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Greg Dark no está contento. Desde hace tiempo es reclamado para todo tipo de entrevistas. No le gusta, odia llamar la atención. Desde que se descubrió que el tipo que había dirigido cientos de videoclips de las nuevas estrellas adolescentes era el mismo que despuntó haciendo porno, su vida se hizo más difícil.

“Está bien, hice porno. Brian de Palma también y nadie dice nada”.

La productora de Britney Spears dejó de llamarle. Una pena, porque Britney le adora, alguien con nombre de actriz porno tenía que adorarle. Pero a él no le importa. Ha dirigido cientos de vídeos en los últimos dos años. Trabajo no le va a faltar. Ahora quiere hacer cine, ha dirigido un par de películas de bajo presupuesto, mientras le siguen ofreciendo clips, y de eso vive. Su último trabajo consistió en lanzar a la hermana pequeña del clan Carter. Su hermano mayor forma parte de los Backstreet Boys y Aaron, el mediano, es una estrella televisiva. Ahora es el turno de Leslie. A Dark no le gusta dirigir clips, y menos este tipo de clips. Frente a su objetivo han desfilado la Spears, Christina Aguilera y Mandy Moore. Está harto de ésto, pero siempre será mejor que hacer porno.

Mediados los 80, cuando Greg era estudiante de cine en Stanford, comenzó a rodar un documental sobre el mundo del porno que se titularía “Ángeles Caídos”. Durante su rodaje conoció a Walter Gernert, productor azul. En un principio no le cayo bien. Hoy día, Gernert sigue sin gustarle…

“El tipo este que me metió en el porno, Walter Gernert, era la persona más abyecta, cruel y codiciosa que he conocido. Un ser despreciable.”

Durante el rodaje, Gernert empezó a hacerle preguntas: “¿Tienes Coche?, ¿Cuánto pagas de alquiler?, ¿Qué tienes en la nevera?, ¿Con cuánto vives al mes?”… Finalmente le lanzó una oferta: dinero a cambio de talento. Gernert quería cambiar el anquilosado panorama porno y había encontrado al tipo adecuado. Así nacieron los Dark Brothers. Primero se cambiaron los apellidos legalmente por el de Dark, después comenzó una carrera basada en la provocación: Se burlaban de las actrices llamándoles putones; se presentaban en los rodajes ataviados como chulos de los años setenta; concedían entrevistas macabras. Les gustaba denunciar lo podrido del submundo triple X. Parecía que nada les satisfacía más que buscarse enemigos. La industria les odiaba.

Su experiencia fílmica nació con el rodaje de “New Wave Hookers”. En ella se lanzó a una cría de 16 años que decía tener 22. Su nombre: Traci Lords. Greg Dark sacó lo mejor de ella… o lo peor. Sus películas se caracterizan por su inhumanidad. Dark expresaba así su rencor por el género y por el mundo en general. No tenía muchos amigos, sigue sin tenerlos.

“Era muy bueno en lo mío. Y lo mío consistía en hacer que los actores se comportaran como animales. Pulverizar sus escrúpulos sociales, borrar de sus cabezas todo lo que habían aprendido desde la infancia. Ni siquiera me hacía falta levantar la voz. Me bastaba apelar a sus egos. La gente es capaz de cualquier cosa por orgullo, incluso bestializarse. Y eso era lo que filmaba: el momento en el que esos seres humanos se convertían en algo no humano”.

Siempre esperó que alguien le mandase al carajo, pero nadie lo hizo. Al salir de los rodajes se transformaba en lo que realmente era: un tipo inseguro e introvertido. Pero al filmar, él mismo se convertía en una bestia.

Terminada “New Wave Hookers” (y convertida en serie de culto), se enfrentó a su gran obsesión: el remake de “El Diablo en la señorita Jones”. Dark consideraba a Gerard Damiano como el único genio surgido del porno y a ésta película como su obra capital. Se enfrentó al reto como él acostumbraba: a tumba abierta. El deslumbrante resultado fue cuestionado por muchos. Nadie osó, sin embargo, a poner en duda su poder visual, el  punto fuerte de Greg Dark.

Harto del porno y de una vida sin objetivos, desapareció durante un tiempo. Entre otras leyendas, de dice que fue luchador de Thai Boxing en Tailandia. Lo cierto es que año y medio después volvió. Sus brazos más tatuados; su expresión más afilada; sus ojos oscuros aún más negros. No cambió, sin embargo, la más llamativa de sus costumbres: vestir de negro de pies a cabeza.

