susan Sarandon), esposa de Hank. Él contacta con ella a través del teléfono para comunicarle sus avances y frustraciones. Por un auricular le comunicará la muerte de su hijo. A través de él, Hank escuchará los lamentos de una madre herida.

Y Haggis observa. Muestra el reencuentro del matrimonio a media luz y en la distancia. El director no oculta el pudor que no podrá esconder cuando las imágenes de Irak llegen a Hank desde el móvil de su hijo. Cada vídeo marca un paso dado hacía su concienciación final. Hank conocerá aspectos desconocidos de Mike. No los comprenderá primero para asimilarlos después. El doloroso trayecto finalizará sin ira cuando el sargento jubilado comprenda que perdió a su hijo mucho antes de que regresara del infierno. La resolución del caso es accesoria, como lo es el puzzle iraquí, la última pieza encajará después de que Hank recuerde la última vez que habló con su hijo, aquella ocasión en la que un Mike lloroso le pidió que le sacará de allí.

Lo social es más fuerte que Haggis, como lo es su tendencia al paternalismo. Se le va la mano en ocasiones, pero esta vez maneja un pincel, no una brocha. Presenta una América gris, anestesiada por una guerra cada vez menos presente en la mente del ciudadano medio. Ahora la guerra es cosa de los chicos de pueblo, de los negros y los hispanos que se alistaron porque no tenían otra salida. El error es de ellos no del sistema.

Pero la bandera del revés también simboliza que algo no va bien. Una vez en casa, Hank tomará la vieja y raída bandera de su hijo para izarla invertida en un mástil. Su viaje a concluido. Ahora es el turno de que el pueblo americano no repita los errores del pasado. Es tiempo de enterrar ocho años funestos, toda una década perdida. Haggis ya ha hecho su aportación. Lástima que no sea (siendo una excelente película) la obra maestra que algunos proclaman.

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