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” Es una perfecta familia americana: padre, madre, hijo e hija. La madre le comenta a su marido la conveniencia de pasar más tiempo con los niños, como recomiendan los panfletos de una campaña estatal. Acto seguido, vemos al padre acostado con la hija y a la madre con el hijo… El padre exclama: ‘Es cierto… Es genial pasar más tiempo con tus hijos’ “

Fragmento de un cómic de Robert Crumb.

La pasada semana, mientras intentaba poner orden entre las miles de cintas de vídeo que se amontonan en el trastero, me topé con la palabra “Crumb” escrita con tinta azul en la etiqueta de una vieja cinta Kodak… Hacía diez años que no la veía. Y sinceramente, habría preferido no volver a hacerlo.

Es terrible….. es terrible ver a Charles, hermano de Robert, confesando a la cámara la puta vida que tuvo que vivir. Es terrible escuchar la atronadora voz de la madre (a la que nunca vemos, pero que siempre está) preguntando cuándo se van a largar los jodidos periodistas, dónde ha metido las llaves o qué le apetece para cenar. Es el retrato de dos perdedores. Uno que aprovechó de su talento y de la coyuntura de los tiempos para escapar de su destino. El otro, un hombre de cuarenta años, completamente alienado e incapaz de salir de su casa.

El recuerdo de los abusos sufridos en el colegio son comentados por los dos hermanos juntos. “Eras un chico guapo” dice Robert… “En una ocasión una chica se interesó por ti. Llegasteis a salir” (Robert) “Al final me dejó tirado en la tercera cita. Decía que era raro” (Charles).

Vemos a Robert en su gris vida cotidiana. Vive en un piso pequeño. Desayuna junto a su esposa e hija, bromea con la pequeña (ahora convertida en brillante dibujante de estilo similar al de su padre) y ríe por todo, esa risa floja más propia de el débil mental que del genio del cómic que es. Una vida tan gris como cualquier otra es un paraíso inalcanzable para su hermano mayor.

Y el relato continua… Se repasa la carrera de Crumb. Su obsesión por el sexo. Por distorsionar la realidad de modo grotesco, para hacer aflorar la verdad de las cosas. Sus amigos hablan de él. Su primera novia. Su editor… Mientras, en breves flashes, Charles prosigue hundiéndose palabra a palabra. Su boca desdentada despide el documental con la mirada vacía del que nada tiene y a nada aspira.

FUNDIDO EN NEGRO

“A la memoria de CHARLES CRUMB, fallecido a los pocos días de terminado el rodaje. Causa su muerte: Suicidio”

No quiero pensar en lo mucho que influyó la filmación del documental en su decisión. En lo que tuvo que doler recordar todo aquello. Tiré la cinta. Mi hermano la encontró en el montón de las destinadas al cubo de la basura. Quiso quedársela y se la regalé. No quiero volver a pasar un día entero deshecho como la primera y única vez que la vi.

Posteado originalmente en enero de 2006.

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El vídeo, además de muy corto, no tiene desperdicio…

Ocurrió hace pocos días. La señorita, universitaria que quiere ser empresaria, y sus amigos no tenían ni idea de quién era William Golding, hasta que ella cayó en la cuenta de que era… actor. Pues se equivoca, el misántropo inglés (o su libro más considerado) es el soporte que ha anclado al Señor Makino en mi vida.

Va siendo hora de que hable del Sr. Makino. Le conocí hace siete años, cuando comenzó una lucha que afortunadamente todavía continúa. Y nada mejor para ello que recuperar un viejo posteo publicado originalmente en mi viejo blog…

SIN NOTICIAS DE MR. MAKINO

Como cada tarde, el señor Makino, apostado en una ventana, observaba el surrealista parque interior del hospital: bancos de madera nuevos de color cobrizo, caminos de ladrillo blanco delicadamente trazados, plantas ornamentales y nadie para disfrutarlo. De hecho, no había forma de entrar, ni una mísera puerta de acceso.

Le conocí tumbado en una cama de hospital. Un ataque de apendicitis quebró su particular tour hispano meticulosamente trazado. El Granada-Barcelona acabó en un tablao flamenco de Madrid, y sus gastados huesos en el quirófano de un país extraño.

Al verle, desvalido y solo, tuve la idea de imprimir todos los periódicos japoneses online que pude encontrar. Fue un desastre, cómo no. Mi vieja impresora unía los caracteres hasta hacerlos casi ilegibles. Me costó docenas de folios conseguir algo decente que entregué a mi madre para que se lo diese a la mañana siguiente. Al parecer, su expresión se iluminó al barruntar algo familiar. Ojalá hubiese estado allí para verlo. Pero estuve aquella tarde, y todas las tardes que vinieron después, y él, con su inglés aprendido en alguna sucursal de Open English de Yokohama, me contó que estaba jubilado y que trabajó durante más de 40 años como ingeniero de sistemas de ventilación. Las dificultades del idioma no impidieron que nos hiciera reír a todos con su escenificación del inoportuno ataque de apendicitis. No contó nada sobre su vida privada, tampoco pregunté.

Desde el segundo día una empleada de la embajada japonesa le acompañó cada mañana (me pregunto si la embajada española haría lo mismo por mí). Nunca la llegué a conocer, aunque me agradeció el gesto a través de mis padres. Ella fue quien se encargó de comprar 3 cajas de bombones Lind para distribuirlas entre el personal que le atendió. Una de esas cajas fue para mí. En la parte superior, pegado con celo, un papel con su nombre y dirección. Agradecí el regalo, aunque lo que realmente me emocionó fue ver al señor Makino haciendo la maleta mientras guardaba cuidadosamente en ella los folios que le había impreso durante cada día uno de los cinco días que estuvo allí.

Nueve meses más tarde le escribí. Esperé hasta navidad buscando una ocasión que justificara mi carta. Probablemente sea sintoísta o budista, pero que más da, lo único que quería era saber que estaba bien. Quería contarle que el jardín inanimado se mantenía virgen.

