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El arte satírico nace en la antigua Grecia, se desarrolla en Roma y alcanza su máximo esplendor con Chamfort y otros escépticos que elevaron sus crónicas sociales a la categoría de arte. Lo satírico nace como expresión, es el modo que utiliza el pueblo para presentar a los ricos y poderosos. Hay grandes cronistas sociales y hay una inflexión en el ramo: Hedda Hopper. La que fuera actriz fracasada, extendió su bilis sobre todos aquellos que no compartían sus ideas políticas o que simplemente le caían mal. Más adelante se convirtió en asalariada de los grandes estudios, quienes, temerosos de que cargase contra sus estrellas, la pasaban una cantidad de dinero a cambio de silencios o frases elogiosas. Para Hopper no era necesario confirmar una noticia, con el rumor bastaba. Ella fue la pionera del chisme, lo que hoy se conoce como telebasura.

Entonces lo satírico se desvinculó de la crónica social. Buscó su propio lugar sin perder el carácter bufonesco de su mensaje: reírse de todo y de todos. Cuestionarlo todo y a todos. Así nacieron los cómics de un ramo que hoy día mantiene la traqueteada salud del viejo arte.

En España fue la revista El Jueves la que mantiene la antorcha erguida. Su humor, muchas veces basto, mantiene la crítica social no crispada de este país, siempre que no sea la familia real la parodiada, que eso es “delito”. En realidad, el delito consiste en negarle al desamparado su derecho a burlarse del que todo lo tiene.

El Jueves no deja de ser una versión pintada con brocha gorda de Mad Magazine, revista satírica norteamericana nacida en los años cincuenta. Su creador, William M. Gaines, pretendió recuperar el elemento burlón. Célebres son las viñetas que parodian películas de éxito que incluyen a políticos y otra “gente de bien”.

Las portadas de Mad son fácilmente reconocibles gracias a la inclusión de un personaje incónico: Alfred E. Neuman, un tarado con aspecto de tarado que sirve para dar, con su reconocible expresión idiota, la bienvenida a un mundo del revés en el que el único compromiso del lector es la risa y burla. Nadie escapa de sus afiladas garras, ni siquiera “Family Guy”, serie que se burla de los todos aquellos que por costumbre se burlan de todo.

En España se lanzó hace algo más de un año la versión en castellano de la matriz americana. El primer número no vendió bien y su publicación se canceló. Seguimos a la espera de que Planeta decida resucitarla.

Pero la crónica social como tal no existe hoy día. Viciada por la pandillas de cotillas que son bien pagados por los mil programas de corazón existentes, en España se puede considerar un género perdido, tendencia que, al parecer, se ha extendido por el resto del orbe. Por ello, siempre resulta sorprendente encontrarse (vía El Mundo) con lugares como éste:

Mediante la colaboración de 14 ilustradores, La Galería del Absurdo recoge sarcásticamente toda la miseria que habitualmente está reducida en el circuito rosa. No tienen límites, y el primero de ellos en ser infringido es la vergüenza. Exageran tópicos, se burlan de los comportamientos del famoseo y observan la realidad sin tener necesidad de contar con quién se acuesta nadie.

Ésta es una muestra de su trabajo…

Victoria Beckham, la Spice Girl Pija, es representada como una elfo fashion; se alerta a la población femenina sobre Jude Law, conocido depredador que se alimenta de starlets, asistentes, niñeras o compañeras de rodaje y se recurre al estilo del pintor francés Toulouse-Lautrec, para definir la extrema delgadez de Keira Knightley…

Brad Pitt, absorbido por el mesianismo místico de Angelina Jolie, nos presenta (junto a la actriz) a su hija Shiloh: el bebé más esperado de la historia de la humanidad desde Jesucristo. El católico ortodoxo Mel Gibson, aparece como protagonista de una novela pulp junto a una botella de vodka y una diabólica sentencia: “No hay furia en el infierno que se asemeje a la de Satán en un botellón”. La actriz Renee Zelwegger nos descubre el secreto de su éxito: el efecto limón

No podían faltar las notorias aficiones etílicas de Tara Reid, protagonista de “La Chica Borracha de la Fiesta”. Marc Anthony, marido de Jennifer López y proclamado latino más poderoso de los States, suele ser representado como un muerto viviente al comparar su demacrado aspecto con la lozanía (y potente trasero) de su esposa. Finalmente, Linsey Lohan, la nueva estrella del firmamento yankee, le escribe su tarjeta de San Valentín a una botella de Vodka: “Querido Vodka. Soy irritable, me quejo sin parar… ¿por qué no eres mío?”, dibujo realizado cuando la actriz anunció una cura de desintoxicación en la clínica Wonderland, he ahí la razón de su semejanza con la Alicia de Lewis Carroll.

Por supuesto, personajes como Tom Cruise merecen su propio apartado…

Ya sea presentando a su hija (con Ron Hubbard siempre presente), salvando a Katie de algún peligro o liderando una peculiar reunión de cienciólogos que se podría confundir con La Última Cena pintada por Da Vinci.

De su mala baba no escapa ni el producto patrio…

Ni las reinas pop caídas en desgracia…

Con ella, con Britney Spears, se cierra esta retrospectiva. Baila junto a Lindsey Lohan y Paris Hilton como lo hicieron las tres gracias en el siglo de oro. Que ella muestre su sexo no es casual, al parecer lo hace con frecuencia. Paris, por su parte, exhibe su picasiano físico, mientras Lindsey mira hacia atrás. Son las tres desgracias de un circo acostumbrado a crear estrellas con pies de barro.

Hitch se sentía fuerte aquel día. Él, que siempre se sintió intimidado por la belleza, hacía muy poco tiempo que había sabido de la menstruación femenina, lo que, pensaba, le daba algún tipo de ventaja si incluía alguna referencia sexual en la conversación.

Hitch: Vamos a ver, Miss Ondra. Vamos a hacer una prueba de sonido. ¿No es lo que quería? Venga acá.

Ondra: No sé qué decir. ¡Estoy tan nerviosa!

Hitch: ¿Ha sido buena chica?

Ondra (riendo): ¡Oh, no!

Hitch: ¿No? ¿No se ha acostado con nadie?

Ondra: ¡No!

Hitch: ¿No?

Ondra (riendo inconteniblemente): ¡Ay, Hitch, esto es muy embarazoso!

Hitch: Venga acá ahora y no se mueva de este lugar o sino, como le dijo la criada al soldado, no va a salir bien…

(Anny Ondra se parte de la risa)

Hitch (mirando a cámara): ¡Corten!

Esta prueba de sonido realizada los días previos al comienzo del rodaje de “Blackmail”, primera película sonora de Hitch, fue realizada para comprobar cómo quedaba el áspero acento de la actriz polaca Anny Ondra en pantalla. Ella terminaría casándose con el boxeador alemán Max Schmeling (aquel mítico boxeador que tumbó a Joe Lewis en el Garden) y convirtiéndose en el primer (que no último) desengaño amoroso del director inglés, siempre tan enamoradizo. Famosa es la anécdota del telegrama que Hitch envió a Ondra al conocer la feliz noticia: “¿Un boxer? ¿Pero eso no es un perro alemán?”.

La broma sólo tiene sentido en el idioma en el que fue formulada: el inglés. Las traducciones siempre conllevan problemas. Célebre es la escena en la que Paul Newman y Robert Redford hablan en castellano con unos militares bolivianos en “Dos Hombres y un Destino” y no parecen entender nada. Cosa del doblaje. En este caso, y volviendo a Ondra, la actriz terminó siendo calamitosamente doblada: Ondra movía los labios y la voz postiza llegaba segundos después.

En los orígenes del cine sonoro, era habitual el doblar a las estrellas de las películas silenciosas que no tenían buena voz. Una obra maestra del musical, “Cantando Bajo la Lluvia”, ironizó sobre el tema. En España son muy conocidos los doblajes neutros, aquellos realizados en Puerto Rico o México que generalmente daban voz a las series americanas de los 60. En el caso de los dibujos animados, su influencia se extendió hasta los 80. ¿Quién no recuerda al gato Jinx y los “marditos roedores”?.

En una ocasión, la Academia de Hollywood hizo reír a los asistentes a una de sus ceremonias al colocarles fotogramas de Groucho hablando en alemán o Bogart en castellano. Entre los cinéfilos parece haber consenso: el doblaje es una aberración. Y lo es, sin duda, los doblajes no siempre son malos pero siempre resultan insuficientes. Además, las películas dobladas suelen cometer el peor de los pecados: están mal traducidas, hasta el punto de que hay ocasiones en las que al ver la película subtitulada y visionarla más tarde doblada, parece como si se tratase de cintas diferentes.

Pero no siempre fue así. Hitchcock odiaba los subtítulos. Consideraba que los rótulos despistaban al espectador. Siempre consideró el doblaje como un mal preferible al subtitulaje. Se cuenta que la obsesión por el control de Stanley Kubrick le llevó a supervisar, mediante su cuñado, las salas de cine en las que se proyectaban sus películas. Disparate no confirmado, al contrario del que asegura que ejerció su poder a la hora de doblar sus películas. En alguna ocasión llegó incluso a elegir las voces que sustituirían a las de sus actores. Así fue como Joaquín Hinojosa y Verónica Forqué acabaron siendo las voces de Jack Nicholson y de Shelley Duvall en “El Resplandor”. De paso se cargó el delicado equilibrio que exige el ejercicio del doblaje.