A su regreso abandonó el porno y se propuso hacer realidad su sueño de dirigir cine convencional. Lo consiguió. Se cambió el nombre por el de Gregory Brown y dirigió un par de horrendas películas baratas. El desastre y la necesidad dirigieron sus pasos de nuevo hacia el porno… y los Dark Brothers volvieron a cabalgar. Son años de excesos en los que Greg se convence de que nunca abandonará el género.

“Me acosté con muchas actrices. Todo el mundo lo hacía, habría sido gilipollas de no hacerlo. A veces, se te ofrecían sin que hubieras la abierto la boca”.

Su visión del mundo se distorsiona por completo. Prescinde de los argumentos y comienza a rodar de modo violento, tratando a sus actores como pedazos de carne. El sexo, bajo su visión siempre animal, se convierte en bestial. La gente se huele, se frota y resopla, como bestias. En una ocasión, una actriz se encontraba aturdida tras ser sometida a una múltiple penetración; Greg acercó la cámara y le preguntó si había sufrido abusos siendo pequeña. Ella contestó.

Su “salvación” llegaría de la mano de un grupo heavy. Una banda llamada Sublime le pidió que dirigiera uno de sus videoclips. Fue el primero de una lista interminable. Y los Dark Brothers se acabaron.

“Hay toda una generación que creció viendo mis vídeos. Me sigo encontrando con metaleros y raperos que me lo recuerdan”.

Ahora, con 50 años cumplidos, dice ser otra persona. Se ha casado y es razonablemente feliz. Aunque su insatisfacción se mantiene y estalla cuando los ejecutivos de DreamWorks le piden que vista de negro a Leslie Carter para que no aparezca demasiado gorda en el vídeo…

“Qué edad tiene: ¿catorce? La edad perfecta para convertirse en yonki. Le podemos dar crack, entonces no parecería gorda. Mejor aún: ¿y si la partimos por la mitad con una sierra?”

Los directivos de DreamWorks se marchan malhumorados. La ironía no les ha hecho gracia. Greg se dirige entonces a Leslie para decirle suavemente que se tome un descanso. Sus modales no han cambiado. Sigue siendo el mismo tipo educado a su pesar que era en la universidad. El tipo cuyos modales chocaban con aquello que filmaba. El tímido que nunca alzaba la voz y veía al mundo como un lugar hostil. El Robert Crumb del porno.

“No me gusta Gernert. Sin embargo, él creyó en mí. Lo más importante en la vida es encontrar a alguien que crea en uno. Este tipo creyó en mí. Siempre le estaré agradecido”.


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Kara Mynor era apenas una cría cuando se fue de su Ohio natal rumbo a California. Su sueño era convertirse en actriz porno y a fe que lo consiguió. Su cuerpo menudo, su aspecto de niña y sus pechos pequeños como mandarinas jugaban a su favor. Hace tiempo que la industria buscaba adolescentes que además lo pareciesen.

Una vez logrado el objetivo, llegó el momento de medrar en busca del estrellato. Para ello, sólo es necesaria la “actitud” y a ella le sobraba. Sonreía cuando le tocaba tragar y seguía haciéndolo cuando los tipos del equipo técnico le metían mano. Era una estrella en potencia. A nadie le importaba que hubiese dejado un hijo recién nacido en brazos de su abuela materna. Tampoco importaban las horas gastadas en la barra de club de striptease. Ella valía mucho más y lo iba a demostrar. Y así fue, hasta que Skooby (su representante) se hartó de sus extravagancias e idas de olla. Se acabó la coca, aunque para hacerlo efectivo fuera necesario atarla. Así lo hizo. La metió en una jaula y allí la dejó durante tres días hasta que estuvo a punto de deshidratarse. Pasado ese tiempo, Kara consiguió escapar y pedir ayuda. Esa es su versión. La de Skooby y sus “chicas” es otra completamente distinta.

Su fama de chica díscola creció desde entonces. Hizo un amago de volver a Ohio, pero se quedó en la ciudad. “La gente necesita amigos”, decía, y ella no los tenía por allí. Por eso se entregó a las drogas. Primero fue coca, pero la abandonó cuando su precio se convirtió en prohibitivo. Después llegaron los tranquilizantes. Con receta no resultaban demasiado caros y ella sabía como conseguir papeles con firmas de médicos.