Recibí respuesta dos semanas después. Dentro del sobre, una falsa postal que ni es falsa ni es postal. Una espectacular foto del monte Fuji recortada y pegada cuidadosamente sobre un trozo de cartón. Detrás, escrito a mano ,“Mnt. Fuji (3.740 m)” Desde entonces apenas se separa de mí, es inevitable pues lo utilizo como marca páginas y tengo la costumbre de llevar siempre un libro encima, especialmente en invierno. Desde entonces cuando el monte Fuji asoma su cabeza nevada en la mesa de algún café, nunca falta alguien que dice “todavía tienes eso, tíralo ya, solo es un trozo de cartón”… y tienen razón, solo es un trozo de cartón.

El viernes quise escribirle, pero después de pasar toda la tarde meditándolo, la carta acabó en la basura, como tanta otras que alguna vez pensaste eran una buena idea. No respondió a mis últimas dos cartas, lo que dada su generosa educación y rígido sentido del honor, me da que pensar en que le ha ocurrido algo. Lo que no sería extraño, pues superaba los 70 años aunque aparentase bastantes menos.

Un amigo de mi hermano visitó Japón no hace mucho tiempo. Fue a conocer a sus suegros antes de casarse con una chica japonesa. Estuve tentado de pedirle que le entregase una carta en mano, junto con un pequeño regalo que nunca llegué a enviarle atendiendo los consejos que me dieron sobre los constantes robos que sufren las cartas demasiado abultadas. Al final no lo hice. Pensé que sería abusar de la confianza de alguien a quien apenas conozco.

Sea como sea, lo único que quería es que supiera que aquella falsa postal suya, sigue visitando con frecuencia el lugar en donde nos conocimos. Sigue marcando libros a medio leer e impregnándose del humo de las cafeterías de Suburbia.

Y ése fue el destino del papel garabateado por el Sr. Makino: el libro del actor William Golding. Casi mejor me ahorro comentarios sobre la señorita que quiere ser empresaria.

Por cierto, les presento a la nueva integrante de la familia…

Disculpen los brillos, la cámara (y el fotógrafo) es pésima.

Hace algunos años, alguien muy querido me acusó de egoísta precisamente cuándo yo pensaba lo contrario. Me dijo algo así como “Quién eres tú para tomar decisiones que afectan a los demás”. Hace mucho tiempo que no sé de ella, pero es una de las diez o quince personas que siempre estarán en mi memoria. En su honor he bautizado a la guitarra con su nombre. Siete letras que no pienso citar. Toda guitarra debe tener un nombre y éste significar algo. A ver si con ella aprendo a tocar decentemente de una vez.

Bueno, este posteo es más viejo que la tos. Lo colgué un 23 de diciembre de 2005. Echando en vistazo a mi viejo blog me encontré con él y pensé que no desentonaba demasiado en las fechas que corren. Así que, ahí va…

Nooo. No pienso vomitar toda mi bilis sobre Santa y sus renos. No odio la navidad (el decir esto públicamente hoy día casi equivale a ser políticamente incorrecto), me deprime como a casi todo el mundo, eso es todo. Me pone tonto. Y supongo que para eso (y para derrochar la paga de tres meses) fueron creadas. Asocio las navidades a la melancolía. Al recuerdo de días mejores. Pero como esto va de cine, he aquí 12 (in)olvidables fotogramas navideños. Intentaré ser original y no colocar más de dos o tres de las (películas) referencias estacionales obligadas…

Bueno… Supongo que todos tenemos una película fetiche. Esta es la mía. Hasta cinco veces fui a verla (a un cine que ya no existe) en aquel verano del 93. La taquillera, al verme acercarme a la ventanilla, ya tenía preparada la entrada para sala dos. Era muy joven y estaba enamorado de Marisa Tomei (de hecho, aún lo estoy), además de sentirme identificado con el prota… En fin, vista objetivamente, la película con suerte llega a correcta. Pero yo soy incapaz de ver las cosas objetivamente.

LA ESCENA:

Es nochevieja. Adam (Christian Slater) espera sentado en el porche de la casa de Caroline (Marisa Tomei), a pesar de haber sido invitado. Caroline le ve por la ventana y sale a buscarle…

Caroline: “¡¡Estás aquí!! Pero por qué no has entrado a cenar… con unos completos extraños (sonríe)”

El estallido de un cohete les ilumina, es año nuevo. Se besan tímidamente y se acomodan en el banco de madera para observar los fuegos artificiales.

Habitualmente se la considera una película menor del maestro Minelli. Habitualmente la crítica más sesuda se equivoca.

LA ESCENA:

El padre de Eddie (Glen Ford), abandona la fiesta de año nuevo para ver cómo se encuentra su hijo. Al subir a su cuarto, le encuentra dormido junto a la ventana. Le recoge suavemente y le acuesta en el momento justo en el suena el “Auld Lang Syne”. Mientras, el cielo se llena de polvora.

Cuando una peli tan cruel es considerada cursi, la única explicación que se me ocurre es la miopía global de estos tiempos. Una obra maestra, no digo más…

LA ESCENA:

El inolvidable sonido de la caja registradora del bar de Potterville que reparte alas de ángel indiscriminadamente ante el etílico jolgorio general.

En una ocasión, escuché ésto sobre la película: “La dirección es plana, su guión predecible, su trama fútil… Sin embargo funciona. Es más, son los universitarios, gente con un nivel de preparación superior, la mayoría de público”. Evidentemente el tipo que lo dijo era un imbécil, aparte de un snob. Por no hablar de su desconocimiento absoluto de la naturaleza del universitario hispano. Pero tenía razón en algo… La película funciona.

LA ESCENA:

Tras pasar varios días juntos, Jack (Bill Pullman), el desconfiado hermano del durmiente Peter, acompaña a Lucy (Sandra Bullock) a su apartamento. El piso helado, convierte el trayecto en una sucesión de caídas y risas cómplices… Al despedirse, Lucy se vuelve para ver a Jack marcharse, éste a su vez, hace lo propio unos segundos después cuando Lucy ya no está… Acaban de darse cuenta de que se han enamorado.

Película de referencia para toda una generación. Posiblemente la mejor comedia de la década. Guión redondo de Nora Ephron y dirección a la altura de un maestro nunca suficientemente reconocido, Rob Reiner.