Miguel Ángel Valdivieso era el doblador habitual de Woody Allen. Al morir, su familia recibió un telegrama de condolencias del neurótico neoyorkino lamentando su pérdida. Gesto que dignifica la figura del pequeño gran actor y director. Según comentó en más de una ocasión, Valdivieso le hacía mejor actor. Al fallecido Valdivieso le sustituyó Joan Pera. Cuando Allen vio una de sus películas doblada al castellano por el sustituto (Pera también dobla al catalán) quedó sorprendido: era como si su antecesor siguiera vivo. Le felicitó, incluso le ofreció un pequeño papel en su recién terminado rodaje barcelonés.

Ocurre con frecuencia, sustituir la voz original es imposible pero en algunas ocasiones el doblaje la supera en calidad. Una de esas raras circunstancias ocurre con Sean Connery y Clint Eastwood, doblados habitualmente por Constantino Romero. Es, como digo, poco habitual, pero ocurre. Pero es el reverso de la moneda la norma habitual. En su cuadriculada circunstancia, los estudios de doblaje suelen utilizar baremos estéticos para asignar voces. Una de las damnificadas sería Catherine Keener, a la que desde siempre colocan una voz de yaya que poco tiene que ver con su voz real. Su pecado consiste en compartir leves rasgos físicos con Anjelica Huston. Así pues, le toca la misma voz que a la hija de John.

Defendiendo la elección de Viggo Mortensen como Alatriste, Agustín Díaz-Llanes no dudó en culpar al doblaje de la mala dicción del actor neoyorkino. Según él, el espectador medio español es analfabeto porque suele ver las películas dobladas, y por lo tanto, no está acostumbrado a las voces reales. En otras palabras, el culpable de que Viggo declamase como si alguien le tuviese cogido por las pelotas era el tipo que le había doblado durante años. De paso, declaró como analfabeto al público italiano, francés y alemán, países que también doblan habitualmente las películas habladas en otro idioma. Ha veces es mejor no decir nada.

En realidad, todo se ve de un modo extremo en los países con guerra declarada al doblaje: los detractores están por un lado y los defensores por otro. En medio e indefensos, los de siempre. Tal vez, la entrevista que le hizo Julián Marías a Otto Preminger sirva para derribar obstáculos o erigir muchos más. Que el modo en el que el director corta (educadamente) la crecientes alas del escritor y cinéfilo sirva para que cada cual decida sobre el asunto…

Preminger: (…) Me alegra que en España la gente vaya a ver mis películas… Por cierto, a lo mejor puede decirme si están bien traducidas. ¿Ha visto alguna doblada?

Marías: Sí, desgraciadamente casi todas las he visto en español

Preminger: ¿Y están bien traducidas?

Marías: No, en general no muy bien. Cuando he visto alguna en español y en inglés solía haber bastante diferencia. A veces, además, era intencionada: se cambiaban los diálogos deliberadamente. Y no era eso lo peor: en “Anatomy of a Murder” se cortaron 35 minutos

Preminger: ¿35 minutos? Pero, legalmente, no tienen derecho a hacer eso, ¡no pueden hacer eso!

Marías: Pero lo hacían: la censura cortaba todo lo que quería. Y a veces los distribuidores, y los propios cines. En general, los doblajes no son buenos, y más que por la traducción, por el tipo de voces y el tono de diálogos, que no suelen ser los adecuados

Preminger: Pero yo vi “The Human Factor” en español y aunque, naturalmente, no entendía nada, me pareció que sonaba bien, que estaban bien las voces de los actores

Marías: Sí, “The Human Factor” es de las que están mejor traducidas, y está doblada con bastante cuidado

Preminger: Eso pensé. Parecía muy bien doblada

El pasado jueves, sobre las siete de la mañana, el cielo estaba encapotado por aquí. Ya por la noche, pasadas la nueve, había sido cubierto por una luna grande y tintada de un color amarillento. La vi desde un lugar elevado, era digna de contemplar emergiendo entre todas aquellas nubes reunidas en torno a ella. Lástima no haber tenido una cámara a mano…

La luna ejerce una notable fascinación sobre el hombre y el cine no escapa de su influjo. Los primeros en hacerle referencia fueron los hermanos Méliès. No serían los últimos…

Hay miles de películas que tratan sobre ella, desde “La Luna” de Bertolucci hasta “The Rising of the Moon”, lunática versión de una canción tradicional irlandesa cortesía del maestro Ford. Hay incluso un director de cine catalán apellidado Luna. Él (quién si no) fue quien dirigiría “La Teta y la Luna”.

Éstas fueron las cinco primeras películas dirigidas por lunáticos que me vinieron a la mente aquella noche al llegar a casa. Están recogidas en el mismo orden con que fueron apuntadas en la primera libreta que encontré, la que luce el logo del Museo del Prado en un costado.

Adiós a la Inocencia (Racing with the Moon)…

La segunda película de Richard Benjamin como director mejoró a la primera (“Mi año favorito”) haciendo creer a todos que un nuevo maestro asoma las patitas. “Esta Casa es una Ruina”, remake de “Los Blanding ya tienen casa”, fue un divertido canto del cisne para un director que parecía llamado a realizar grandes cosas. Lunático sin duda. Si hay dudas, no se pierdan su papel en “Amor al Primer Mordisco”.

La historia de amor condenada al fracaso entre un chico sin blanca pero con orgullo y una chica rica, está muy vista. He ahí su mérito. Benjamin impregnó la cinta de una melancolía insoportable que seguirá funcionando dentro de mil años. Un primerizo Nicholas Cage, un enérgico Sean Penn y una dulce Elizabeth McGovern protagonizan el portentoso guión que escribió Steve Kloves en estado de gracia.

Un Verano en Louisiana (The Man in the Moon)

Solo un lunático podría atreverse a dirigir “Matar a un Ruiseñor” y crear un clásico de camino. El tiempo de Robert Mulligan parecía acabado cuando dirigió “The Man in the Moon”. Por entonces todo el mundo conocía su película de referencia, incluso “Verano del 42” y poco más de su obra. Pero él fue quien dirigió (en condiciones precarias) “Up the Down Staircase”, con seguridad la mejor película sobre la enseñanza desde la versión dirigida por Sam Wood de “Adiós Mr. Chips”.

Dos hermanas compiten por el amor del chico nuevo llegado al pueblo. Ocurre en Louisana y en verano (bien el que le colocó el título en castellano), con una charca en la que iniciarse al sexo y noches interminables de confidencias y bailes. La mayor obtendrá la atención del chico nuevo, la pequeña su insuficiente cariño. La tragedia acercará a las hermanas de nuevo. El corazón se recompone mil veces a lo largo de una vida hasta que no hay forma de rearmarlo. Ésta será la primera vez ésto que ocurra en la vida de ambas, seguro que no la última.

La voz de la Luna (La voce della luna)

Fellini estaba acabado, que no cansado, cuando afrontó el que sería su último proyecto: “La voz de la luna”. El gusto del público había cambiado y él no había dado cuenta. Las nuevas tecnologías le sobrepasaban. Era ya un anciano de casi setenta años cuando comenzó a dirigir la película. Por ello representó un último acto en el que dos lunáticos fuesen los protagonistas. Quería reflejar el mundo tal y cómo él lo veía, a través de los ojos del que nada entiende y para el que todo tiene sentido. El rey de los lunáticos muriría tres años después. Aullando a la luna, seguro.

Ivo Salvini (magnifico Benigni, y no es broma) acaba de salir de un hospital psiquiátrico sin estar curado aunque es inofensivo. El prefecto Gonnella (Paolo Villaggio), por su parte, es un funcionario que ha perdido la cabeza y piensa que todo cuanto le rodea es falso. Tras un largo camino por separado hacia ninguna parte, se encontrarán en un extraño pueblo.

La película es muy deficiente, la crítica la destrozó. De hecho, Fellini pierde los papeles con frecuencia (inolvidable la escena en la que el prefecto sube a una cabina de disc-jockey para acusar a los jóvenes que bailan de asesinar la música). Aún así guarda algunos de los momentos más sugerentes de su larga filmografía. Entre ellos, el diálogo de Ivo con la secuestrada luna a la que él confunde con su amada Aldina.

Lunas de Hiel (Bitter Moon)

Polanski, que llevaba mucho tiempo perdido cuando rodó “Lunas de Hiel”, quería adaptar la difícil novela Pascal Bruckner. Consideraba que sería el vehículo ideal para explotar la sensualidad de su joven esposa Emmanuelle Seigner, lo que no esperaba era con filmar su mejor película en décadas. La descripción de la fina línea que separa el amor del odio y la dependencia que ambos ejercen sobre el individuo, fue narrada en primera persona por el director de origen polaco. Esta vez no ocurrió como en “Piratas” o “Frenético”, esta vez Polanski conocía el tema a fondo. El brillante resultado final demuestra su fuerte implicación con la cinta. Eso sí, los premios gordos tardarían en llegar, y sería la académica “El Pianista” la que los recibiría. Las películas filmadas con el bajo vientre nunca reciben premios.

No fue casualidad que el matrimonio formado por Nigel y Fiona celebrara su séptimo aniversario (the seven year itch) cuando conocieron Oscar y Mimi. Nigel sufre una fuerte atracción hacia Mimi que le resulta difícil ocultar. Oscar no tardará en animarle para que haga realidad su fantasía, siempre que escuche antes la historia de pasión que le dejó postrado en una silla de ruedas. El resto, mejor verlo…
Luna de Papel (Paper Moon)

No es fácil de explicar el efecto Bogdanovich. “Luna de papel” es una comedia pero no lo es. Las situaciones son jocosas, pero el marco no. La lánguida fotografía y el polvoriento pueblo texano en el que un estafador de poca monta pretende colocar sus biblias a viudas, provocan una tristeza similar a la lograda en “The Last Picture Show”. El Bogdanovich cinéfilo emerge, hay mucho Chaplin en las andanzas del buscavidas Ryan O’Neil y la niña que se le adosa (su hija Tatum). Y es que el perdedor está predestinado, haga lo que haga, a seguir un camino repleto de socavones.