Un día se cortó las venas. Pero no fue nada, una llamada de atención, dijeron los médicos. De hecho, a ella le encantaba enseñar sus cicatrices. Otro día la encontraron en la calle, desnuda, gritando el nombre de su hijo. Parecía flipada. Después descubrieron todo un cargamento de Xanax en su estómago. Joel Lawrence (actor porno y representado de su novio ocasional) estaba con ella, trataba de calmar la batalla legal perdida en la que su ex se quedaba con el niño alegando que su madre era una estrella del porno que le tenía desatendido. Ella lloraba y gritaba el nombre de su hijo una y otra vez. Así hasta que llegaron los paramédicos. Ellos la sujetaron y entubaron. Ella gritó, una vez más: “Éste es mi cuerpo y hago lo que quiero con él”. “No en California” -dijo uno de los paramédicos- “Tenemos leyes que impiden que la gente se mate”. La llevaron a un hospital. Desde allí se marchó a Ohio.

Meses más tarde volvió. Parecía otra con sus 19 años a cuestas. La piel ennegrecida, la uñas raídas, el rostro cambiado. Le costó trabajo encontrar un productor que confiara en ella. Pero ella tenía “actitud”. Ahora, tenía pechos nuevos, como balones de fútbol, y nuevos bríos. Se ha cambió el nombre por el de Kara Bare y más tarde por el de Shawna Lenee, y aseguraba que recuperaría a su hijo en cuanto tubiese el dinero suficiente para costearse un buen abogado. A veces parecía una yonki, a veces no, aunque decía que estaba limpia. Aparentaba más años de los 20 que acaba de cumplir.

El Valle de San Fernándo está cubierto de historias como la suya. Carne joven que llega fresca al mercado. Hace tiempo que la industria se convirtió en un mercado. Sophia Lynn podría hablar sobre el tema, pero calla…

Sophia desapareció un día. Iba para estrella, para chica Vivid, pero se quedó en el camino cuando decidió no presentarse en una convención. Dijo que había tenido un accidente de coche, pero nadie la creyó. Apareció meses más tarde en Florida, su estado natal. Decía que no quería saber nada de la industria azul, pero trabajaba como stripper, justo un escalón por debajo del mundillo. Hace poco tiempo volvió. Quiso regresar con su antiguo agente, pero éste no quiso acogerla. Encontró acomodo en un nuevo regazo y prosiguió su carrera en el lugar en el que lo había dejado. Sigue poniendo cara de asco cuando el actor se corre en su cara.

Y es que si tienes escrúpulos mejor dedícate al polo. Es al menos lo que debió pensar Sunny Lane cuando sus padres presumieron de hija pornstar en televisión. Ella disfruta de lo que hace y no le va mal. Pero la polémica de ver a sus progenitores en pantalla le perseguirá siempre.

Algo parecido de lo que le ocurrió a Katie June. Increíblemente guapa (demasiado para el porno, como se suele decir), Katie permitió que su madre fuera captada por una cámara durante su “prueba de admisión”. Egoísta y obsesionada con el dinero, pudimos ver a la madre aleccionando a la hija sobre cómo lograr una mayor verosimilitud en una escena. Katie desapareció pronto del mundillo azul. Es de esperar que su madre lo hiciera de su vida.

He conseguido uno de los fotogramas que ilustran el documental que protagonizó involuntariamente: “Dame tu alma”. Aquí lo dejo…

El dinero no era el problema de Kimberly Cummings. Dicen que su familia estaba forrada. Que tenía negocios petrolíferos y ella era la oveja negra de la familia. Nunca se comprobó. Lo que sí se pudo certificar es que Ariana Jollee sí que lo estaba. Su padre, Gil David, era un conocido locutor de radio de la WHLI de Long Island. Ariana (nacida Laura Jennifer David en 1982) pronto comenzó a despuntar en el mundillo azul gracias a su racial físico. Le gustaba el sexo duro, y es por ello que nunca le faltaron oportunidades para demostrar su talento. Probó cada uno de los palos que se le pusieron a tiro: orgías lésbicas, hombres gays, interracial… Hizo un gangbang (orgía con un único integrante de su sexo en liza) con 15 transexuales brasileños. Después le siguió una orgía masiva con más de 50 gañanes checos. No tenía límites. Su ansia crecía al ritmo que bajaba su autoestima. Se dice que en cada una de sus performaces veía a su padre. Y está la coca, de la que es adicta.