LA ESCENA:

A pocos segundos del fin de año… Harry (Billy Crystal) y Sally (Meg Ryan) caen en la cuenta de lo mucho que se necesitan y atraviesan la ciudad corriendo el uno en busca del otro.

El cualitativo canto del cisne de Pollack difícilmente será superado. Su admirable contención esconde la pasión más pura. Para algunos no llega a la altura de la novela de Karen Blixen. Siento disentir.

LA ESCENA:

Denys Finch Hutton (Redford) se encuentra acompañado por una joven durante la celebración de la nochevieja en las calles. Allí se encuentra con Karen (Streep) a quién saluda cálidamente. Se despiden tras intercambiar algunas frases, hablan de la guerra. Karen le observa con tristeza. Finch Hutton lo hace después. Dos barcos que se cruzan en la noche. Siento tan pobre exposición, es una escena muy triste dificil de describir.

Poco que decir sobre otra obra maestra de Chaplin. El vagabundo perdedor sigue su rumbo entre mineros, amores imposibles y botas comestibles.

LA ESCENA:

Es nochevieja. El vagabundo observa a través de una ventana la magnifica mesa que un numeroso grupo de personas ha preparado. Tras unos segundos, sigue su camino.

Lo más terrible que podía ocurrir en el año 47 era que alguien no creyese en Santa Claus… Y puede que Kris Kringle no lo sea, pero se le parece tanto…

Que triste destino esperaba a aquella preciosa niña (Natalie Wood).


LA ESCENA:

Susan (Natalie), intenta convencer a su madre (Maureen O’Hara), de que Kris Kringle (Edmun Gwenn) es Santa Claus.

Susan: “Ves… Ha hablado en holandés con esa niña”

Doris: “Hija. Yo sé hablar francés. ¿Soy acaso Juana de Arco?”

A día de hoy, sigo pensando que Robert Zemeckis no es consciente de la alambicada complejidad de su película. Se puede interpretar de tal cantidad de formas, que dudo seriamente de que la peli que vi yo, sea la misma que construyó él.


LA ESCENA:

En un cochambroso bar, el teniente Dan (Gary Sinise) y Forrest (Tom Hanks) celebran la nochevieja acompañados por dos fulanas. Al llegar la medianoche, el lisiado teniente eleva su copa y musita en voz muy baja (sin que nadie se percate de ello): “Feliz año nuevo…”, entre el estruendo, los besos y el alcohol.

…Y Phoebe Cates se convirtió en la fantasía de todos los que crecimos en la década de los ochenta. La peli… entrañable. Qué tiempos cuando Joe Dante aún tenía cosas que contar.


LA ESCENA:

Kate (Phoebe Cates), recuerda el motivo por el que odia la navidad: La estúpida muerte de su padre cuando éste intentaba bajar por la chimenea disfrazado de Santa.

En la segunda parte, también lo contó… en otro tono.

Los Griswold vuelven a la carga (por tercera vez) en esta peli, convertida en un nuevo clásico (televisivo) navideño. Yo me reconozco fan fatal de esta familia tronada. Tengo sus cuatro películas grabadas (incluso la cuarta, que es penosa) y cada navidad, mi hermana pequeña y yo, hemos convertido en tradición verla. Conocemos cada gag y cada línea de diálogo, aún así, siempre terminamos desparramados por el sillón con dolor de barriga provocado por las risas. Al fin y al cabo de eso se trata, de ser feliz.

LA ESCENA:

Por decir una…

Ellen (Beverly D’Angelo) recibe la inesperada visita de su desastroso primo (Randy Quaid)…

Ellen: Bienvenidos a nuestro hogar… ¿Cuándo os vais?

Estimable telefilm que supongo rechazó Antena 3 por superar la media de calidad máxima permitida por la cadena. Terminó pasándolo la 2 una madrugada de la pasada navidad. Empecé a verla con la intención de irme pronto a la cama y terminé acostándome a las cuatro. Me gustó…

Cuenta la historia de una desencantada ejecutiva literaria (Ally Walker) que recibe la visita de una especie de fantasma de las navidades pasadas, encarnado en ella misma siendo niña. Al tiempo, un extraño manuscrito cae en su mesa. Las continuas apariciones de su fantasma, ese libro y el tipo que lo escribió alterarán su frágil equilibrio.

LA ESCENA:

A la vuelta del trabajo, con las calles envueltas en el ruído de la navidad, Susan (Ally Walker), enciende el ordenador y se conecta a un chat. La camara retrocede para mostrarnos la terrible soledad de su estampa frente a una pantalla en una casa vacía.

Es todo. Feliz 2008 para todos los que se perdieron alguna vez por este lugar.

Pues he estado varios días buscando en medio del caos una película de Julien Duvivier titulada “Flesh and Fantasy” para tratar de colgar un vídeo del primer capitulo de los tres que la componen, y de paso, servir como soporte a un posteo dedicado a las fantásticas películas fraccionadas de los años 40. Pero nada, no hay manera. Lástima, el capítulo protagonizado por Thomas Mitchell en el que interpreta a un vidente que lee la mano del hombre que le asesinará, es soberbio. Como lo es el que transcurre durante una noche de carnaval en el que la amargada dueña de una tienda de disfraces se convertirá, gracias a una máscara hechizada, en una bella joven que podrá disfrutar esa noche de lo que su poco agraciado físico y sus complejos le privaron durante toda su vida.

En su lugar, me he reencontrado con varios capítulos de la serie de culto “Ned y Stacey”. Serie maldita en la que participó un primerizo Charlie Kauffman de la que ya hablé hace tiempo y que ahora puedo mostrar en pequeñas piezas. Del mismo modo que he podido dar movimiento al diálogo de la peli de los Marx, “Tienda de Locos”, que supuso mi primer posteo en mi viejo blog, hace casi dos años.

El humor surrealista de los Marx en su máximo esplendor. El crápula, desalmado, sexista (en ambas direcciones) y amoral de Ned Dorsey y su falsa esposa Stacey, elevado a su máxima expresión. Disfrútenlo si les apetece…

LA LÓGICA DE LOS MARX

NED Y STACEY EN DOS PÍLDORAS

lamento el desfase de sonido… cosa de los tipos de youtube.

y un par de créditos finales en los que siempre moría alguien que aparecía como si tal cosa en el capítulo siguiente… recurso que sería descaradamente plagiado por los tipos de “South Park”… total, nadie veía “Ned y Stacey”… 

Ya que cito a “Mumford” como icono, bueno será recordar aquella maravilla. 

