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De veras que sí.

Ceso las emisiones antárticas durante un tiempo indefinido. Gracias a todos los que perdieron su tiempo comentando tonterías ajenas. Cada mensaje recibido ha sido un regalo. Mis disculpas para aquellos a los que he acribillado con mi incómoda presencia y mis estomagantes comentarios, en ocasiones más extensos que el propio posteo en sí. Disculpas dirigidas sobre todo a las tres o cuatro personas a las que he enviado treinta veces más mensajes de los recibidos. Qué paciencia la suya.

Bien. Para terminar recurriré a un valor seguro. En los últimos meses apareció el tema de “El Principito” en varias de mis conversaciones. Cuatro personas, entre ellas tres residentes en esa especie de éter que es la burrosfera, me aconsejaron releer un libro que había olvidado completamente desde que lo hice por primera vez siendo adolescente. Pues bien, hecho está. Y tenían razón. De hecho, todo el mundo debería leer “El Principito” cada determinado bucle de tiempo.

Hay un pasaje en concreto que podría servir para definir este año y medio de nada burrosferil. Y dice así…

Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: ¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?. En cambio, os preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?. Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo…, no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: He visto uan casa de cien mil francos. Entonces exclaman: ¡Qué hermosa casa es!.

Me ha alegrado comprobar que aún conservo una pequeña parte de inocencia en tan envilecido entorno, ya que nunca he cuestionado a nadie acerca de su identidad o circunstancia. Nunca me interesó el volumen de sus cuentas corrientes, su peso, ni sus edades. Ni siquiera cuántos hermanos tienen a su lado. No porque no resulte interesante, sino por respeto y por lo irrelevante que resultan tales datos en el mundo de mentira.

Porque si algo deben saber de mí es cómo suena el timbre de mi voz…

Ay que ver la cantidad de veces que digo simplemente…

Lo lamento, no me salió nada mejor. Me siento ridículo (más de lo habitual) hablándole a una grabadora…

Tal vez les interese saber también que me acabo de dar cuenta de que juego menos de lo que debería…

Y que, por supuesto, colecciono mariposas…

Aunque sean de tela y me haga con ellas para regalarlas a gente de mi entorno.

En fin… Trataré de reabrir este antro dentro de algún tiempo, si mi ánimo y circunstancia lo permiten. Si no ocurriera, sepan que les visitaré y leeré, aunque sea en mute mode en la mayoría de las ocasiones. No fueron muchos los comentarios que llegaron pero fueron más que suficientes para dar algo de lustre a tan oxidado lugar. No me despido porque seguiré por aquí, tan sólo informo de que este rincón antártico queda en suspenso indefinidamente.

Por favor, dejen de hacer películas de pingüinos o no respondo de mis actos. Cuídense, y recuerden que ¡¡Marty apesta!!… Y hagan caso a Al Gore, joder, que me están poniendo perdida la choza. Con el trabajo que me costó adecentarla después del arrasador paso de la horda pajillera.

Sean felices. Y ahora, como diría Lynch…

silence

Cables de alta tensión, bares con mesas de madera desconchada, lunas enterradas, carreteras mal asfaltadas y viento. Siempre el viento. En Suburbia las matemáticas no son exactas, quizás por ello el viento sopla sin pausa. 

El verde es impostado y el azul sintético. Aquí predominan el marrón, el gris y un amarillo chillón que daña los ojos si no apartas la vista a tiempo. En una ocasión, un familiar, en visita ocasional y breve, dijo que desde el cielo Suburbia se ve marrón y malva, como un agujero escavado en el suelo. Curiosamente de un modo similar retrató Hal Hartley su Nueva Jersey natal.

Pese a que el módulo que estudiaba poco tenía que ver con ello, durante dos años recibí una hora semanal de clases de fotografía. En la primera clase el tipo que las impartía nos dijo que con él nunca aprenderíamos a realizar encuadres, situar composiciones, ni articular juegos de luz.

“Una fotografía debe contar la historia de quien dispara el objetivo”.  

Supongo que esta es mi historia…  

Tras ser reclamado por Michael Jackson para la grabación del tema “The girl is mine” incluido en su mítico “Thriller”, Paul McCartney se arrogó el derecho de reclamar al cantante ex-negro, de controvertida vida privada, para un trabajo propio. Así nacieron “The Man” y “Say, say, say”, embutidas con calzador en el no tan mítico pero muy estimable “Pipes of Peace”.

Pues bien, tras recibir la invitación desde las páginas de Cineahora de colaborar en un posteo sobre bandas sonoras de comedias de los años 80 y 90, emulé al ex-beattle exigiendo reciprocidad (amablemente, eso sí; en lugar de armas utilicé el chantaje emocional).