Se ha casado en un par de ocasiones. En una de ellas con Joey Ray, con quien le une una relación autodestructiva que amenaza con llevarse a los dos demasiado pronto. La otra con un tipo coreano. Un tipo grotesco apodado Chico Wang…

Inkyo Volt Hwang, alias Wanker Wang, alias Chico Wang, no tenía un talento definido. Le gustaban las chicas, pero su aspecto físico no era el mejor para atraerlas. Así que, trató de potenciar sus aspectos positivos. Entre ellos, su labia. Era capaz de hacer reír a una chica. De hecho, era capaz de hacer reír a cualquiera. Tenía la facultad de hablar y ser escuchado, si bien siempre se esperaba de él que dijera algo divertido.

Haley Page nació en México, hija de padre galés y madre mexicana. Su autentico nombre era Maryam Irene Haley. Llegó a los States a los 12 años, después de una complicada infancia en su país de nacimiento. Al parecer, su tío abusó de ella. Aunque fueron las bandas las que más daño la hicieron. Según ella misma contó, la violaron en grupo en más de una ocasión. Llegada a su nuevo país, comenzó una vida marcada por la desestructuración familiar. Su padre inició una nueva vida lejos de su madre y ella misma comenzó una hilera de desplazamientos que la llevaría hasta Hawaii. Finalmente instalada en el continente, comenzó a despuntar como modelo de desnudo mientras trabaja como cajera en un Blockbuster. El dinero no le llegaba para pagar el alquiler y vivir al tiempo. Su cuerpo voluptuoso anulaba el desencanto que le producía el sexo. Desencanto que creció tras casarse con el director Martin del Toro y comprobar que él sólo la quería para conseguir la residencia. Fue estrella prácticamente desde sus inicios en el negocio. También fue yonki desde entonces. Conocida era su afición por fumar heroína.

Inkyo, convertido ya en Chico Wang, comenzó a medrar rápidamente. Sus fantasías sexuales encontraron fácil acomodo en las del onanista anónimo. Se dio a conocer como un brutal hacedor de porno. Sus películas eran extremas, tanto que heredó la salvaje serie prohibida de Khan Tusion en una conocida página porno de Internet. Todo lo cubría con aparente amabilidad: hablaba con las chicas, las tranquilizaba, para después abusar de ellas mediante sus actores. Presumía, además, de haberse acostado con la mayoría de ellas sin cámaras ni dinero de por medio.

Sus vidas confluyeron. Haley, la estrella porno, conoció a Chico Wang en el rodaje de “Spring Chickens 3”. Él no era muy alto, era gordo y poco agraciado, pero tenía el encanto de su simpatía. Por entonces, Chico mantenía una relación con Ariana Jollee, así que dejó pasar el tiempo. No sentía gran atracción por él, pero se sentía cerca de su fuerte personalidad. Sus planes de convertirse en sexóloga cada día estaban más lejos, se sentía atrapada por la industria. Haley tenía que estar en tal convención, de no hacerlo sus fans se sentirían defraudados, de modo que iba y dejaba sus planes aparcados para mejor ocasión. Así transcurrió su vida hasta que se reencontró con Wang. Ella venía trastabillada de su relación con Del Toro y él buscaba una nueva tía buena a la que tirarse. El problema surgió cuándo él se obsesionó con ella.

Primero trató de convencerla de que limitase sus apariciones en el porno. Después quiso saber en qué lugar se encontraba a cada instante del día. Finalmente la secuestró. El 28 de junio de este año, la llevó a un apartamento en el que grabó como la violaba. Después la golpeó con la culata de una pistola y la dejó sola en la habitación, momento que ella aprovechó para escapar y denunciarle. Fue encarcelado y comenzaron a aparecer cargos del pasado. En 1997, Inkyo fue acusado de secuestrar a Helen Na, su novia en la facultad. Según se supo, pasó dos años de su vida en la cárcel acusado de intento de rapto, violación y asalto con arma mortal. Su pena fue rebajada gracias a que el abogado convenció al jurado de que en su cultura tal actitud era “frecuente”.

Difícil de explicar resultaría la razón que llevó a Maryam a retirar los cargos dos días después de la denuncia. Más difícil sería comprender por qué se casaron un 2 de agosto, diecinueve días antes de su muerte.