En plena depresión, Moses, timador de baja estofa, se hace cargo de una avispada huérfana que pretende visitar a una tía. Tras descubrir que ha sido engañado por ésta, la convertirá en improvisada socia de sus fechorías. Sobrevivir es un reto siempre difícil de lograr y no hay tregua para el que carece de red en su camino por el alambre.

… después, ya en la medianoche, la luna estaba en todo lo alto y era blanca… y el hechizo se esfumó. Luego leí que los americanos pretenden regresar a la luna sobre el 2020; que los chinos y los rusos quieren hacerlo en 2025; que los japoneses lo están pensando seriamente y ya se han marcado una fecha, sobre el 2030 y que los europeos pretenden hacerlo cinco años más tarde. Con lo tranquila que estaba ella sin tanto pretendiente. Será cosa de la conjunción astral.

… Así tradujo alguien el nombre de aquel grupo de los noventa: The Pleasure Fuckers.

Pero no, en realidad este posteo trata de un ranking cinéfilo de lisiados. Lisiados de cine. Tipos a la que generalmente la guerra convirtió en menos validos, hipocresía social que señala al diferente.

Desde que regalaron los zapatos a Van Johnson en “Treinta Segundos Sobre Tokio”, el cine ha utilizado la figura del lisiado en todas sus proporciones. Sin orden concreto, éstos son algunos de ellos…

Homer Parrish (Harold Russell) – “Los Mejores Años de Nuestra Vida”

William Wyler quería un autentico veterano de guerra para interpretar el papel más ingrato de su obra maestra. Su visión fue crítica pero amable. La lastima se tornó en comprensión cuando la desesperación del que ha perdido las manos se hizo manifiesta. Los demás le veían como un monstruo, así que Homer se comportó como tal, hasta que Cathy O’Donnell (su prometida) comprendió su dolor. Lo demás es historia. Su facilidad para romper ventanas con los ganchos, también…

Johnny Bonham (Timothy Bottoms) – “Johnny Cogió su Fusil”

En su primera y única incursión como director, Dalton Trumbo adaptó su propia novela para denunciar los horrores de la guerra. Echó mano de la sutileza al utilizar un soldado que ha perdido todos sus sentidos en combate pero que mantiene intacto su cerebro. Mediante flashbacks asistimos a las horas previas a la partida del soldado. También hay alegorías religiosas que permiten a Trumbo dibujar las circunstancias del protagonista. Una gran película y un lisiado excepcional que no le hizo ascos a las relaciones sexuales. Y es que un escorpión es siempre un escorpión.

Dan Taylor (Gary Sinise) – “Forrest Gump”

El teniente Dan nunca tuvo suerte: Primero colocan a Forrest Gump en su unidad y luego éste le salva la vida además de compartir cama contigua a la suya en el hospital. Y es que el teniente siempre creyó que vivir sin piernas no era vivir. Tuvo que perdonarse a sí mismo para que su vida adquiriera sentido. Se acabaron las fulanas de diez dólares y las sillas de ruedas. Tras su redención llegaron las piernas de titanio y una esposa vietnamita. Qué ironía.

Steven (John Savage) – “El Cazador”

La verdad es que Steven siempre fue un tipo desequilibrado. Ya el día de su boda tres gotas de vino cayeron sobre el vestido de la novia, mal presagio. Se le fue la pinza durante el duro cautiverio, a cualquier se le hubiera ido, pero es que siempre fue un gregario de Michael y Nick. A la hora de beber, su cerveza estaba menos fría; a la hora de cazar, su pieza se escapaba; a la hora de ser evacuado en helicóptero, él era que se caía, y encima, en una piedras. Cimino evitó conciertos de violín y convirtió su vida después del accidente en un infierno compartido por su esposa. Steven perdió dos piernas y un brazo. Nick la cabeza. Michael la inocencia. Todos pierden, el venado gana…

Mathilde (Audrey Tautou) – “Largo Domingo de Noviazgo”

Mathilde se quedó coja cuando era niña. La culpa fue de la polio. Desde entonces se convirtió en un hermoso patito feo que solo fue reconocido como cisne por Manech. Su historia de amor es inmortal. Nada, ni la muerte, puede separarles. Por esa razón, Mathilde se embarca en una búsqueda desesperada de Manech cuando éste “muere”. Y no digo más…

Por cierto, su cojera (cinéfila como pocas) está lejos de impedirle dar carreritas en busca de su amado. Ni un Fórmula 1 se le podría equiparar. Y sí, también me enamoré de la Tautou en “Amelie”, por supuesto, pero es que al interpretar a la obstinada Mathilde me robó el corazón para siempre.

Luke Skywalker (Mark Hamill) – “El Imperio Contraataca”

Que tu propio padre te arranque la mano de un espadazo luz debe marcar. Pero en una época en la que los antebrazos binarios son una ventaja, hasta habría que darle las gracias. En la tercera (o sexta) entrega de la serie Darth Vader probó su propia medicina. Momento cumbre de la serie sólo superado por aquel Shakespiriano: “Luke, soy tu padre”.

James Apperson (John Gilbert) – “El Gran Desfile”

Hacía once años que la guerra había terminado pero había cicatrices aún abiertas. Los hedonistas y locos años veinte se apresuraban a cerraras mientras en Alemania la gente se moría de hambre. Dos tonos en un mismo cuadro.

James se fue a la guerra entusiasmado, conoció su significado, la aborreció y volvió convertido en héroe… con muletas. Su novia no le dio importancia y comieron perdices porque King Vidor (el director) no quiso hacer sangre, bastante se había derramado ya. Eso sí, recibimientos tan efusivos como el que recibió John Gilbert ya los quisiera yo para mí.

Luke Martin (John Voight) – “El Regreso”

Estar en silla de ruedas y levantarle la esposa a todo un capitán del ejercito tiene mérito, ya lo creo. Sally (Jane Fonda) conoció a Luke (John Voight) en un hospital de veteranos, mientras ella trabajaba como voluntaria esperando el regreso de su marido. Se enamoraron y nació el drama. El odio por la guerra de Vietnam y sus consecuencias casi pasan desapercibidas con semejante panorama. El retorno a casa del marido de Sally desencadenará tantas reacciones como las que en su día provocó la continua imagen de Jane Fonda sentada en las rodillas de un parapléjico. Qué escándalo…

Joon (Mary Stuart Masterson) – “Benny y Joon” 

Joon (Mary Stuart Masterson) está como una cabra, pero es que Sam (Johnny Deep) está peor. Separados no funcionan, juntos sí. Lo mejor que se puede hacer es permitir que estén juntos. Muchos no consideran la enfermedad mental leve como una minusvalía, y tal vez no se equivoquen, porque hay que ver con que habilidad usa los bancos del parque Sam. Pero es que ver a Joon sufrir una crisis, no es agradable. Supongo que ver la peli (ahora que han pasado los años), tampoco. Habrá que repescarla un día de éstos… Y habrá que saltar los bancos del parque. Todo sea por no olvidar que alguna vez fuimos niños y por ende locos.

René (Olivier Gourmet) – “Nacional 7”

Hace algún tiempo, una mujer con algún tipo de parálisis reclamaba en un documental su derecho a amar: “Todos tenemos derecho a conocer el amor”, es una de esas frases que se te quedan grabadas independientemente de quién sea el que la ha pronunciado. Su novio también era minusválido. Realizaban encuentros sexuales en un hotel, lejos de la mirada de sus compañeros de residencia. Para la sociedad, el sexo entre personas con algún tipo de minusvalía no existe, es como el sexo entre los padres: simplemente no ocurre.

El director francés Jean-Pierre Sinapi quiso acabar con estúpidas hipocresías denunciando en su película “Nacional 7” esta situación. Los que están paralizados (como Johnnie y su fusil) también tienen impulsos sexuales. Su película narra la relación del gruñón René y su enfermera con el trasfondo de la necesidad del contacto humano. No entiendo esa manida frase del cine necesario, las películas son buenas o no lo son. “Nacional 7” es incisiva en su denuncia y excelente en su forma. Que tomen nota los creadores de la vomitiva “Va a ser que nadie es perfecto”.

Sarah Norman (Marlee Matlin) – “Hijos de un Dios Menor”

La verdad es que la sordomuda Sarah (Marlee Matlin) era bastante popular. Además de ser muy atractiva se acostaba con todo el mundo, y ese un buen modo de convertirte en popular. La llegada de James (William Hurt), nuevo profesor de dicción, fue un reto para ella. Como reto fue tragarse semejante bodrio para los incautos que vieron la película dirigida por Randa Haines. Además, terminaron acostándose, osease que Sarah aumentó su nómina. Después ella se enamoró de él, y eso no entraba en los planes.

Prescindible melodramón que utiliza con descaro la minusvalía física para dar pena. La gran beneficiada fue Marlee Matlin, que ganó un Oscar y consiguió una carrera estable dentro de la televisión y el cine. Luego fue a recogerlo vestida de bibliotecaria empollona y perdió gran parte de su crédito. En fin.