Lo he dicho en multitud de ocasiones: “Mumford” fue la mejor película de 1999 y nadie se enteró. Es, de hecho, una de las grandes películas de la década camuflada en su fachada sencilla y de cortas ambiciones.

Llevaba Larry Kasdan casi diez años de tragos amargos (“Wyatt Earp” dolió mucho y “French Kiss” sólo fue reverenciada por unos pocos) cuando decidió escribir la historia de un impostor que en busca de una segunda oportunidad se hace pasar por psicólogo en una pequeña localidad estadounidense. Su generosidad, caracter positivo y facilidad para escuchar problemas ajenos, le convertirán en el terapeuta favorito del pueblo en cuestión de pocos meses. Entre sus pacientes se encuentra Henry, farmacéutico de mediana edad víctima de una insatisfacción perenne. Althea, madura esposa de un gilipollas y rico broker local que la trata como a una posesión más. Nessa, polvo fácil de instituto incapaz de controlar su vena autodestructiva. Skip, joven muchimillonario aquejado de soledad crónica que contactará con Mumford porque: “necesito un amigo”. Y Sofie, hija de un tendero recien divorciada, aquejada de una fatiga crónica que le impide siquiera salir de casa. Será a ella a quien dedique la mayor parte de su tiempo. Será ella de quien se enamore (aunque sea ella quién manifieste primero los síntomas de tan pavoroso mal), y de quien tratará de alejarse para evitarle el sufrimiento y la decepción de su impostura. A todos escuchará Mumford para que sean finalmente ellos mismos quienes resuelvan sus problemas.

Kasdan estructuró su película a modo de fábula, como las comedias clásicas que él devoró vorazmente durante su adolescencia. Situó las bases, no escatimó en gestos nítidos sin renunciar a la sutileza y dejó fluir el tiempo sobre las palabras que formaban aquel prodigioso guión. Enfrascado en su homenaje a los clásicos, ni siquiera renunció a las moralejas caprianas (era difícil resistirse, ciertamente) bajo la batuta de un ritmo hawksiano aderezado por cínicas virutas del más puro Sturges. Y sí, el resultado fue la mejor película de 1999, y al parecer, nadie se enteró.

Magnolia en Piezas

El poli

Escuchar el mensaje que grabó para una agencia de contactos (busco mujer muy femenina y poco exigente) es como leer la carta a los reyes magos de un niño. Honrado, contradictorio, torpe e idealista, su fe en el genero humano y su afán por ayudar al prójimo es sin duda un sublimación del amor que tanto necesita en su vida. El destino le situará frente Claudia, justo lo que necesitaba… alguien a quien salvar.

La hija traumatizada

Cocainómana convertida en polvo fácil de barra de bar, se entrega a todo aquel dispuesto a abrazarla y a embadurnar su nariz con polvo blanco. Traumatizada por los abusos sexuales a los que le sometió su padre (Jimmy Gator) siendo niña, sólo un milagro podía rescatarla en su deriva. Quien podía imaginar que los milagros también ocurren en San Fernando Valley.

El padre

Famoso presentador de concursos televisivos, marido y padre ejemplar… No, no todo es como aparenta ser. Acosado por la culpa y la enfermedad, siente la necesidad de sincerarse con su mujer lo que le dejará definitivamente solo. No busca el perdón, es consciente de que no lo obtendrá, busca el modo de acallar sus remordimientos con o sin plomo alojado en su cabeza.

El niño prodigio

Por si no fuera suficiente presión la de ser un superdotado además carga sobre sus espaldas a un padre irascible que le considera una inversión económica. Stanley reclama a su padre lo que éste no le puede dar por que no es su padre… es su agente. Forma parte del equipo de niños prodigio que compite en el programa de Jimmy Gator contra tipos que triplican su edad y a los que derrotan noche tras noche… Finalmente Stanley estallará (literalmente) en el momento y lugar menos indicado.

El ex-niño prodigio

Donnie Smith fue una celebridad en los 60 gracias a su participación en el programa de Gator, y por poca gracia que le haga, aún es recordado por ello. Su vida transcurrió de un modo tan miserable como se supone debe ser la vida de un niñogenio al que un inoportuno rayo dejó medio idiota: encargado de almacén, cohíbido y homosexual reprimido. Decidirá abrir las puertas del armario y de su corazón en el lugar y con la persona equivocados. Pero no será ése su peor error.

El enfermero empático

Phil a cometido el error de todo enfermero: involucrarse emocionalmente en la vida de su paciente. Lo ha hecho hasta el punto de que toda su existencia gira en torno a éste. Posee a su vez otro gran defecto… la bondad, lo que le convierte en blanco fácil. Malos tiempos para la lírica, hermano.

El enfermo terminal

Devorado por el cáncer, Earl sabe que no le queda tiempo. Por ello, utilizará a su cuidador para encontrar a su hijo, al que tanto daño hizo abandonándole siendo aún un niño. Mientras, contempla indiferente como su esposa se rompe en pedazos sin remedio.

La joven esposa

Se casó por dinero, vivió despreocupada y terminó por enamorarse demasiado tarde de su marido y víctima. Pretende aliviar su conciencia renunciando a la herencia que le corresponde pero el peso que debe resistir es demasiado grande para tan frágil aura.

El hijo perdido

Predicador del machismo más retrogrado para una audiencia compuesta básicamente por reprimidos y misóginos, su sólida fachada se derrubará como un castillo de naipes a la simple mención del nombre de su padre. Y es que suele ocurrir que los corazones averiados al reiniciarse laten con más fuerza.

Esto es “Magnolia”. Una exploración del amor y el dolor que éste produce. De la soledad, y sobre todo del azar que unirá la vida de una serie personas al límite emocional justo en su momento más bajo. Sumergidos en ese trance del que parece que nunca se podrá escapar.