El 21 de agosto su cuerpo era encontrado sin vida en un apartamento de King City. Según el coroner (algo así como un funcionario que investiga las muertes poco claras) no había ni rastro de violencia en el escenario del crimen. Tampoco de Wang. No se supo nada de él durante semanas. En un principio se le acusó de la muerte de Maryam, alegando su extraña desaparición como prueba máxima. Se dijo que había abandonado el país rumbo a extremo oriente tras consumar el asesinato presa de los celos. Sin embargo, el 29 de septiembre era encontrado su cadáver en un cochambroso hotel de Morgan Hill. Según el coroner que examinó su muerte, ésta se debió a una sobredosis. El análisis toxicológico de Haley no aclaró las cosas. Extraoficialmente murió de sobredosis de heroína, si bien, uno de los policías señaló a Wang como directamente implicado en la muerte de su esposa. A día de hoy siguen sin conocerse con exactitud las razones de la muerte de Haley y si en ésta intervino otra persona. Lo cierto es que los dos están muertos. Y que el padre de Maryam, terriblemente afligido por la vida y muerte de su hija, hizo publica ésta última y morbosa imagen.

Luke Ford: ¿Como crees que te describiría la gente que te conoce bien?

Chico Wang: Como un psicópata borracho sin límites. No dejo que demasiada gente entre en mi círculo. Cuándo estás dentro, estás dentro. Y cuándo estás fuera, estás fuera para siempre.

Pregunta: ¿Cuál es tu herencia genética? Pareces asiática, pero he escuchado que eres mitad mexicana mitad galesa.

Haley: Soy mitad mexicana mitad galesa. Nunca me habían dicho que parezco asiática. ¡¡Es nuevo para mí!!

Question: ¿Tienes novio o marido?

Haley: No, soy soltera, y me encanta serlo…

Question: ¿Has probado las drogas duras?

Haley: Lo hice cuándo era adolescente. Después crecí deprisa y no volví a hacerlo en seis años. No me gustan las drogas…

“Yo no tomo drogas. Las drogas me toman a mí”

Cuando John C. Holmes se casó con Sharon Gebenini le prometió honrarla, respetarla y serle fiel. No cumplió ninguno de los propósitos. Sin embargo, Sharon aún guarda el papel en el que él garabateó aquellas palabras sin valor. Así era en esencia John Holmes, un hombre encantador incluso cuando te traicionaba, algo que, los que le conocían, sabían ocurriría tarde o temprano.

John Curtis Holmes nació un 8 de agosto de 1944 en el condado de Pickaway, Ohio. Como el pequeño de tres hermanos, estaba destinado a ser el receptor del cariño de todos ellos de no ser porque su padre, Edward, era un alcohólico cuyos repetidos maltratos habían convertido a su esposa Mary en una fanática religiosa. De su traumática infancia apenas se sabe nada, Holmes habló del tema en pocas ocasiones. Fue su primera esposa, Sharon, quien relató, en un documental póstumo sobre su figura, los problemas de John para dormir y sus frecuentes pesadillas en las que su padre vomitaba sobre él y sus hermanos. Pronto comenzaron sus escarceos con el sexo opuesto. A los 12 años perdió la virginidad a manos de una amiga de su madre de 36. Ella fue la primera de entre las 14.000 y 20.000 mujeres que se estiman pasaron por su brazos durante su corta vida.

Su carrera en el porno comenzó relativamente tarde. Holmes no fue consciente de su singularidad (35 centímetros de singularidad) hasta una tarde en la que Sharon le encontró eufórico correteando desnudo por la casa con una cinta métrica en las manos: “¡¡Va desde 12 centímetros hasta alcanzar los 25!! ¡¡25 centímetros de largo!! ¿No te parece increible?”, recordó Sharon, quien, al tiempo, avivió la controversia acerca del autentico tamaño de su miembro. Para tan magna cuestión no hay consenso. Oficialmente se considera que el tamaño de su pene oscilaba entre los 32 y los 41 centímetros. Sharon, su primera esposa, siempre consideró exageradas tales cifras. Si bien, cualquiera que le haya visto en acción, a través de sus películas, es consciente de que semejante miembro viril sobrepasa ampliamente los 25 centímetros.