Por cierto, guapa y sordomuda. José Coronado (el señor del bífudus activo que se cree actor) debe estar en éxtasis. Y es que la mujer perfecta es la que no habla, ¿verdad?. Qué buen chiste, me descojono de la risa…

Pues sí. Vuelvo por tercera vez al posteo más exitoso que ha generado este lugar (con permiso de las estrellas porno muertas y los alegres penes). Y es que dos tetas tienen, sobre el género machuno, un poder ilimitado que desconocen. Doy fe de ello y no tengo, pues hace unos días, al colgar en el flickr algunas fotos que ilustrasen como son los días en el valle de San Fernándo, me encontré conque una de las fotos subidas acaparaba 30 vistazos antes de que estuvieran las demás cargadas. Cuestión de segundos. Hubo incluso quien la marcó como favorita. Insisto en lo acertado de aquel viejo refrán de las carretas…

Para empezar, echen un vistazo a este vídeo…

No, la supermodelo Heidi Klum no se ha vuelto loca. Está promocionando un evento creado para las mujeres pero pensado para los hombres. Los tipos de Victoria Secret no necesitaron demasiado tiempo para darse cuenta de que sus catálogos y sus desfiles son consumidos por más hombres que mujeres. La Klum sólo está dando a la audiencia lo que quiere.

Como hace Jenny McCarthy. Aquella chica playboy metida a actriz, es además muy célebre en los States gracias a sus apariciones televisivas y su mala lengua. Contó la McCarthy en una ocasión como Steven Seagal le sometió a un casting muy “especial” en la habitación de un hotel. No había asistentes, ni otras aspirantes al papel que ella misma. De hecho, por no haber no había ni cámara. Ante la petición de que le mostrara sus pechos (se veía venir) la mosqueada McCarthy se negó. Y lo hizo a su manera: “Si quieres verme las tetas compra el Playboy”

Por entonces, la McCarthy estaba casada con John Mallory Asher, el desgarbado rubio de la pareja de pardillos de la serie televisiva “La Chica Explosiva”. Remake para la caja tonta de la película de John Hughes. Él, metido a director, no perdía ocasión de colocar a su chica en los castings de sus películas. Ella, siempre hablaba de él con respeto y cariño. Se separaron hará un año. Y hoy cobra sentido el letrero de aquella camiseta húmeda que lucía la McCarthy en un reportaje del FHM yankee…

Jenny se operó los pechos a los veintipocos años. Decía eran tan pequeños que le hacían sentir insegura. Todo lo contrario de lo que ocurre en Japón. Allí lo pequeño manda. Están obsesionados con las cosas diminutas (por algo será). Así que, al ver este vídeo, se puede acusar a los chicos de “Family Guy” de cualquier cosa menos de faltar a la verdad…

Ya decía yo que era raro no ver nunca a una japo exuberante.

En occidente no tenemos tantos prejuicios. Al contrario, cuanto más grande mejor. La mujeres de pecho generoso son tan veneradas como en lo fueron en la prehistoria. Y si enseñan sus protuberancias mucho mejor. Siempre que no sea la pareja de alguien, por supuesto. En ese sentido las estrellas porno juegan con ventaja. Alimentan fantasías a través de un cristal y no tienen a nadie con quien justificarse. Por ello, no faltan las convenciones “adultas” en la que aparecen unas cuantas vistiendo su uniforme de trabajo…

Y es que se suele decir que la mujer soltera utiliza los escotes para atraer al macho en celo. Sea o no cierto, lo que si parece verdad es que las mujeres con matrimonios infelices suelen olvidar la función de los sostenes. Y prefiero mirar hacia otra parte al ver a Katie Holmes, señora de Cruise, despendolada de tal guisa…

En la versión gorda de la foto, se puede ver incluso la línea de sus senos. También se la ve muy desmejorada. ¿Le dará Tommy mala vida?.

Sin problemas en el campo de la buena vida parece desenvolverse Uma Thurman…

Además del clon de Boris Becker morreándose por detrás y del tipo con gafas (¿Fisher Stevens?) señalando el balconazo de la Thurman, esta foto se hizo tremendamente popular a causa del estado etílico de la rubia actriz. En plan bíblico, sólo añadiré que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y se podría empezar con el militar canadiense que sigue con suma atención el discurso de una reportera televisiva…

Eso es concentración, sí señor. Con diez tipos como éste nuestras fronteras están seguras. Si le pregunta que estaba diciendo la reportera, seguro que hubiera contestado: ¡¡pezón!!

Y es concentración la cuestión principal si eres tenista. El noble deporte que inventaran los ingleses en el siglo XIX requiere de mucha concentración, potencia, colocación… y un buen escote como el que luce con frecuencia la tenista Bethany Mattek. Demasiado para un recogepelotas en plena efervescencia sexual…

Ella parecía buscar cierta complicidad tras perder un punto, pero no parece demasiado molesta del escáner al que está siendo sometida. Después del partido, la foto levantó una polvareda semejante a la que lo hizo su colega Elena Dementieva en el Master de Madrid de 2006, cuando acusó a un recogepelotas de estar mirándole el culo durante el partido. Como consecuencia, se prohibió a los chicos de pista que mirasen a las tenistas en el trascurso de los puntos. Y si quieren hacerlo, que se vayan a la grada, que al público no le prohíben mirar… todavía.

Los instintos son difíciles de controlar, la verdad. Y es que, si eres un hombre es ver una teta y ponerse a babear. Todo lo contrario de lo que le ocurrió a Andy Rodick al ver a un paparazzi haciéndole fotos a él y a su entonces novia, la actriz Mandy Moore…

Ahí está, agarrándole el pecho izquierdo como el que dice: “Esto es mío, qué pasa”. Y no se pierdan la expresión de ella, pero que coño style. Andy nunca será el sucesor de John McEnroe, pero, a juzgar por su vida fuera de pistas, podría serlo de Lorenzo Lamas, rey de las camas…

Hay momentos buenos, hay momento malos y hay momentos para el desbarre. Chewbacca lo tiene claro, casi tanto como Carrie Fisher. Ambos se unieron para gastar esta broma durante el rodaje de la segunda entrega de “Star Wars”. Inspirándose en él, y tal vez por aquello de dónde hay pelo hay alegría, decidieron que esta pose era la adecuada para dejar claro de una vez que un wookie también tiene sus impulsos. Puede que las pausas fuesen aburridas, siempre lo son, pero lo que es seguro es que ellos sabían aprovechar su tiempo.

Y es que las manos siempre van al pan y esta entrega acaba aquí.

Bueno, este posteo es más viejo que la tos. Lo colgué un 23 de diciembre de 2005. Echando en vistazo a mi viejo blog me encontré con él y pensé que no desentonaba demasiado en las fechas que corren. Así que, ahí va…

Nooo. No pienso vomitar toda mi bilis sobre Santa y sus renos. No odio la navidad (el decir esto públicamente hoy día casi equivale a ser políticamente incorrecto), me deprime como a casi todo el mundo, eso es todo. Me pone tonto. Y supongo que para eso (y para derrochar la paga de tres meses) fueron creadas. Asocio las navidades a la melancolía. Al recuerdo de días mejores. Pero como esto va de cine, he aquí 12 (in)olvidables fotogramas navideños. Intentaré ser original y no colocar más de dos o tres de las (películas) referencias estacionales obligadas…

Bueno… Supongo que todos tenemos una película fetiche. Esta es la mía. Hasta cinco veces fui a verla (a un cine que ya no existe) en aquel verano del 93. La taquillera, al verme acercarme a la ventanilla, ya tenía preparada la entrada para sala dos. Era muy joven y estaba enamorado de Marisa Tomei (de hecho, aún lo estoy), además de sentirme identificado con el prota… En fin, vista objetivamente, la película con suerte llega a correcta. Pero yo soy incapaz de ver las cosas objetivamente.

LA ESCENA:

Es nochevieja. Adam (Christian Slater) espera sentado en el porche de la casa de Caroline (Marisa Tomei), a pesar de haber sido invitado. Caroline le ve por la ventana y sale a buscarle…

Caroline: “¡¡Estás aquí!! Pero por qué no has entrado a cenar… con unos completos extraños (sonríe)”

El estallido de un cohete les ilumina, es año nuevo. Se besan tímidamente y se acomodan en el banco de madera para observar los fuegos artificiales.

Habitualmente se la considera una película menor del maestro Minelli. Habitualmente la crítica más sesuda se equivoca.

LA ESCENA:

El padre de Eddie (Glen Ford), abandona la fiesta de año nuevo para ver cómo se encuentra su hijo. Al subir a su cuarto, le encuentra dormido junto a la ventana. Le recoge suavemente y le acuesta en el momento justo en el suena el “Auld Lang Syne”. Mientras, el cielo se llena de polvora.

Cuando una peli tan cruel es considerada cursi, la única explicación que se me ocurre es la miopía global de estos tiempos. Una obra maestra, no digo más…

LA ESCENA:

El inolvidable sonido de la caja registradora del bar de Potterville que reparte alas de ángel indiscriminadamente ante el etílico jolgorio general.

En una ocasión, escuché ésto sobre la película: “La dirección es plana, su guión predecible, su trama fútil… Sin embargo funciona. Es más, son los universitarios, gente con un nivel de preparación superior, la mayoría de público”. Evidentemente el tipo que lo dijo era un imbécil, aparte de un snob. Por no hablar de su desconocimiento absoluto de la naturaleza del universitario hispano. Pero tenía razón en algo… La película funciona.