Y es el preciso momento en el que todos ellos reciben “la información” el que recoge la canción “Wise Up” que cantarán al unísono. La he subtitulado al castellano. Excuses por las probables cagadas. Mi inglés (que nunca fue maravilloso) se derrite a velocidad láser por falta de práctica y cierta desgana. Disfruten de la gran canción de Aimee Mann que sirve de fondo a la escena clave de “Magnolia”. Merece, y mucho, la pena.

Odio esa estúpida manía de estiquetarlo todo. Despuntan tres directores alemanes y hala, ya está: el cine de los chicos. Absurda fórmula con la que se pretendió englobar estilos tan distintos como los de Herzog, Wenders y Schlondorff.

Los ejemplos son muchos: el free cinema de los airados jóvenes ingleses, la escuela de Barcelona, el movimiento dogma y así hasta llegar al más desgastado de todos ellos: la nouvelle vague.

Y como movimiento se pretendió clasificar el cine salido de la factoria britanica Ealing. Estudio que en su tiempo de gloria se anotó una docena de obras maestras tan diferentes entre sí como la idealista “Pasaporte para Pimlico” de Henry Cornelius, la cínica “El Quinteto de la muerte” de Alexander MacKendrick o la irónicamente descreída (y mi favorita) “Ocho Sentencias de Muerte” de Robert Hammer. Tal fue el influjo que ejerció el “estilo Ealing” sobre el resto de las productoras britanicas que películas como “El niño y el Unicornio”, bellísima fábula dirigida por Carol Reed, se confunde habitualmente como producto Ealing.

De hecho, tal influencia alcanza nuestros días. Aunque ello suceda a miles de kilómetros de las islas que vieron nacer al mítico estudio hoy desaparecido.

Porque fue Australia en lugar en el que se trató de reanimar un estilo muerto con “Spotswood”, película dirigida por Mark Joffe que narra la historia de un despiadado consejero económico contratado para tratar de reflotar una fábrica de zapatos poblada por peculiares personajes.

Usando la manida fórmula del forastero empático utilizada en innumerables ocasiones (“Brigadoon”, “Calabuig”, “Doc Hollywood”, “Cars”) su principal referente es “Local Hero”, inolvidable comedia dirigida por el escocés Bill Forsyth a la que une algo más que su línea argumental. Echen un vistazo al cartel promocional de ambas películas…

Cambiemos a Burt Lancaster por una morenaza en minifalda y ale… película nueva. De veras que jamás entenderé el proceso mental de distribuidores y publicistas.

En fin… En realidad sólo quería subrayar dos escenas de esta estimable comedia australiana. Dos momentos en los que Joffe debió ser poseido por alguna musa que le marcó el camino correcto a seguir.

La primera ocurre tras claudicar el dueño y los empleados de la fábrica ante las presiones de una multinacional interesada en hacerse con la empresa. Tras duras negociaciones, consiguen su objetivo: despedir a todo el mundo para trasladar la producción a algún país asiatico que les permita multiplicar sus beneficios.  

Finalizada la lucha, en plena vigilia, previa al acto final, el consejero (Anthony Hopkins) redescubre su perdida humanidad mientras observa el retrato de su esposa, a la que corre el riesgo de perder, víctima colateral de su cruel empleo. Al tiempo, asistimos a la última cena del apesadrumbrado propietario de la fábrica, incapaz de tomar bocado frente a la tranquila ignorancia de su esposa e hija. La escena se cierra con una visita de los trabajadores al domicilio de Hopkins para saldar deudas al estilo Spotswood.

Sobre la segunda escena, la final, los protagonistas de la cinta se enfrentan a su incierto futuro confirmando la propuesta de Truman Capote de encaramarse lo más alto posible para escapar de la mediocridad (“El Arpa de Hierba”). Mientras, Donovan trata de atrapar el viento en un lugar desde donde se pueden ver las brillantes luces de un lugar tan lejano que por fuerza debe ser mejor.

Una mañana de marzo, mediada la década de los ochenta, Bruce Lee se cobró su primera víctima no mortal en Cucumberland: R.G., de 16 años, se destrozó tres dientes mientras trataba de impresionar a dos chicas con unos nunchakus caseros fabricados con ayuda de su padre. Al ser uno de los matones del barrio, la noticia fue festejada por todos los habitantes de la zona situados en una franja de edad por debajo de los 14 años. De hecho, se convino atribuir a Lee la autoría de la azaña, pues fue él quien inoculó el veneno de las artes marciales en R.G. gracias a las matines de domingo celebradas en el cine del barrio.

Fue el primer regalo que nos hizo. Después llegaron más…

Durante años he tratado de comprender qué es lo que me atrae de aquellas películas sin guión editadas a tijeretazos por cualquier matarife hongkonés. Sin éxito. Lo único que sé es que, como si de una droga se tratase, no puedo dejar de verlas.

Fue el Sr. Yume el que, hace algún tiempo, supo dar con la fórmula de la cuadratura del círculo. Su análisis se centró, con el humor y el respeto que sólo un fan puede desplegar, en su obra postuma: “Operación Dragón”. Objeto de algunas de las más turbias fantasías no eróticas de mi infancia y adolescencia.

Si disponen de diez minutos libres, les recomiendo arduamente su lectura. Les guste o no este tipo de cine, lo disfrutarán, como yo lo hice en su día…

OPERACIÓN DRAGÓN 

Argumento: Un jóven monje Shaolin es contratado por una organización secreta para infiltrarse en un torneo de artes marciales. Así poder sacar información y detener al malvado Han que controla el tráfico de drogas, la trata de blancas, asesinatos… y el torneo.

Año de la película: 1973

Edad del sujeto: Tenía 33 añitos. Murió ese mismo año.
(sí, sí, ya sé, en extrañas circunstancias)

Técnica Utilizada: Lee y su “Jeet Kune Do”, una variación “Lee generis” del Kung Fu tradicional. Esto, unido con su característica fuerza y nervio, hace unas peleas muy interesantes a pesar de su sencillez.