Meteóricamente convertido en estrella del naciente universo hardcore pese a los escaso de su aportación efectiva al género (tan sólo se podrían destacar un puñado de películas entre las que brillarían las divertida y gamberra serie dedicada a las carnales aventuras del detective Johnny Wadd) Holmes mantuvo cierta estabilidad durante su primera etapa en el mundillo. Sin embargo, no tardó en iniciar una serie de romances lejos del influjo de las cámaras al tiempo que el agotador ritmo de rodaje y la presión le conducían al submundo de las drogas. A pesar de ello, Sharon se mantendría a su lado hasta 1985, ejerciendo, en no pocas ocasiones, como matriarca del harem compuesto por su marido.

Propietario de una libido feroz, Holmes siempre reservó energía suficiente para mantener fugaces romances con infinidad de mujeres atraídas por el mito: “Un jardinero feliz es el que tiene las uñas llenas de tierra y un cocinero feliz es un cocinero gordo. Nunca me canso de lo que hago porque soy adicto al sexo. Soy muy lascivo”. Entre las pocas mujeres que significaron algo para él cabe destacar, además de a su primera esposa, a Julia St. Vincent, sobrina del productor Armand Atamian, a quien conoció durante un rodaje. Con ella mantendría una fluctuante relación de seis años. Más adelante, St. Vincent produciría uno de los muchos documentales inspirados por Holmes. Más intensa fue su relación con la adolescente de 16 años, Dawn Schiller. Dawn era vecina de Holmes en el bloque de apartamentos baratos en el que residía cuando fue seducida sin demasiados problemas por “la gran estrella del porno”. Más tarde, fue introducida en el mundo de la drogodependencia por él. De hecho, Dawn Schiller acompañó a Holmes durante los turbios incidentes ocurridos en la avenida Wonderland en junio de 1981.

A finales de los setenta la estrella de John Holmes comenzó a decaer vertiginosamente. Su adicción a la cocaína había alcanzado niveles límite. Se dice que esnifaba una raya cada 15 o 20 minutos y agotaba un frasco diario de Valium (40 pastillas) para contrarrestar sus efectos. Como consecuencia de tales abusos sencillamente no se le levantaba. Sus problemas de erección se convirtieron en leyenda para el Tinseltown azul. Los rumores aseguraban que utilizaba varias fluffers (mujeres encargadas de lograr y mantener erecciones of the record) para conseguir rodar una escena, y que éstas, agotadas literalmente por tan arduo trabajo, necesitaban horas para conseguir algo parecido a una erección. El considerable tamaño de su miembro y la ingente cantidad de sangre necesaria para lograr tal fin, se convirtió, paradójicamente, en parte del problema. En ese punto, el trabajo comenzó a escasear y Holmes se vio obligado a buscar alternativas viables para mantener contenta a su nariz. Las maletas que robaba en las cintas de equipaje del aeropuerto de Los Angeles, los pequeños trapicheos a costa de tarjetas de crédito robadas, su trabajo como chapero y los dólares conseguidos prostituyendo a su novia adolescente no eran suficiente para mantener bien equipada la maleta marrón que siempre le acompañaba. “Hacia 1978 Holmes se pasaba todo el tiempo fumando cocaína. Se había metido en la droga durante el rodaje de una película en Las Vegas y desde entonces no dejó de fumar. Ya no iba nunca a ninguna parte sin su maletín Samsonite marrón. Dentro llevaba las drogas, su pipa de vidrio, el bicarbonato y un platillo para hervir el polvo de la cocaína hasta convertirlo en una piedra, una botella de ron 151 y bolitas de algodón para encender la pipa”. Su situación era desesperada. En su último rodaje porno el director estuvo cerca de atizarle porque llegaba tarde al trabajo y siempre colocado. “El único modo que teníamos de hacerle trabajar era esparciendo coca por el suelo hasta el set de rodaje”. A pesar de seguir casado con su primera esposa, hacía tiempo que John y Dawn vivían juntos en una destartalada caravana Chevy Malibu propiedad de Sharon, lo que no impedía que “invadiesen” su casa cuando la necesidad era muy marcada. “Cuando se metía coca, lo hacía hasta que ya no quedaba. Luego rascaba la pipa y se fumaba toda la resina que podía sacar y después se tomaba un puñado de Valiums. Me hacía hacerle aquellas galletas de chocolate y manteca de cacahuete. Toda esa cantidad de azúcar le ayudaba a dar el bajón. Se bebía un gran vaso de leche, poníamos los dibujos animados y luego se iba a la cama en el dormitorio de Sharon. Yo solía quedarme dormida en el sofá”. Así las cosas, Holmes comenzó a realizar trabajos de poca monta para la banda de Wonderland. Éstos, una serie de delincuentes de poca monta (la mayoría de ellos yonkis) que debían su nombre a su base de operaciones, un apartamento situado en Wonderland Avenue, le confiaron pequeños trabajos como correo. Simultáneamente, John mantenía contactos con el mafioso local, Ed Nash, a quien suministraba chicas a cambio de drogas. Se fraguó así el génesis del caso de los asesinatos de Wonderland.