LA ESCENA:

Tras pasar varios días juntos, Jack (Bill Pullman), el desconfiado hermano del durmiente Peter, acompaña a Lucy (Sandra Bullock) a su apartamento. El piso helado, convierte el trayecto en una sucesión de caídas y risas cómplices… Al despedirse, Lucy se vuelve para ver a Jack marcharse, éste a su vez, hace lo propio unos segundos después cuando Lucy ya no está… Acaban de darse cuenta de que se han enamorado.

Película de referencia para toda una generación. Posiblemente la mejor comedia de la década. Guión redondo de Nora Ephron y dirección a la altura de un maestro nunca suficientemente reconocido, Rob Reiner.

LA ESCENA:

A pocos segundos del fin de año… Harry (Billy Crystal) y Sally (Meg Ryan) caen en la cuenta de lo mucho que se necesitan y atraviesan la ciudad corriendo el uno en busca del otro.

El cualitativo canto del cisne de Pollack difícilmente será superado. Su admirable contención esconde la pasión más pura. Para algunos no llega a la altura de la novela de Karen Blixen. Siento disentir.

LA ESCENA:

Denys Finch Hutton (Redford) se encuentra acompañado por una joven durante la celebración de la nochevieja en las calles. Allí se encuentra con Karen (Streep) a quién saluda cálidamente. Se despiden tras intercambiar algunas frases, hablan de la guerra. Karen le observa con tristeza. Finch Hutton lo hace después. Dos barcos que se cruzan en la noche. Siento tan pobre exposición, es una escena muy triste dificil de describir.

Poco que decir sobre otra obra maestra de Chaplin. El vagabundo perdedor sigue su rumbo entre mineros, amores imposibles y botas comestibles.

LA ESCENA:

Es nochevieja. El vagabundo observa a través de una ventana la magnifica mesa que un numeroso grupo de personas ha preparado. Tras unos segundos, sigue su camino.

Lo más terrible que podía ocurrir en el año 47 era que alguien no creyese en Santa Claus… Y puede que Kris Kringle no lo sea, pero se le parece tanto…

Que triste destino esperaba a aquella preciosa niña (Natalie Wood).


LA ESCENA:

Susan (Natalie), intenta convencer a su madre (Maureen O’Hara), de que Kris Kringle (Edmun Gwenn) es Santa Claus.

Susan: “Ves… Ha hablado en holandés con esa niña”

Doris: “Hija. Yo sé hablar francés. ¿Soy acaso Juana de Arco?”

A día de hoy, sigo pensando que Robert Zemeckis no es consciente de la alambicada complejidad de su película. Se puede interpretar de tal cantidad de formas, que dudo seriamente de que la peli que vi yo, sea la misma que construyó él.


LA ESCENA:

En un cochambroso bar, el teniente Dan (Gary Sinise) y Forrest (Tom Hanks) celebran la nochevieja acompañados por dos fulanas. Al llegar la medianoche, el lisiado teniente eleva su copa y musita en voz muy baja (sin que nadie se percate de ello): “Feliz año nuevo…”, entre el estruendo, los besos y el alcohol.

…Y Phoebe Cates se convirtió en la fantasía de todos los que crecimos en la década de los ochenta. La peli… entrañable. Qué tiempos cuando Joe Dante aún tenía cosas que contar.


LA ESCENA:

Kate (Phoebe Cates), recuerda el motivo por el que odia la navidad: La estúpida muerte de su padre cuando éste intentaba bajar por la chimenea disfrazado de Santa.

En la segunda parte, también lo contó… en otro tono.

Los Griswold vuelven a la carga (por tercera vez) en esta peli, convertida en un nuevo clásico (televisivo) navideño. Yo me reconozco fan fatal de esta familia tronada. Tengo sus cuatro películas grabadas (incluso la cuarta, que es penosa) y cada navidad, mi hermana pequeña y yo, hemos convertido en tradición verla. Conocemos cada gag y cada línea de diálogo, aún así, siempre terminamos desparramados por el sillón con dolor de barriga provocado por las risas. Al fin y al cabo de eso se trata, de ser feliz.

LA ESCENA:

Por decir una…

Ellen (Beverly D’Angelo) recibe la inesperada visita de su desastroso primo (Randy Quaid)…

Ellen: Bienvenidos a nuestro hogar… ¿Cuándo os vais?

Estimable telefilm que supongo rechazó Antena 3 por superar la media de calidad máxima permitida por la cadena. Terminó pasándolo la 2 una madrugada de la pasada navidad. Empecé a verla con la intención de irme pronto a la cama y terminé acostándome a las cuatro. Me gustó…

Cuenta la historia de una desencantada ejecutiva literaria (Ally Walker) que recibe la visita de una especie de fantasma de las navidades pasadas, encarnado en ella misma siendo niña. Al tiempo, un extraño manuscrito cae en su mesa. Las continuas apariciones de su fantasma, ese libro y el tipo que lo escribió alterarán su frágil equilibrio.

LA ESCENA:

A la vuelta del trabajo, con las calles envueltas en el ruído de la navidad, Susan (Ally Walker), enciende el ordenador y se conecta a un chat. La camara retrocede para mostrarnos la terrible soledad de su estampa frente a una pantalla en una casa vacía.

Es todo. Feliz 2008 para todos los que se perdieron alguna vez por este lugar.

Decía el escritor Francisco González Ledesma, no hace mucho, que como abogado sentía como suyo el dolor de las víctimas. Para él, la justicia no existe como tal, puesto que las víctimas nunca son reparadas. Una muerte es irreparable como lo es una lesión permanente. Los asesinos, mataesposas, violadores, psicópatas, pederastas y demás, sufren penas de guasa que un sistema penal de pandereta considera ajustados. Decía Ledesma que no resulta extraño el ver a un asesino en libertad al cabo de dos o tres años de realizado su crimen. Añadía, el escritor, que la mayor parte de sus defendidos le provocaban vergüenza ajena. En especial los millonarios y las multinacionales. Es por ello que necesitaba escribir para mantener cierto grado de cordura. Así nació el comisario Méndez…

Generalmente tendemos a recrear una justicia propia. Pensamos que el asesino de ETA es más asesino que el tipo que prendió fuego a otro en una parada de autobús. Creemos que el asesino (o asesinos) de Ciudad Juárez, estaría mejor muerto pero nos da igual que el psicópata que mató a tres tipos salga de la cárcel al cabo de solo un lustro. Y preferimos dar crédito al que mata en detrimento del que viola. Es así, pensamos de modo desigual a la hora de valorar el crimen y el castigo.

En el cine, los justicieros nacieron con vocación de defender al débil frente a los abusos del fuerte, pero terminaron convirtiéndose en parte del problema. Básicamente, porque su sed de sangre parecía ser superior a la de justicia. Pero no siempre fue así, y no todos los que siguen fueron adecuadamente valorados, en cualquier caso, éste es mi personal top ten de justicieros…

JOSH RANDALL

O Chi Norri, para sus fans menos versados en la lengua de Wilde. No pertenece al grupo de los que disparan antes de preguntar, pero no es por falta de ganas. Prefiere largar una de sus míticas patadas voladoras y que el malo le dure lo suficiente antes de entregarle, por supuesto, que ahora está del lado de la ley. Hubo un tiempo en que sus películas (siempre grimosas) tenían ínfulas de grand auteur. A esa época pertenece su mítica “Marcado para Morir”, en la que además de una secuencia inolvidable frente a un neón escrito en chino, nos encontramos con un Norris justificado en su venganza tras la muerte de su novia y su mejor amigo. Pero esto ocurrió en los 80, y ya cae muy lejos…

JOHN COBRETTI

Y para grimoso qué mejor que el teniente John Cobretti, alias Cobra. Si te los puedo entregar muertos para qué coño los quieres vivos, sería su lema. Un maestro del mal del lado de la justicia que heredó los mohines de Sonny Crockett e impuso la ley de su UZI de mano con mirilla láser. Justicia callejera y chulería mal enfocada en un subproducto ínfimo que pertenece a la época más oscura de Sly.

DAVID SUMMER

¿Podría un cordero convertirse en lobo? La respuesta para Peckinpah es sencilla: sí. Coge a un escritor manso y somételo a todo tipo de vejaciones que incluyan la violación de su casquivana esposa, y veremos qué ocurre. El director quiso indagar en el origen de la violencia. Para él, todos somos capaces de convertirnos en asesinos si se tocan las teclas adecuadas. Así lo hizo con el personaje de Hoffman antes de convertirle en una fiera ansiosa de venganza. Una joya del cine, poco comprendida en su día, que el tiempo ha convertido en poco menos que una broma.

Juez DREDD

Stallone le interpretó en el cine, tratando de recuperar una carrera que se hundía, pero el que realmente me interesa es el cómic. Fascistoide, renegado, implacable… el juez Dredd lleva tres décadas reinando en el universo dibujado. No tiene ni moral, ni escrúpulos, ni conciencia política definida, lo que le permite juzgar y condenar a sus reos en cuestión de minutos. Cruza la calle indebidamente y el juez Dredd te pegará un tiro. Su código moral es así, guste o no. La ley está para cumplirse y el ciudadano para cumplirla. De sentido del humor, ni rastro…

AVNER

Hay mucho dolor en el “Munich” de Spielberg. Dolor por la paz que nunca existirá sin justicia, y por la justicia que nunca aflorará sin paz. Es la pescadilla que se muerde la cola. Justo igual que eterno conflicto árabe-israelí. Spielberg es conciliador, pretende el perdón para conseguir el milagro de la paz, pero el perdón es escurridizo. Hay demasiado rencor ahí afuera. Avner fue una de las cabezas de la operación de venganza que planificó el gobierno Israelí tras la matanza ocurrida en la Villa Olímpica de Munich. Fueron varios los comandos dedicados a exterminar a todos los que participaron en el asalto. Uno de ellos es el comandado por Avner. Sus dudas, la sensación de que la víctima se ha convertido en despiadado verdugo y las tribulaciones de su equipo, marcarán el ritmo de una odisea que le destruirá como hombre. Una obra capital discutida en su día pese a la gran frialdad conque están retratados los hechos.