Trucos, cables y otros subterfugios: No por regla general. La poca fantasía de sus escenas, no crean la necesidad de grandes trucajes, aunque podemos encontrar en una de las escenas el famoso “Salto Ninja” (ese salto rodado en caída, que al ser reproducido marcha atrás, parece que se salte con agilidad fantasmal)

Golpe Especial: Lee tiene tres habituales.
Patada lateral en carrera proyectada a gran velocidad hacia el cuello.

Y el salto y posterior estrangulamiento con los pies del rival medio aturdido en el suelo (atención, no hay que perderse su cara de rabia en esta última técnica, plano con el que magistralmente eliden la muerte del infeliz).
Y por supuesto, la patada voladora.

Armas: Todas. Lee es un experto con cualquier cosa, pero su (nuestra) preferida son los Nunchakus. La de golpes que se tuvo que dar para controlar así los palitos de los cojones…

Pupita: A pesar de que suena fuerte, no es característica la brutalidad en la demostración de los golpes, pero SIEMPRE mueren algunos enemigos de una solo golpe. O sea, que pupita, MUCHA.

Nº de Enemigos vencidos: Es una película de torneos, así que las peleas organizadas le restan tiempo a la ostia sin ton ni son, pero en la escena final, hay un total desmadre. Un centenar (más o menos).

Malo Final: Sí. El malvado Han, deshonroso monje Shaolin, maestro del Crimen con su famosa mano-garra. Uno de los Iconos del Pop con más carisma, sin duda.

Banda Sonora: Se le da gran importancia al sonido. Molona Música funky setentera, unida a cajas chinas. Un 10. Muchos sonidos de hipertrofiados golpes clásicos y sonido de aire cortándose. También cabe destacar los habituales jadeos-aullidos perrunos del Gran Maestro.

Inteligencia: En todas y cada una de las escenas, Lee parece un maestro sabio. Sabe controlar la situación y a sus actores. Mirada de sospecha perenne.

Humor: Ninguno. Hay que estar concentrado y no perder el tiempo en tonterías. ¿El resto? Bueno, una conversación telefónica va así.
– Póngame con el General!
– Pues despiértelo…
– Me da igual que esté acompañado…
– No, no me importa con quién esté…

Sexo: Sí, gracias! Aunque no veremos a Lee perder el tiempo. Pero el resto de luchadores confraternizan con una o varias (ese cool-nigga-supamacho powa!) señoritas de hermosos cardados y abundantes maquillajes.

Crítica Social: Pse! William, el luchador del pelo a lo afro, a parte de ser perseguido por las polis en L.A., comenta que los guettos son iguales en todos lados. No creo que cuente mucho.

Plagios: Muchos. De hecho la peli fue un hito en las artes marciales. Desde decenas de “impersonators”, hasta copia total (Mortal Combat, el juego y la peli, son exactamente iguales).

La Película: Si en el estanque al que lanzan el cuerpo sin vida de Williams hubiera pirañas y/o tiburones, la peli lo tendría absolutamente todo. Música funky inolvidable, cierta profundidad de personajes, varios protagonistas, intriga, sexo, emoción, espionaje y apuestas, cientos de especialistas, hombres varoniles y mujeres bellas, un Bruce Lee magullado…

Todo una Iconografía Pop que ha hecho historia.

NOTA: Por supuesto tiene su correspondiente poster polaco.
¿Es “Operación Dragón” o “Rocky Horror Picture Show”?

Y ahora, haciendo gala de mi habitual estilo cursi y fuera de lugar, diré que sé que no fui el único niño que no desayunaba en el colegio por no gastar el dinero que me daba mi madre y poder así fundirlo en matines de domingo. Sé que no fui el único que estuvo a punto de romper a llorar cuando vio “Dragón” muchos años más tarde; y lo sé porque vi a mi hermano mayor, sentado a mi lado, retorcer los labios al recrearse la escena final de “Operación Dragón”. Sé que R.G. no fue el único en fabricar nunchakus caseros tan peligrosos como balas. Sé que no fui el único en ver sus películas devorando pan y chocolate protegido por la penumbra de un cine, del mismo modo que sé que no soy el único que le lleva y llevará dentro…

Y así pongo el punto final a la micro-sección Partners, creada, básicamente, con fines de rapiña.

Gracias, Sr. Yume por su generosidad.

Comienzo la semana dedicada al cine azul repescando este viejo posteo…

Tenía 15 o 16 años cuando un amigo robó “Garganta profunda” de las partes oscuras de la videoteca paterna para cedermela durante todo un fin de semana.

Mi gozo acabó en un pozo. No conseguí verla. Era complicado en una casa permanentemente repleta de gente, dotada de una sola televisión para compartir. Así que la cinta se convirtió en un secreto de estado, guardada bajo la cama de la habitación que compartía con mi hermano mayor. Durante un largo fin de semana lo único que pude hacer fue fantasear con las maravillas que escondería aquella sugerente carátula. Pero tuve que contentarme con soñar con las habilidades bucales de aquella pecosa chica feucha que aparecía en la contraportada. Cuando por fin llegó el temido lunes y tuve que devolverla a su dueño, la película se convirtió en toda una obsesión que tardaría años en satisfacer… Ocho, exactamente.

Y como suele suceder con todo aquello que la imaginación alimenta y mitifica, la película supuso una decepción total. Primero, porque para entonces el sexo había dejado de ser un misterio para mí, y todas aquellas estúpidas aventuras de una mujer que tenía situado el clítoris en la garganta, no consiguieron excitarme demasiado, así que, a mitad de la cinta, decidí visionar lo que restaba utilizando el viejo recurso del fast review. Después supe de la peripecia de la peli. De como la mafia la había producido por apenas 15.000 dólares y se había embolsado la totalidad de los multimillonarios beneficios que generó. Linda Lovelace, su desgraciada protagonista, apenas cobró 1.200 por protagonizar la película más productiva de la historia del cine. Hay quién habla de una recaudación total que a día de hoy que superaría los 100 millones de dólares.

Linda Lovelace, aquella chica no demasiado agraciada de la contraportada que atormentó aquel interminable finde, murió no hace mucho tiempo en un accidente de coche. Murió cristiana ortodoxa (o renacida, como prefieran), renegando de su pasado y jurando haber sido amenazada de muerte durante el rodaje de su obra magna. La cinta que la convirtió en inmortal.