Adel Nasrallah, autentico nombre de Nash, era un palestino naturalizado norteamericano que había llegado a los States en la década de los 50. Tras comenzar vendiendo perritos calientes en un puesto callejero, no tardó en darse cuenta de que el triunfo en su nuevo país pasaba por la ilegalidad. Mediante el tráfico de drogas, Nash no tardó en medrar dentro del hampa angelino hasta alcanzar cierto estátus. A sus múltiples negocios inmobiliarios utilizados para lavar dinero negro, se unían varios clubes de strip-tease y una afición desmedida por el sexo que le llevó a invertir dentro de la industria porno. Allí fue dónde conoció a Holmes.

El 29 de junio de 1981, los desesperados y torpes miembros de la banda de Wonderland decidieron “interceptar” un envío de Nash. Éste, encolerizado, no tardó en tomar represalias. El 1 de julio, advertido probablemente por Holmes de quién había sido el responsable del robo del alijo, matones de Nash aniquilaron a la banda en su propio cuartel general. La brutalidad de los asesinatos fue tal que los detectives que llevaron el caso declararon no haber visto cosa igual desde los crímenes cometidos por la familia Manson. Holmes, el único miembro de la banda en salir con vida de la masacre, huyó junto a su novia para ser detenido en Florida seis meses más tarde. Terminaría siendo liberado sin cargos antes de cumplir un año en prisión.

Instalado definitivamente en el fondo del más profundo abismo, abandonado por Schiller, sin trabajo y con una salud precaria, Holmes fue rescatado por un viejo amigo que le propuso retornar al porno con la única condición de que estuviese limpio de drogas. Con gran esfuerzo y tras una cura de desintoxicación de dudoso éxito, Holmes regresó al mundillo en una película de bajo presupuesto rodada en el circuito alternativo de San Francisco. Atrás quedaban para siempre los dorados tiempos en que ganaba 5.000 dólares por día de trabajo y asistía en limusina a los multitudinarios estrenos de sus películas en Sunset Boulevard. Sería allí donde, durante el rodaje de “Flesh Pond”, conocería a una joven de 19 años llamada Laurie Rose, junto a quien iniciaría la última etapa de su vida. Ella, nacida en un pequeño pueblo de Nevada, era escasamente agraciada, lo que le había impedido convertirse en habitual para la por entonces “elitista” industria angelina. Su aspecto sonrosado y saludable chocaba frontalmente con el demacrado aspecto de Holmes, quien a su 39 años de edad aparentaba el doble. El esfuerzo e influencia de Laurie fue decisiva en el breve retorno a la estabilidad del actor. Consiguió alejarle de las drogas de modo permanente y hacerle ganar algunos kilos gracias a un alimentación regular y compensada. Su paranoia, sin embargo, no tenía cura. Según Laurie, a John no le gustaba salir de casa de tal modo que se pasaban las noches viendo vídeos en la cama. Más adelante, él sugirió la posibilidad de visitar clubes de intercambio los fines de semana para que otros pudieran satisfacer las necesidades de su joven novia que él a duras penas podía proporcionarle. Tras una negativa rotunda inicial, ella terminaría aceptando.

En el verano de 1985, tras unas semanas de continuas diarreas y malestar general, Holmes acudió a un médico en busca de un diagnóstico. El resultado fue inconcluyente pero los síntomas continuaron creciendo. Ante la falta de alternativas se le decidió practicar la prueba del SIDA. Dos semanas más tarde, John Holmes recibió la confirmación de que era seropositivo. “Cuando volvió se reía de aquello. Cerramos la oficina y nos fuimos a la playa. Tocamos nuestras canciones favoritas, paseamos y hablamos. John me dijo que le parecía como si le hubiesen elegido para coger el sida por ser quien era, por cómo vivía. Se sentía como si fuera un ejemplo”. Mucho se ha especulado sobre las razones de su contagio. Teniendo en cuenta su modo de vida pudo ser de cualquier modo. Es, sin embargo, su única incursión en el cine porno gay la que mayores posibilidades tiene de ser el origen de su contagio. En 1983, acuciado por la falta de ofertas, aceptó rodar una película homosexual titulada “Los Placeres Privados de John C. Holmes” (rodaje por el que se embolsó un cuarto de millón de dólares que terminarían desapareciendo por el sumidero de su nariz) en la que compartió cartel con la estrella del género, Joey Yale, quien murió de SIDA en 1986. Y si Yale nunca comunicó su enfermedad a la industria, John siguió el mismo camino. Durante años continuó rodando sin protección junto a algunas de las grandes estrellas de la época. Entre ellas se encontraban: Ginger Lynn, Traci Lords y la conocida estrella europea Ciocciolina, junto a quien rodó la que sería su última película. Fue ella quien le definió como “muerto en vida”.