DAREDEVIL

Stan Lee no fue muy sutil a la hora de inventar este abogado ciego. La justicia es ciega ¿no?, pues hagamos abogado al niño ciego que, una vez consciente de que la justicia casi siempre pierde su pulso con los malos, tomará el camino del hágalo usted mismo para resolver entuertos. Ve algo, no mucho, gracias al ecolocalizador, lo que en ocasiones le permite enfrentarse a los malosos cara a cara. Pero éstos son persistentes en su afán por hacer el mal. Como los constructores de la costa del sol, vamos. Un buen cómic (era de mis favoritos) y una pésima película para un superhéroe “limitado” en sus funciones.

LA NOVIA

Es jodido que el día de tu boda te apaleen hasta la muerte y encima se lleven a tu hija. La venganza se convirtió en su razón de ser desde antes de renacer y el modo de ejecutarla en un cuidadoso arte. Para La Novia no hay ayer, sólo mañana. El día en el que las vísceras de sus enemigos cuelguen de la puerta de su coñoneta. Feliz cacería.

STEVEN R. HARDIN

Ser juez y ver cómo los malvados pasan por tu tribunal de modo impune es más de lo que este idealista juez de la corte suprema puede aceptar. El mundo es un lugar inhóspito, pero eso va a cambiar desde ya. Cambiemos las togas por chupas de cuero con clavos y las mazas por pistolones a juego. Se acabaron los tecnicismos jurídicos. A partir de ahora, la justicia se impartirá en las mismas calles… Pese a sus trampas y su increíble argumento, la película es entretenida. Viéndola, se nota que los setenta fueron años duros en las calles de los States. Escribe y produce el antiguo mandamás de la Paramount. Por si quedaban dudas…

Inspector HARRY CALLAHAN

Olvidemos el evidente símbolo fálico del Magnum, porque “Harry el Sucio” es mucho más que un policíaco. Es una obra maestra del género que, además de provocar mil secuelas, renovó el lenguaje cinematográfico empleado para narrar historias tan duras. En su día se le consideró el paradigma del neofascista. El facha que utiliza las pistolas para hablar. Pero el tiempo jugó en su favor concediéndole la razón. Y aunque sea ya en la vejez, ya nadie se acuerda del tipo que paseaba por Carmel con las pistolas en cartucheras. Prefieren recordar al anciano que criticó la intervención americana en Irak. Verla supone un duro trago de nostalgia para los que crecimos en los ochenta. Para otros, sin embargo, supone un ejercicio de amnesia…

PAUL KERSEY

Bueno, otro que tal baila con el pistolón… Un aciago día Charles Bronson, muy conocido por sus interpretaciones en clásicos como “Los Siete Magnificos”, aceptó el papel de Kersey en “Death Wish” de Michael Winner. La competente factura de la película perpetrada por el mediocre director sorprendió a todos. Su mensaje más aún. “El Justiciero de la Ciudad”, su título en España, cuenta la historia de cómo un ciudadano normal se convierte en una alimaña para vengar la muerte de su esposa e hija. Se ha dicho de todo sobre la saga y en lo que terminó convertido Bronson después de aquello. Y todo se queda corto. Kersey siempre elimina al malo y salva al bueno. Kersey nunca comete atropellos contra quien no los merece. Kersey es el hombre… y demás gilipolleces. Lo cierto es que hizo realidad las fantasías del mindundi medio a la hora de tomarse la justicia por su mano y aquello le convirtió en leyenda. La primera entrega se puede ver sin demasiada dificultad, las siguientes apestan. Y no se trata del mensaje sino de la manera de contarlo. Algo así como: El terror está en las calles, combatamoslo. Pues eso… a combatirlo.

¿Qué sería del mundo sin marcianos? La verdad es que no quisiera saberlo. Los hay de toda clase y condición: Cíclopes, pobres como una lata y aficionados a respirar metal. Las razas extraterrestres dan mucho juego y aquí estoy yo para reivindicarlas. Éstas son, sin orden y a mi discutible juicio, algunos de los mejores alienígenas que han pasado por el planeta azul.

Mister SPOCK

El señor Spock sí que sabe. Cejas afiladas que perfilan un reluciente flequillo negro, ojos inquisitivos, actitud perdonavidas. Un héroe para la eternidad si no fuera porque el famoso pellizco paralizante no funciona más allá de “Star Trek”. Y él no se dio cuenta hasta que tenía medio deshecho el decorado de la serie. Aisss… quién pudiera vivir de sueños galácticos…

Príncipe VULTAN

Por si fuera poco mérito el aguantar a Flash Gordon, encima tuvo que soportar que él y sus chicos alados fuesen imaginados como bisexuales alemanes por el dibujante del cómic y más tarde en la película producida por De Laurentis. Tremendo lastre para un tipo que molaba, como bien se lo hizo saber Freddie Mercury, quien le dedicó su “Vultan’s Theme” en tan aciaga producción de la que tan sólo se salvaría su gloriosa banda sonora (puro kitsch made in Queen), los mohines de Timothy Dalton y las fotos en pelotas que se hicieron Sam J. Jones y Ornella Muti durante el rodaje.

KAL-EL aka SUPERMAN

Oh, Dios, qué grande es. Todo el mundo parece odiarle últimamente, lo que provoca que le quiera aún más. Es indestructible, por supuesto, pero pocos se han dado cuenta de la terrible soledad que arrastra el único de su especie vivo. Sí, luego aparecerá Supergirl por allí y toda su banda, pero él seguirá solo, unido umbilicalmente a Lois Lane, la única capaz de entenderle. Le falta mala hostia, cierto, pero él es así, prefiere darse un voltio por la troposfera a volcar un puente. Su destino es su estigma. Su amor por el ser humano, su perdición; pues nunca será recíproco más allá de la necesidad de él que sienten los mortales. Y tal vez el mundo haya aprendido a vivir sin Superman, pero él sigue sin saber que coño hace en un mundo que no es el suyo. El cómic es otra historia, más salvaje desde que renació. Un clásico a reinventar continuamente.

STARMAN

Aterrizó desde el espacio exterior en una granja de Wisconsin, se enamoró de una joven viuda (Karen Allen, nada menos), conoció lo mejor y lo peor del ser humano, y ale a vivir, aunque sea en otro planeta. Sólo John Carpenter daría vida a semejante argumento. El alienígena pertenece a la estirpe que llegó de la mano del E.T. de Spielberg: sanote, con pinta de no haber roto un plato en la vida y más inocente que Tintín. Perfecto material para que los chicos malos del gobierno le quieran trocear para bien de la raza humana. Además, adoptó la forma de Jeff Bridges, que tonto no era, y, oye, no quedó mal…

MARCIANOS de “Mars Attacks!”

Escucharles hablar es como oír a Enriquito Iglesias entonando. Y a pesar de ello, qué buenos son, precisamente por la mala hostia que gastan. Vienen en son de paz, tan sólo quieren volatilizar a los ingenuos que se crucen en su camino. Se salvarán los virtuosos y los malos caerán (que dirige Tim Burton), así que mucho me temo que Falete está condenado. Todo lo contrario que Tom Jones, uno de los salvados gracias a la genialidad de Lukas Haas: Los sonidos agudos les hacen literalmente estallar. Y la humanidad se salvó… Otra vez será, muchachos…

ALIEN

Y hablando de mala leche, no se pierdan a éste. Todo un icono de cualquier generación. Su grandeza radica en su ausencia de sentimientos. Ni Ripley se llevaría uno de sus abrazos mortales. Eso sí, está de mono cuándo Mel Brooks le hace cantar y bailar. Sería una mascota ideal si no fuera por su tendencia a comerse a su dueño. Un gran alienígena y una gran película que tuvo continuaciones más que potables. Hasta que llegó la última: “Alien versus Predator”. Joder, qué manera de cargarse dos mitos de una tacada…

BO y ABE

Procedentes de una serie de televisión mítica que, por supuesto, sólo tuvo una temporada para manifestarse. Bo y Abe vinieron del espacio exterior para estudiar en Oxford, pero decidieron que aprenderían más de los humanos (especialmente de las humanas) si seguían su propio plan de estudios consistente en agenciarse un viejo Chevy y recorrer los States con una patrulla del gobierno pisándoles los talones. Bo era un salido y Abe un puritano en continua lucha interior. Una pareja perfecta que solo podía terminar en la mansión Play Boy. Allí encontraron la razón de su existencia y sus medias naranjas, evitaron una invasión extraterrestre de marcianos hostiles y la serie fue cancelada por su baja audiencia. Qué pena. Aunque siempre nos quedará Bo apostillando a una mujer que le acaba de abofetear y llamar degenerado un “Gracias”. A vosotros…

MARVIN el Marciano

Nada, que no, que se pasará toda la vida persiguiendo al maldito conejo Bugs por los cráteres de Marte. Un metepatas profesional obsesionado por la caza del conejo (todo un homenaje Freudiano), obsesión que comparte con otro tuercebotas, esta vez humano, llamado Elmer. Es como el Coyote, pero en versión torpe. No hay manera de que capture al maldito conejo por mucho que ponga sus malévolas neuronas a trabajar. Y es que, cuándo lo hace, el resultado es aún peor. Un mito, vestido ridículamente con casco romano, a la espera de ser elevado a los altares que merece.