Su peripecia vital, a efectos públicos, se inicia con su boda con Chuck Traynor, buscavidas que más tarde se casaría con otro mito del porno (Marilyn Chambers), y se cierra tras su matrimonio con un tipo de la costa Este que, además de arreglar teléfonos, le dió dos hijos. Fue portada de Time. Escribió cuatro autobiografías que oscilaron entre la lujuria más o menos comercial de la primera y la acusadora y arrepentida de la cuarta. Fue candidata a la presidencia de los States y (pre)nominada a mejor actriz principal de los Oscars del año 74. Sufrió malos tratos, amenazas y extorsiones. Acusó a Traynor de haberla introducido en el porno a la fuerza, y fue chantajeada con la salida a la luz de un loop (cosa que finalmente ocurrió), en el que practicaba sexo con un perro.

Hubo mucho más… Una entrada en el Dorothy Chandler Pavillion, en plena ceremonia de los Oscars, a lomos de un caballo, ensombreciendo la estrella del mismísimo Paul Newman quien coincidió con ella en la alfombra roja. Hubo entrevistas para Playboy y Esquire. Efímeros romances con estrellas de la época. Tres películas más… y una retirada prematura que engrandeció su mito, como si de la Garbo se tratase.

 

Para erotómanos de todo el mundo siempre será Linda Lovelace.

Para sus hijos y su ex-marido mecánico telefónico, posiblemente el único que la amó sinceramente, siempre será Linda Marchiano.

Para mí será la chica pecosa de la contraportada de una cinta de vídeo que nunca pude ver.

En la ceremonia de los Oscars del 99, Billy Crystal robó todo protagonismo al megalómano más pagado de sí mismo del mundo, Mr. James Cameron, gracias al memorable vídeo de apertura de la ceremonia.

En aquella presentación de lo mejor del año, Crystal se incrustó en las películas nominadas parodiandolas con su humor cínicoamable… Hasta que le llegó el turno a “Titanic”, para la cual se dibujó a sí mismo colgado de una de las varandillas del megabarco emulando a Leo DiCaprio…

En ese momento, Crystal-DiCaprio exclamó: “Dios mío… Nunca vi un desastre semejante” A lo que, un par de varandillas más abajo, un Crystal travestido del cartero que interpretara Kevin Costner, apostilló: “¡¡Yo sí!!”

El bueno de Costner sabe bien lo que es hostiarse en taquilla. Y es que los desastres taquilleros siempre gozaron de un aura cuasi mística que, aliada con el tiempo, convirtió a la mayoría de ellos en obras de culto.

Puedo imaginar a Orson Welles presidiendo ese Olimpo de grandes desastres, películas inacabadas y proyectos que no fueron… A un apasionado Coppola sufriendo infartos en la jungla filipina durante el rodaje de “Apocalipse Now” A Michael Cimino con la pistola en la sien tras el aquel desastre que fue “La Puerta del Cielo”

Pero será mejor ilustrar todo esto echando un vistazo a mi particular Top Ten sobre el tema…

EL DORADO (1988)
Carlos Saura

Fue concebida como la gran apuesta patria por conseguir emular el magnifico cine de época británico y francés. Pero Saura se olvidó de la épica, de la historia y de paso del propio Lope de Aguirre para centrarse en sus propias obsesiones, consiguiendo como resultado un híbrido desagradable a la vista que ya nació muerto.

Su presupuesto inicial fue de 1.000 millones de pesetas de la época… Finalmente, tras multiples problemas durante el rodaje, éste se disparó hasta los 1.500, posiblemente más… Desconozco la recaudación final, aunque apostaría a que no llegó a recuperar ni un tercio de la inversión.

CORAZONADA (1982) Francis Ford Coppola

El gran defecto de todo genio es la megalomanía que por otra parte les distingue.

Un envalentonado Coppola soñó con recuperar el género músical y no se le ocurrió idea mejor que construir una réplica de la ciudad de Las Vegas en los estudios de la Zoetrope de San Francisco.

Mandó construir edificios enteros, asfaltó carreteras de pega e iluminó todo ello con cientos de letreros luminosos. Contrató a una secundaria resultona (Teri Garr) para llevar el peso de semejante mastodonte y colocó a su poco glamuroso primo (Frederick Forrest) como su partenaire en un nuevo acto de depotismo a los que el genio italoamericano nos tiene acostumbrados.

La película resultó ser un brillante juego de manos. Un truco de magia tan superficial como llamativo. Y como era de esperar, se estrelló en taquilla.

Costó 26 millones de dólares…. Recaudó poco más de medio millón… De paso, condenó a Francis Ford Coppola a malvenderse durante el resto de su vida para afrontar las enormes perdidas generadas. De hecho, a día de hoy, aún no ha cubierto las deudas (infladas por los tremebundos intereses bancarios generados) que provocó la película.

LA PUERTA DEL CIELO (1980) Michael Cimino

La mayor de las catastofres. Al menos, la que peores consecuencias generó.

Cimino se creyó Dios y se convirtió en el mensajero de las verdades absolutas al idear este atípico western en el que sustituyó indios y caravanas por amistades confrontadas e inmigrantes centroeuropeos.

El rodaje fue un infierno del que pocos salieron indemnes. Se contó que gastó más de un millón de dólares sólo en una multitudinaria escena de baile que apenas dura tres minutos. La United Artist se vio obligada a triplicar el presupuesto inicial que terminó siendo de 44 millones de dólares… Recaudó poco más de 3, provocando la desaparición efectiva de la mítica productora, que fundaran Chaplin, D. W. Griffith, Douglas Fairbanks y su esposa Mary Pickford, obligada a fusionarse con la Metro para hacer frente a una deuda insoportable.

La carrera de Cimino no murió, sin embargo. Aún tuvo tiempo de regalarnos “Manhattan Sur”. Después desapareció enterrado entre encargos y películas fallidas.

AVARICIA (1924)Erich Von Stroheim

Durante el rodaje de “La viuda alegre”, Von Stroheim exigió que los armarios estuviesen llenos de ropa, y que esa ropa fuese fiel al estilo de la época. Todo ello a pesar de que los armarios permanecieron cerrados durante las escenas. A tal punto llegaba el perfeccionismo del genio alemán.