Así, entre los dos, hemos creado este homenaje a la música del western. Seguramente, la más representativa (junto con la música de terror) entre cualquier género cinematográfico. Hemos intentado ser breves a la hora de presentar lo más granado del género tratando de no restar protagonismo a la música; autentico eje de este experimento. Si alguien se siente atraido por el resultado, debe saber que el artífice de ello es mi invitado. Cualquier palmadita que sea lanzada, por favor, que caíga sobre su espalda… Las collejas me las quedo yo. Total, ya estoy acostumbrado.

JOHNNY GUITAR (1954) Victor Young-Erich Kunzel

(by Cineahora)

Hay títulos que redefinen el género, y hay músicas que se amoldan a unas imágenes como un guante de seda. Nicholas Ray tuvo la osadía de romper el territorio reservado para los hombres en el western, e hizo que fuera una mujer, Viena (espléndida Joan Crawford), la que manejara las riendas de la función.

Sobre durezas y nostalgias, al igual que ese amor del pasado (Sterling Hayden) que marcó a su protagonista, la partitura de Victor Young es una de las más melancólicas y hermosas de la historia del cine. Compuso la canción, y su versión instrumental, interpretada aquí conjuntamente con Erich Kunzel. El resto, es Historia…

HORIZONTES DE GRANDEZA (1958) Jerome Moross

La historia de un tipo del Este cuya hombría es cuestionada por su prometida y la familia de ésta, sirvió a William Wyler para crear una de las cumbres del western clásico. Al contrario que el personaje de Gregory Peck, al domar caballos salvajes lejos de miradas ajenas, Jerome Moross, autor de su vigorosa banda sonora, no se escondió a la hora de mostrar sus habilidades a la hora de mutar las claves del género en notas musicales.

Pleno de fuerza, escuchar el corte principal, posee efectos vigorizantes. Hagan la prueba.

DUELO EN LA ALTA SIERRA (1962) George Bassman

(by Cineahora)

Sam Peckinpah le dio una patada en el estómago a la violencia heróica, sugerida o romántica de los westerns clásicos, para mostrar, a base de ralentizar la imagen si era necesario, que no había proeza en magnificar la violencia, ni a los hombres que la sufrían día a día.

En plena decadencia del género (John Ford rodaría, dos años después, “El gran combate”, su película póstuma), los personajes interpretados por dos viejas glorias como Randolph Scott y Joel McCrea, que también habían conocido tiempos mejores y más severos, empezaban su recorrido hacia el crepúsculo. La música compuesta por George Bassman logró estar a la altura, dedicándoles un emotivo tema principal, y reuniendo los valores sobre la amistad y el tiempo que termina. Aunque el audio no es de gran calidad, la escucha se hace recomendadísima.

* Me permito añadir un leve y agradecido apunte. Al margen de su baja calidad de sonido, la rareza de este corte magnifico (extraido de una cinta de vídeo) le convierte en imprescindible para todo coleccionista.

LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE (1969) – Frederick Lowe y Alan Jay Lerner

Dentro del subgénero del western musical, “La Leyenda de la Ciudad sin Nombre” significó tanto la cota más alta alcanzada como su punto final. Un canto del cisne en clave cómica, inspirada en una triunfante pieza teatral, que nos proporcionó el regalo de la cavernosa voz de Lee Marvin susurrando las notas de la inolvidable “Born Under a Wonderin’ Star”.

El tiempo se ha encargado de ir borrando las huellas de la cinta dirigida por Joshua Logan. Sin embargo, el tema interpretado por Marvin, se ha fortalecido convertido en icono de inmensas minorías generación tras generación.

El tema, compuesto por Frederick Lowe con letra de Alan J. Lerner, ha sido interpretado por muchos desde entonces. Pero nadie ha sabido darle forma y alma como lo hizo él. Disfrutenlo, una vez más…

SILVERADO (1985) – Bruce Broughton

(by cineahora)

En los años ochenta, los más puristas se echaron las manos a la cabeza. El género, todos los géneros, parecía haber muerto y los nuevos argumentos parecían mezclarlo todo, entre el homenaje, el refrito o la parodia. Lawrence Kasdan también bebió de las fuentes clásicas y al mismo tiempo fue fruto de su época. Homenajeó al cine negro con “Fuego en el cuerpo”, y se atrevió con el western en “Silverado”, un sonoro fracaso comercial en su momento, pero revitalizado año tras año.

Con esos cuatro arquetipos de héroe, casi Fordianos (entre ellos unos jovenzuelos Kevin Costner y Kevin Kline), Bruce Broughton creó una partitura vibrante, extraordinaria. Él y Kasdan certificaban, a falta que Clint Eastwood diera aún la última palabra con “Sin perdón”, que el género no estaba finiquitado, acaso se estaba reencarnando en otras formas. El tema principal, “The getaway/Riding as one”, es uno de mis preferidos de la música en el cine.