LRRR

Y hablando de mitos, ¿qué sería de “Futurama” sin Lrrr?, rey de Omicron Persei 8. Seguramente nada: que nos quedaríamos sin el fantástico episodio del Yeti, sin abogada soltera (¿quién iba a pensar que sería fan de “Ally McBeal”), sin el mejor relato de interés ambientado en el mundillo de los vídeojuegos de los 80, y mil cosas más. Indispensable gruñón al servicio de una serie memorable.

AMAZONAS

Y hablando de la memorable serie, ¿hay quién no recuerde a las amazonas?. Salen poco, es verdad, pero aprovechan sus minutos como nadie. Todo caderas, con 2 metros y medio de estatura, y con el cuerpo adornado de huesos estratégicamente situados, su “Yo querer kiki”, resuena aún en mis oídos. Son brutas con avaricia (mira que querer tirarse a Kiff), pero nobles de corazón… si lo tuvieran. Y es que hay que ser cafre para seguir los dictados de un ordenador gigante mujer que se deja camelar por Bender… Ay, Dios.

CYLONES

Podrían matar únicamente con el brillo de sus carcasas. Qué pulcros son, joder. Les sobran razones para exterminar a los humanos y para reclamar un mundo propio, pero no encuentran el lugar ni el momento idóneo. Eso sí, disparan de maravilla, que para algo son robots. Acabarían con los humanos en un pis pas si los guionistas les dejasen, cosa que no va a ocurrir. Lástima…

KLINGON

Además de feos con avaricia, son los malos de “Star Trek”. Sin embargo se hicieron tan familiares que terminaron por ser asimilados en el universo trekie. Convertidos en aliados de los humanos, siguen sin ser fáciles de mirar, por lo que es conveniente tomarse un par de cervezas antes de hacerlo. Y en el fondo son majos, con toda su perfidia encima. Les van los bigotes y las barbas largas al más puro estilo Fu-manchú, por no hablar de su fijación por la ropa de estilo mongol. Sin duda, como los japos, terminarán por extender su difícil idioma por toda la galaxia. Ya hay trekies que solo se expresan en él. Avisados están…

CHEWBACCA

Este wookiee del copón sabía lo que se hacía. Y si no, que se lo pregunten a la princesa Leia. Alto y peludo, sólo le faltaba ser gordo para formar parte del club Rodney Dargerfield. Además era gritón, malhablado y con una mala hostia que se olía a kilómetros. Un mito absoluto que dejaría en mantillas al mismísimo Han Solo. Tan sólo apuntarle en el debe su gran corazón. De poco servía que odiase a C3PO (como Dios manda) y sintiese cariño por R2D2 (a Jar-Jar Binks ni se dignaba a mirarle), le faltaba ese punto de mala leche que le hubiese llevado directo a lo más alto junto al crápula del capitán Solo. Pero tenían que tener corazón. Qué asco…

MORDISQUITOS

O Nibbles, si prefieren el original en inglés. Un buen tipo que usa pañales siempre será alguien a tener en cuenta. Y Mordisquitos lo era, a pesar de todo. Formaba parte de una raza superior a la que se encomendó la tarea de vigilar a los humanos (en especial a Fry) en espera de que llegase el momento de intervenir durante la invasión de cerebros gigantes. La razón contra el instinto. El deseo de destruirlo todo mediante el raciocinio contra la maldita manía de apegarse a las personas y a las cosas. Ganó él, pero los cerebros gigantes volverán. Mientras tanto ahí está… con sus diminutos pañales (incapaces de contener sus pesadas cagadas de materia oscura), su costumbre por devorarlo todo (independientemente del tamaño que tenga) y haciéndose pasar por idiota. Qué vida perra. En fin…

LA COSA

La verdad es que La Cosa no tenía forma, ni olor, ni color. Solo tenía una mala leche condensada que le servía para sobrevivir a toda costa. Se adaptaba a lo que veía, y no le iba mal, hasta que se encontró con el supermacho de Kurt Russell. Mucho hombre para tan poca “cosa”. Y luego dicen que los remakes son malos por sistema.

JABBA The Hutt

A él le debemos una de las visiones más icónicas de todos los tiempos: la Princesa Leia en bikini. Solo por eso ya merecería formar parte de la lista. Pero es que además, era un bastardo bon vivant que disfrutaba haciendo sufrir a sus numerosos enemigos. Le faltaba en movilidad todo lo que le sobraba en mala leche. Vivir reptando no se hizo para todo un villano como él. Además, congeló en carbonita a Han Solo, deudor eterno al que confinó en uno de sus palacios como atracción. Acabó mal. Se veía venir.

AMY

Bueno, no es exactamente alienígena, aunque terrícola no es. Nació en Marte, hija de terratenientes, lugar en el que fue feliz mientras fue niña, justo antes de perder tropecientos kilos y convertirse en una apetecible heredera. Es tan mona que no me es difícil imaginar a los tipos de la PA machacándosela con su imagen. Y es que está buena de narices. Tanto que sólo podía unirse (tras cientos de fugaces romances con tipos cachas) con Kiff, el pusilánime ayudante del Capitán Brannigan. Su cobardía esconde arrojo (de estar Amy de por medio) y la estupidez de Brannigan encuentra su contrapunto en el sentido común de Kiff. Pero es Amy el objeto del comentario. Aunque mejor que sea su imagen la que explique el motivo de por qué ha sido elegida.

PREDATOR

La máquina de guerra perfecta. Pesadilla de la contra centroamericana y Arnie Schwarzenegger. Otro bicho infernal capaz de acabar con la mafia antillana sin despeinarse. Le enfrentaron, además de con Arnie y con la mafia haitiana, con Alien, y casi mejor que vean el bodrio para saber quién ganó, si es que gano alguien. Lo cierto, es que es bueno del copón. Capaz de mimetizarse con el entorno para pasar inadvertido. A la próxima podrá con el austriaco venenoso. Y si no es así, acabaremos con él a base de esteroides.

Doctor ZOIDBERG

Otro pusilánime de medalla de oro listo para ser engullido por gafapastas varios. No tiene ni idea de medicina, pero es médico. La antítesis de la medicina, pues es pobre como una lata. Vendería a su madre por cinco pavos, pero sus remordimientos y su corazón (y tiene cinco) juegan en su contra. Acurrucable si no diese tanto asco.

E.T.

Y como colofón, sirva el más famoso de todos los alienígenas. El gran E.T. Aficionado a la cerveza tanto como a los teléfonos de juguete. Es bondadoso (con esos ojos no podría ser otra cosa), dicharachero (pese a lo limitado de su lenguaje) y asustadizo (pocos se hicieron pasar por muñeco con tanto acierto), lo que, unido a su habilidad por hacer volar bicicletas, le convierte en un ser de leyenda. Por cierto, la versión políticamente correcta de su peli, cambió los rifles de los polis por linternas… Stevie, otro ser de leyenda…

Es todo, sé que faltan y sé que sobran, pero es mi lista, y uno ya odia las listas lo suficiente. A los amantes de los clásicos le diré que en la próxima prometo colocar al bicho paterno de “Planeta Prohibido”. Hasta entonces, habrá que intentar pasarlo bien. Feliz finde.

A rebufo de Mycroft y su lista de LP’s imprescindibles editados en España, colgaré las que son a mi juicio cinco referencias que no deben faltar a jucio tercermundista de un simple aficionado a las letras cantadas en castellano.

No tienen orden establecido, simplemente están…

ALASKA Y DINARAMAMIL CAMPANAS

La elegancia de Carlos Berlanga unida a la contundencia de Olvido Gara. Lo mejor llegó en su época como Dinarama. Pop suave con actitud y la genialidad de Berlanga de fondo…

Dónde está nuestro error sin solución

fuiste tú el culpable o lo fui yo

ni tú ni nadie puede cambiarme

FAMILY – DAME ESTRELLAS O LIMONES

Sorprendente aportación al pop electrónico español de la mano de un dúo donostiarra que creo influencia a su alrededor. Su primer y único disco, Un soplo al corazón, reúne lo mejor del pop español y el inglés en un confluencia repleta del malditismo que seguiría para siempre al dueto vasco. Sus letras son frescas, su música intuitiva; Son grandes en el pequeño espectro que les dio cobijo. De hecho, son grandes en cualquier espectro. Pocos supieron cantar al amor de un modo tan inocente e introspectivo al tiempo. Un must total que le debo a Mycroft.

