” Es una perfecta familia americana: padre, madre, hijo e hija. La madre le comenta a su marido la conveniencia de pasar más tiempo con los niños, como recomiendan los panfletos de una campaña estatal. Acto seguido, vemos al padre acostado con la hija y a la madre con el hijo… El padre exclama: ‘Es cierto… Es genial pasar más tiempo con tus hijos’ “

Fragmento de un cómic de Robert Crumb.

La pasada semana, mientras intentaba poner orden entre las miles de cintas de vídeo que se amontonan en el trastero, me topé con la palabra “Crumb” escrita con tinta azul en la etiqueta de una vieja cinta Kodak… Hacía diez años que no la veía. Y sinceramente, habría preferido no volver a hacerlo.

Es terrible….. es terrible ver a Charles, hermano de Robert, confesando a la cámara la puta vida que tuvo que vivir. Es terrible escuchar la atronadora voz de la madre (a la que nunca vemos, pero que siempre está) preguntando cuándo se van a largar los jodidos periodistas, dónde ha metido las llaves o qué le apetece para cenar. Es el retrato de dos perdedores. Uno que aprovechó de su talento y de la coyuntura de los tiempos para escapar de su destino. El otro, un hombre de cuarenta años, completamente alienado e incapaz de salir de su casa.

El recuerdo de los abusos sufridos en el colegio son comentados por los dos hermanos juntos. “Eras un chico guapo” dice Robert… “En una ocasión una chica se interesó por ti. Llegasteis a salir” (Robert) “Al final me dejó tirado en la tercera cita. Decía que era raro” (Charles).

Vemos a Robert en su gris vida cotidiana. Vive en un piso pequeño. Desayuna junto a su esposa e hija, bromea con la pequeña (ahora convertida en brillante dibujante de estilo similar al de su padre) y ríe por todo, esa risa floja más propia de el débil mental que del genio del cómic que es. Una vida tan gris como cualquier otra es un paraíso inalcanzable para su hermano mayor.

Y el relato continua… Se repasa la carrera de Crumb. Su obsesión por el sexo. Por distorsionar la realidad de modo grotesco, para hacer aflorar la verdad de las cosas. Sus amigos hablan de él. Su primera novia. Su editor… Mientras, en breves flashes, Charles prosigue hundiéndose palabra a palabra. Su boca desdentada despide el documental con la mirada vacía del que nada tiene y a nada aspira.

FUNDIDO EN NEGRO

“A la memoria de CHARLES CRUMB, fallecido a los pocos días de terminado el rodaje. Causa su muerte: Suicidio”

No quiero pensar en lo mucho que influyó la filmación del documental en su decisión. En lo que tuvo que doler recordar todo aquello. Tiré la cinta. Mi hermano la encontró en el montón de las destinadas al cubo de la basura. Quiso quedársela y se la regalé. No quiero volver a pasar un día entero deshecho como la primera y única vez que la vi.

Posteado originalmente en enero de 2006.

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