Me he dado cuenta de que una película que derrocha tanto amor (disfuncional, puede, pero amor) no se hizo para ser recordada por momentos así…

Sí, el mudo voluntario y daltónico es adolescente y lo odia todo por sistema. Así debe ser a su edad. Pero cuando su tío con tendencias suicidas le diga…

Dwayne: A veces me gustaría dormir hasta cumplir los dieciocho años y evitar todo el sufrimiento del instituto.

Frank: ¿Sabes quién es Marcel Proust?

Dwayne: Uno de esos tíos que tú enseñas…

Frank: Sí, un escritor francés. Un perdedor total. Nunca tuvo un trabajo. Sus romances fueron un asco. Gay. Tardó veinte años en escribir una novela que casi nadie lee. Pero, posiblemente sea el mejor escritor desde Shakespeare. Al llegar al final de su vida, miró atrás y decidió que todos aquellos años de sufrimiento fueron los mejores de su vida. ¿Las épocas en las que fue feliz? una pérdida total de tiempo. No le enseñaron nada. Si te duermes hasta los dieciocho años… piensa en todo el sufrimiento que te perderás.

… entonces comprenderá que necesita reconciliarse consigo mismo para, al menos, no transmitir su infelicidad a los demás.

Pasan muchas otras cosas, es un viaje agitado el suyo. El abuelo cocainomano y adicto al porno se sigue muriendo y el padre, obsesionado con el éxito pese a nadar en la bancarrota, sigue dando charlas sobre un tema que no domina. La niña sigue bailando fatal, y tal vez por eso a mí me parezca que lo hace mejor que las demás. La furgoneta se sigue estropeando, el claxon pitando a destiempo y siguen echando mano de un viejo gag de Woody Allen aparecido en “Bananas” (el de las revistas porno, sí). Me gusta. De hecho, me sigue gustando tanto como la primera vez que la vi. Tal vez más.

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