(No tienen fotos, mucho menos vídeos… Recurro a Niza, quien les homenajeó, y a ellos mismos para darles cuerpo)…

Quisiera estar junto a ti

quisiera ser un planeta

girando a tu alrededor

tú borrarías mis huellas

porque tu eres la estrella de mi corazón

surcando el cielo de nuestro amor

me gusta mirar tu cara graciosa cuando bebes limón

O ésta…

FAMILY – LA NOCHE INVENTADA

Dibújame una noche

llena de cohetes naranjas

yo te daré las estrellas

y tú las pintarás de plata

píntalo todo de plata… si nos vas a dejar

LOS SECRETOS – NO ME IMAGINO

Blandos o no, Los Secretos fusionaron gran parte de su universo con el mundo que les tocó vivir. Crearon y deshicieron a su antojo dentro del yermo panorama hispano que siguió a la movida. Su estilo apocalíptico puede ser tildado de grandilocuente por aquellos que buscan los tres pies al gato, pero Enrique Urquijo era honesto. Su frecuente oda a la caída fue una premonición de la suya propia. Estaba cantado, nunca mejor dicho…

No, no te hace gracia que me agarre tanto a ti

que necesite tu cariño para ser feliz

y que no encuentre otra razón para vivir

No, a mí tampoco me divierte estar así

pero qué quieres, me he perdido y ahora no sé salir

en ti he encontrado la esperanza que perdí

ooh, sí… no me imagino como podré estar sin ti

HÉROES DEL SILENCIO – AGOSTO

Fueron muy importantes aunque hace tiempo que dejaron de serlo. Su “Entre Dos Tierras” es un mito aún vivo, pero mejor que sea una de sus primeras canciones quien les represente. Pop-rock endulzado que se endurecería con el tiempo.

Una vez en la vida debo encontrar dentro de mí

una noche de Agosto

mi alma perdida que arrojé al mar

LOS PLANETAS – UN BUEN DÍA

Los granadinos son grandes. Muy grandes. Algún día se les dará el tratamiento que merecen… Cuándo se retiren, si se hace antes se volverán más locos de lo que ya están. Tienen el don de explicar en pocas palabras lo que otros necesitan tratados para revelar. Cantaron al desamor como pocos lo hicieron antes. Sus letras desprenden el olor del desaliento tumorado por la esperanza. Les sobra mala hostia, eso sí. Un poco más y necesitarían un guía que les ayudara a salir del laberinto en el que ellos solos han decidido vivir. Y es que a veces es necesario que te dé el aire…

He estado con Erik hasta las seis

y nos hemos metido cuatro millones de rayas

no he vuelto a pensar en ti hasta que he llegado a casa

y ya no he podido dormir como siempre me pasa

O ésta…

LOS PLANETAS – SANTOS QUE YO TE PINTÉ

Yo no soy ningún ángel

yo no soy ningún santo

pero lo que estás haciendo

es me está matando

puedes buscar por tierra

puedes buscar por aire

pero como yo te he querido

no va a quererte nadie

no va a quererte nadie

santos que yo te pinté

demonios se tienen que volver

santos que yo te pinté

demonios se tienen que volver

Que unos vayan preparando la cubertería buena, los adornos cursis y las tarjetas de crédito mientras los otros hacen acopio de kleneex para soportar la época del año más empalagosa y más agria. Y es que… hoy (ayer) es el día de Acción de Gracias.

A parecer, en Yankeelandia este día es más importante que el de navidad. La familia se reune, les guste o no, se come pavo a espuertas y se acaba la velada empinando el codo, ya sea en el bar de al lado o añadiendo hábilmente una dosis extra de ron a la ponchera de la abuela. Este entrañable día es además, según se cuenta en los States, el pistoletazo inicial que abre la veda navideña. Y llegan tarde, porque en Madrid los adornos navideños lucen desde hace un par de semanas.

Y toda esta tontería sin cuento, me da pie para realizar un pequeño top five de las, a mi juicio, mejores películas enmarcadas en Acción de Gracias jamás filmadas… nada menos. Así pues, empecemos…

A CASA POR VACACIONES. Jodie Foster (1995)

La irregular película dirigida por Jodie Foster cuenta la historia de Claudia (Holly Hunter) durante la visita que realiza al hogar familiar el fin de semana de acción de gracias. Fatídica fecha en la que tanto ella como su hermano gay (Robert Downey Jr.) sufrirán la revisión paterna anual. La Foster lo cuenta con acidez pero con un cuchillo no lo suficientemente afilado como para hacer de su película algo más que un mero artificio con más pretensiones que logros. Lo mejor, un sólido reparto en el que destaca un David Strathaim pre-oscar que aprovecha su poco minutaje en la cinta para quedarse con las mejores escenas, como esta en la que, no tan sutilmente, sugiere a Claudia que ésa será la última vez que se verán…

Claudia: “Quizás el año que viene sea mejor para ti”

Russell: “Claro. Será mejor… o peor. Bueno, amigos, el deber me llama. Feliz Navidad, y si no vuelvo a verte, que tengas una vida feliz, Claudia”.

VOLVIENDO A CASA. Brad Freundlich (1997)

La ambiciosa cinta que narra el complicado fin de semana de acción de gracias de una disfuncional familia americana, supuso el debut de guionista Brad Freundlich en la dirección. El desatado reencuentro de cuatro hermanos en la casa familiar generará un torrente de pasiones motivado por sus problemas y difíciles caracteres. La hermana mayor, Mia (Julianne Moore), es una casquivana editora de éxito que afronta sus problemas emocionales engañando constantemente a su marido; Jake (Michael Vartan) pone la nota de cordura en vidas ajenas olvidando en el proceso colorear la suya propia; Leigh (Laurel Holloman) es la hedonista hermana pequeña y Warren (Noah Wyle) un depresivo inseguro que trata de superar la ruptura de una larga relación. Si añadimos a tan explosivo cocktail a un padre dominante con un pasado brumoso y a una madre sumisa, tendremos los elementos necesarios para un drama que Freundlich nunca consigue hacer despegar. Mucho pretende abarcar para tan poco bagaje previo. Tal vez por ello, la brillante media hora inicial termina difuminada en una historia costumbrista de poco calado pese a lo angustioso de su fondo. La frase de la película se la queda Jake…

Jake (a su novia): “Conozco tu teoría de la pasión sobre dos personas destinadas a estar juntas, pero no podemos cubrirlo todo sólo con fe, confianza y emoción. Todo es tan fácil como el saber que si tienes a alguien no estarás sola. No encontrarás romances de cuento de hadas. A veces debes aguantar momentos malos, donde no sentirás intensamente amor todo el tiempo. Debes recordar las cosas buenas. Ellas te recordarán quién eres tú realmente”.

MEJOR SOLO QUE MAL ACOMPAÑADO. John Hughes (1987)

El título original, “Aviones, trenes, automóviles” hace mayor justicia a la odisea de un hombre de negocios a la hora de regresar a tiempo a casa ante la amenaza de un fuerte temporal y, sobre todo, de un vendedor de platos de ducha (además de pelma profesional), del que no conseguirá librarse. Brillante comedia familiar de Hughes que utiliza una historia convencional para sublimarla hacia lo sentimental con la ayuda de un inofensivo humor gamberro. Neal (Steve Martin) utilizará todos los medios para llegar a tiempo a la cena de acción de gracias junto a su esposa e hijos. Como aliado inesperado se encontrará con Del (John Candy) grotesco personaje de entrañable fondo y espíritu cabrón a su pesar. Juntos cruzarán el país un traspiés tras otro hasta lograr su objetivo. Su patético final, adecuadamente endulzado por Hughes, revelará la triste realidad de Del. Prueba de ello la frase de la película, que esconde mucho más de lo que aparenta…

Del: “No he estado en casa en años”

LA TORMENTA DE HIELO. Ang Lee (1997)

La extraordinaria novela de Rick Moody no pudo tener mejor traslación a imagenes de la que realizó Ang Lee. El director chino, dotado de una especial sensibilidad para con temáticas ajenas a su cultura, interpretó a la perfección el dilema existencial de una pareja de mediana edad y la de sus hijos adolescentes, escenificada durante el día de acción de gracias de 1973. Ben y Elena Hood (Kevin Kline y Joan Allen) son un aparentemente modélico matrimonio que oculta una relación muerta. Sus hijos, Paul y Wendy (Tobey Maguire y Christina Ricci) participan del caos familiar aportando su propia desorientación. Una fuerte tormenta actuará como detonante del drama durante una interminable noche…

Paul: Para encontrarte a ti mismo en la zona negativa, como hacen a menudo los Cuatro Fantásticos, debes comprender que las suposiciones diarias se invierten. Como cuando la chica invisible se hace visible y es consciente de que al hacerlo pierde su poder. Creo que cada uno existe parcialmente sobre un nivel negativo de la zona, algunas personas más que otras. En tu vida, bajas y te adentras en ella, en una zona que no precisa que las cosas se resuelvan como debieran. Pero a algunos, la zona negativa les tienta, y terminan entrando.

NI UN PELO DE TONTO. Robert Benton (1994)

La obra maestra de Robert Benton llegó cuándo nadie lo esperaba. Basada en una novela de Richard Russo, narra la historia de un perdedor nato, Sully Sullivan (Paul Newman), y del grupo de personas que conforman su pequeño universo. Un sentido de humor agudo, una fluidez de guión asombrosa y Newman en estado de gracia son suficientes motivos para declarar la película como indispensable. Si a ello le añadimos un manejo ejemplar del drama, no queda más remedio que rendirse a la evidencia de que se trata de una obra mayor ninguneada en su día por su presunto conformismo costumbrista. Ni siquiera el hecho de que a Benton se le vaya la mano un par de veces arruina la función. A destacar, entre su modélico reparto, al director Gene Sacks (“La Extraña Pareja”) en el papel del infeliz abogado de Sully.

El encuentro de Sully con su hijo Peter, tras pasar muchos años alejados, dejó frases memorables como la que sigue…

Peter: El mayor temor de mamá es que tu vida sea feliz.

Sully: Cuéntale que no tiene de qué preocuparse.

En fin, es todo. Sólo espero que al tipo de Philly le sea leve su presumible reunión familiar. Por si acaso, he incluido en el mail un par de canciones de Bisbal. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte… pues eso.