Tras muchas estériles horas tratando de colgar los cortes musicales en algún servidor aceptado por WordPress, he tenído que recurrir a youtube (incluidos tres chapuceros vídeos self-made).

Si alguien desea conservar las piezas de esta primera entrega (en formato mp3), he aquí un enlace…

http://www.megaupload.com/es/?d=BR4W1XOV

Los tipos de WordPress tienen la (no estoy seguro de que sea buena) costumbre de señalar a diario lo que ellos llaman: Blog del minuto.

Al parecer, eligen uno de entre los casi 900.000 blogs inscritos en su floreciente mundo falso (no llegaban a 30.000 hace un año, cuando me registré), con el fin de avergonzarle públicamente durante todo un día.   

Pues bien, los usuarios del sistema ya se habrán llevado el susto. Los afortunados que se lo han ahorrado, pueden llevarselo ahora si lo desean…

Sí, tampoco yo podía creerlo…

No tengo ni idea de si los criterios que siguen para concederte tan dudoso honor, se basan en la cantidad de visitas recibidas por tu blog o en cuestiones plenamente arbitrarias, pero ya ven. Si es así, y haciendo bueno el primer parrafo del posteo que dediqué a los suicidas del mundo azul, la frase dead porn stars atrae al personal cual minifalda espartana.

Y es que no hay nada como apelar al sexo para ser visitado. He recibido en un día tantas visitas como en los últimos tres meses. Supongo que lo lógico sería sentirse tan excitado como Friker Jiménez con pases VIP para presenciar el apocalichis. Pero no…

Lo que realmente me produjo emoción fue ver esto otro, al comprobar la bitácora de visitas recibidas hoy…

Y es que el Sr. Yume ha osado colgar en su page mi particular visión sobre el homérico viaje físico e interior (que diría Mary Kate) del protagonista de “El Hombre Tranquilo”.

Si a alguien le apetece echar un vistazo, pinchen abajo:

El último viaje de Sean Thornton 

Puedo asegurar, casi con total seguridad, que mi visión del clásico poco tiene que ver con la de la mayoría. Así que, no se corten y apedreenme por tomar el nombre del maestro en vano.

Ha conseguido las dos premisas que dan sentido a este invento: Divertirse y divertir. Hoy, además, ha hecho realidad la aspiración de todo bloguero: Trascender más allá del mapa binario…

TIERRAS DE CINEFAGIA EN LA LUNA DE METRÓPOLI

Felicidades, Sr. Yume.

Sí, ya sé que dije que no más memes, pero ya que la petición viene de uno de los niños perdidos amablemente acogidos por el Sr. Yume, acepto el encargo sin rechistar…

A ver… Ya hice este meme. Hace tiempo, en la page de una muy querida cyberconocida a la que conocí en una reencarnación virtual anterior. En aquella ocasión, el libro elegido fue “Demonología” de Rick Moody (sí, ya sé… qué pesao).

Pero primero recordaré las bases de este embrollo.

Se trata de seguir los siguientes pasos:

1.Coge el libro más cercano que tengas

2.Lo abres por la página 123

3.Buscas la quinta frase (que no línea)

4.Y escribes las 3 frases que le sigan en tu blog

5.Por último nominas a cinco personas para que hagan este juego.

Dicho y hecho, y ya que el libro que estoy leyendo ahora (“El Guardián del Muerto” de Ambroce Bierce) no tiene página 123, he tenído que recurrir a “Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas” de Chamfort (el que estaba al lado, vamos). Y el resultado ha sido el siguiente:

“Los necios, los ignorantes y las gentes deshonestas pretenden obtener de los libros ideas, razones, sentimientos nobles y elevados, al igual que una mujer rica va a una tienda de tejidos a abastecerse con su dinero”

Hala, ahí queda eso. Chamfort, que siempre fue así de diplomático.

Tranquilos, no se lo pasaré a nadie. El que quiera es libre de hacerlo. Pero si de verdad quieren aprovechar su valioso tiempo, y se sienten atraidos por la cultura japo, deberían echar un vistazo a la choza virtual de Madmax

Que un erudito de este calibre en todo lo referente a la cultura manga, apenas reciba comentarios, demuestra mi teoría de lo burra que es la burrosfera. Conste que yo me sumo al grupo, pues mis conocimientos en la materia apenas pasan del maestro Miyazaki, Mazinger Z, Bola de Dragón y poco más… 

Perdón por el descarado spam. La causa lo merece.