Greg Dark no está contento. Desde hace tiempo es reclamado para todo tipo de entrevistas. No le gusta, odia llamar la atención. Desde que se descubrió que el tipo que había dirigido cientos de videoclips de las nuevas estrellas adolescentes era el mismo que despuntó haciendo porno, su vida se hizo más difícil.

“Está bien, hice porno. Brian de Palma también y nadie dice nada”.

La productora de Britney Spears dejó de llamarle. Una pena, porque Britney le adora, alguien con nombre de actriz porno tenía que adorarle. Pero a él no le importa. Ha dirigido cientos de vídeos en los últimos dos años. Trabajo no le va a faltar. Ahora quiere hacer cine, ha dirigido un par de películas de bajo presupuesto, mientras le siguen ofreciendo clips, y de eso vive. Su último trabajo consistió en lanzar a la hermana pequeña del clan Carter. Su hermano mayor forma parte de los Backstreet Boys y Aaron, el mediano, es una estrella televisiva. Ahora es el turno de Leslie. A Dark no le gusta dirigir clips, y menos este tipo de clips. Frente a su objetivo han desfilado la Spears, Christina Aguilera y Mandy Moore. Está harto de ésto, pero siempre será mejor que hacer porno.

Mediados los 80, cuando Greg era estudiante de cine en Stanford, comenzó a rodar un documental sobre el mundo del porno que se titularía “Ángeles Caídos”. Durante su rodaje conoció a Walter Gernert, productor azul. En un principio no le cayo bien. Hoy día, Gernert sigue sin gustarle…

“El tipo este que me metió en el porno, Walter Gernert, era la persona más abyecta, cruel y codiciosa que he conocido. Un ser despreciable.”

Durante el rodaje, Gernert empezó a hacerle preguntas: “¿Tienes Coche?, ¿Cuánto pagas de alquiler?, ¿Qué tienes en la nevera?, ¿Con cuánto vives al mes?”… Finalmente le lanzó una oferta: dinero a cambio de talento. Gernert quería cambiar el anquilosado panorama porno y había encontrado al tipo adecuado. Así nacieron los Dark Brothers. Primero se cambiaron los apellidos legalmente por el de Dark, después comenzó una carrera basada en la provocación: Se burlaban de las actrices llamándoles putones; se presentaban en los rodajes ataviados como chulos de los años setenta; concedían entrevistas macabras. Les gustaba denunciar lo podrido del submundo triple X. Parecía que nada les satisfacía más que buscarse enemigos. La industria les odiaba.

Su experiencia fílmica nació con el rodaje de “New Wave Hookers”. En ella se lanzó a una cría de 16 años que decía tener 22. Su nombre: Traci Lords. Greg Dark sacó lo mejor de ella… o lo peor. Sus películas se caracterizan por su inhumanidad. Dark expresaba así su rencor por el género y por el mundo en general. No tenía muchos amigos, sigue sin tenerlos.

“Era muy bueno en lo mío. Y lo mío consistía en hacer que los actores se comportaran como animales. Pulverizar sus escrúpulos sociales, borrar de sus cabezas todo lo que habían aprendido desde la infancia. Ni siquiera me hacía falta levantar la voz. Me bastaba apelar a sus egos. La gente es capaz de cualquier cosa por orgullo, incluso bestializarse. Y eso era lo que filmaba: el momento en el que esos seres humanos se convertían en algo no humano”.

Siempre esperó que alguien le mandase al carajo, pero nadie lo hizo. Al salir de los rodajes se transformaba en lo que realmente era: un tipo inseguro e introvertido. Pero al filmar, él mismo se convertía en una bestia.

Terminada “New Wave Hookers” (y convertida en serie de culto), se enfrentó a su gran obsesión: el remake de “El Diablo en la señorita Jones”. Dark consideraba a Gerard Damiano como el único genio surgido del porno y a ésta película como su obra capital. Se enfrentó al reto como él acostumbraba: a tumba abierta. El deslumbrante resultado fue cuestionado por muchos. Nadie osó, sin embargo, a poner en duda su poder visual, el  punto fuerte de Greg Dark.

Harto del porno y de una vida sin objetivos, desapareció durante un tiempo. Entre otras leyendas, de dice que fue luchador de Thai Boxing en Tailandia. Lo cierto es que año y medio después volvió. Sus brazos más tatuados; su expresión más afilada; sus ojos oscuros aún más negros. No cambió, sin embargo, la más llamativa de sus costumbres: vestir de negro de pies a cabeza.

A su regreso abandonó el porno y se propuso hacer realidad su sueño de dirigir cine convencional. Lo consiguió. Se cambió el nombre por el de Gregory Brown y dirigió un par de horrendas películas baratas. El desastre y la necesidad dirigieron sus pasos de nuevo hacia el porno… y los Dark Brothers volvieron a cabalgar. Son años de excesos en los que Greg se convence de que nunca abandonará el género.

“Me acosté con muchas actrices. Todo el mundo lo hacía, habría sido gilipollas de no hacerlo. A veces, se te ofrecían sin que hubieras la abierto la boca”.

Su visión del mundo se distorsiona por completo. Prescinde de los argumentos y comienza a rodar de modo violento, tratando a sus actores como pedazos de carne. El sexo, bajo su visión siempre animal, se convierte en bestial. La gente se huele, se frota y resopla, como bestias. En una ocasión, una actriz se encontraba aturdida tras ser sometida a una múltiple penetración; Greg acercó la cámara y le preguntó si había sufrido abusos siendo pequeña. Ella contestó.

Su “salvación” llegaría de la mano de un grupo heavy. Una banda llamada Sublime le pidió que dirigiera uno de sus videoclips. Fue el primero de una lista interminable. Y los Dark Brothers se acabaron.

“Hay toda una generación que creció viendo mis vídeos. Me sigo encontrando con metaleros y raperos que me lo recuerdan”.

Ahora, con 50 años cumplidos, dice ser otra persona. Se ha casado y es razonablemente feliz. Aunque su insatisfacción se mantiene y estalla cuando los ejecutivos de DreamWorks le piden que vista de negro a Leslie Carter para que no aparezca demasiado gorda en el vídeo…

“Qué edad tiene: ¿catorce? La edad perfecta para convertirse en yonki. Le podemos dar crack, entonces no parecería gorda. Mejor aún: ¿y si la partimos por la mitad con una sierra?”

Los directivos de DreamWorks se marchan malhumorados. La ironía no les ha hecho gracia. Greg se dirige entonces a Leslie para decirle suavemente que se tome un descanso. Sus modales no han cambiado. Sigue siendo el mismo tipo educado a su pesar que era en la universidad. El tipo cuyos modales chocaban con aquello que filmaba. El tímido que nunca alzaba la voz y veía al mundo como un lugar hostil. El Robert Crumb del porno.

“No me gusta Gernert. Sin embargo, él creyó en mí. Lo más importante en la vida es encontrar a alguien que crea en uno. Este tipo creyó en mí. Siempre le estaré agradecido”.


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