Con “Avaricia” habría agotado la paciencia del mismísimo Job… Se largó a rodar al Valle de la Muerte durante meses sin dar cuenta a los productores de sus progresos. Sus demandas de dinero y metros de película fueron atendidos durante algún tiempo, hasta que finalmente el grifo se cerró.

La productora le arrebató el material rodado y se dispuso a tratar de dar forma a las más de 30 horas de película rodadas. Von Stroheim renegó del resultado final (una obra maestra, a su pesar), reclamando su derecho a realizar él mismo un montaje que (prometió) no superaría las tres horas. No se lo concedieron. Finalmente la película se estrenó con un metraje de 140 minutos.

Costó más de un millón de dólares… No recaudó ni la mitad de su coste.

THE LAST MOVIE (1971) Dennis Hoper

De un modo entre inconsciente y profético, Dennis Hoper tituló a este disparate “La última película”. No fue así. La buena estrella de este buscavidas se manifestó como nunca al conseguir salir vivo de aquel rodaje.

Avalado por el éxito de “Easy Rider” consiguió financiación para rodar una alucinante historia de cine dentro de cine en la que ni él mismo creía.

Se marchó a Perú en dónde se fumó la mayor parte del dinero en orgías con putas locales y cocaína sin límite. Tanto él como la mayor parte de su equipo, solían filmar colocados y sin horarios definidos, lo que provocó deserciones, algunas sobredosis y mucho descontento por parte de los productores.

Costó un millón de dólares… No hay datos sobre su recaudación. Y casi mejor que sea así.

HOWARD EL PATO (1986)Willard Huyck

No le pregunten a George Lucas por esta peli, a riesgo de ganarse un buen mamporro (no crean que no es capaz. que se lo pregunten a Denis Finch).

Y es que la adaptación al cine de este popular cómic, sólo trajo quebraderos de cabeza y bolsillos vacíos a sus responsables.

Las disparatas aventuras de un detectivepato malhablado y enamorado de una hembra humana (Lea Thompson) fueron domesticadas para poder pasar el tamiz de la censura yankee y poder ser estrenada como apta para menores.

Dio igual… Costó 30 millones de dólares. Recaudó 16.

INTOLERANCIA (1916)David Ward Griffith

De una tacada, Griffith creó la primera obra maestra indiscutible de la historia del cine y el primer gran fiasco.

Modeló el lenguaje cinematográfico al simultanear varias tramas que desembocaban en un mismo resultado: La imnominia humana a través de los tiempos. Su genialidad tan sólo consiguió confundir a un público que no estaba preparado para semejante salto, acostumbrado a tramas simples y estructuras narrativas lineales.

La leyenda del gran incomprendido se agigantó así con “Intolerancia”. Casi tanto como las terribles perdidas económicas que produjo.

No existen datos fiables acerca de su costo, varía entre los 300.000 dólares y el millón. Su recaudación se estima en un diez por ciento de su presupuesto.

AT LONG LAST LOVE (1975)Peter Bogdanovich

Y otro potencial genio que se fue al carajo.

Bogdanovich ya había conseguido ganarse a la crítica y al público, ahora sólo necesitaba una película que le asentase en tan privilegiado lugar. Pero la combinación de juventud y ego suele jugar malas pasadas. Se equivocó tratando de resucitar los sofisticados músicales de los años treinta haciendo cantar a Burt Reynolds y a Cybill Shepard…

La calidad de la película fue inversamente proporcional a la respuesta que recibió del público. Un duro castigo para una brillante comedia músical y para un tipo obligado a acostumbrarse a las tragedias después de aquello (cómo duele recordar a Dorothy Stratten).

Su presupuesto fue de 6 millones de dólares… Recaudó apenas uno y medio.

BRAZIL (1985)Terry Gilliam

Hubo juicios. Retrasos en el estreno (años de retraso). Pésima distribuición. Aún así, Gilliam fabricó una de las mejores películas de la década.

Todo en ella es mágico. Desde un afinado reparto, hasta la asfixiante puesta en escena. La imaginación del ex-Monty Python se desbordó como nunca en esta fábula de un futuro sin esperanza.

Costó 15 millones de dólares… Tan sólo recaudó 9.

EL CUARTO MANDAMIENTO (1942)Orson Welles

Welles la rodó a su estilo, osease, haciendo lo que le vino en gana. Después decidió posponer su post-producción largándose a Brasil para rodar un documental que le mantuvo en el país sudamericano durante casi un año.

Durante ese tiempo, la RKO montó (mutiló, según Welles) la película y aún tuvo tiempo de secuestrar el material rodado en Brasil para almacenarlo en sus almacenes.

El resultado… La mejor película de la historia según algunos de esos estúpidos rankings con los que de vez en cuando las academías bombardean las páginas de los periodicos… Aunque, por una vez, estoy de acuerdo (y que Orson me perdone).

Su presupuesto se cifró en torno al millón de dólares… Apenas consiguió recaudar la mitad.

REVOLUCIÓN (1985)Hugh Hudson

Y como corresponde, lo mejor para el final…

Y es que ya lo dijo Ford: “Entre la leyenda y la realidad, quédense con la leyenda”. Lo cierto es que no fue muy inteligente, por parte del director de “Carros de Fuego”, el contar la historia de la revolución americana tal y como fue, situando como heroe a un cobarde alistado a la fuerza (pobre Pacino, cuatro años sin hacer cine después de esto) en un entorno carente de buenos y malos. Todo ello utilizando dinero americano.

Pacino logró recuperarse. Hudson no. Y la peli al final, resultó ser una mediocridad que tal vez no mereció destino tan cruel.

Sin duda la película menos rentable de la historia. Costó 28 millones de dólares… Recaudó cerca de 200.000… Y no, no es broma.

Mis felicitaciones para quién haya conseguido leer hasta el final de este enrevesado listado… Trataré de ser breve y no atormentar con más megaposteos.

Publicado originalmente en mi viejo blog. Allá por diciembre de 2005. Lo recupero por hacer bulto. Y por pereza, vamos…