Contra todo pronostico fue su joven novia la única que se mantuvo a su lado hasta el final. En 1987, ya con Holmes en estado terminal, Laurie Rose se convirtió en Laurie Holmes en una modesta ceremonia celebrada en una capilla de una barrida de Los Angeles. Ni siquiera tenían dinero para cubrir los gastos de la ceremonia. Años más tarde, Laurie se volvería a casar con Tony Montana, otra vieja gloria del porno también seropositivo.

El 13 de marzo de 1988, John C. Holmes, alias John Duvall, alias Big John Fallus, alias John Helms, alias Johnny Wadd, alias Big John, alias Long John Wadd… fallecía en un hospital de Los Angeles a la edad de 43 años. Los gastos hospitalarios fueron sufragados por varios productores de la industria que exigieron al hospital un hermetismo total acerca de las causas de su muerte. Más tarde serían ellos quienes (para evitar una epidemia de pánico) harían público la noticia de que fue un cáncer de colón el que acabó con la vida de la estrella. Sus restos fueron incinerados tres días más tarde. Definir una vida de tal bajeza no resulta fácil. Vanessa del Río, mítica superestrella de la época dorada del género, fue de las pocas en dedicarle algunas buenas palabras: “Con John Holmes no hay termino medio: o lo detestas o lo amas. A mí me encantaba follar con él. Tener en mi interior todo su volumen me hacía llegar al delirio erótico. No tenía rival y, además, era un excelente compañero, chistoso y ocurrente, no como otros, muermos totales”. Del Río hizo referencia al mito que no al hombre. Lo cierto es que todos los que tuvieron contacto con él se han aprovechado del mito para sobrevivir a su costa, ya sea mediante libros, películas o participación en programas televisivos. A día de hoy, John C. Holmes sigue siendo rentable. Sigue vivo en la imaginería del aficionado al cine azul. El mito vive, el hombre murió. Y el mejor epitafio tal vez sea el que le dedicó Sharon Gebenini, su primera esposa, tal vez la persona a quien más daño hizo un tipo dañino por naturaleza como fue él: “John era un niño pequeño asustado. Cuándo me di cuenta de ello ya era demasiado tarde. Me hacen gracia todos esos que dicen que le conocieron. Nadie conoció a John.”

 

En contra de lo que proclama el tópico más recurrido, son muchos los actores que se han desnudado frente a una cámara. Entre ellos ha habido estrellas y megaestrellas, a solas y en grupo, orgullosos y arrepentidos de haberlo hecho. Tal es el caso de Robert de Niro y Gerard Depardieu, con los que da comienzo este tórrido posteo… 

LOS ARREPENTIDOS…

Conocido es el caso del amargo arrepentimiento que causó en la oscarizada Helen Mirren el haber participado en el rodaje de “Caligula” de Tinto Brass. Ella, que nunca tuvo reparo en mostrar su esplendido cuerpo desnudo, se sumió en una profunda depresión tras comprobar como el productor Bob Guccione (mandamás de la revista “Penthouse”) había remontado la película del director italiano convirtiéndola en una especie de péplum softporn que incluía escenas de sexo explícito. Tras comprobar con sus abogados la imposibilidad de retirar su huella de aquel mítico desastre, la Mirren se limitó a renegar de su participación en el biopic guarro del sátrapa emperador romano. Curiosamente, y es que el tiempo todo lo cura, la actriz inglesa no tuvo reparo alguno en participar en el fake trailer “Trailer for a Remake of Gore Vidal’s Caligula “, excelente presentación, dirigida por Francesco Vezzoli, de una improbable continuación de la película maldita que dirigió (y de la que también renegó) ese sátiro entre sátiros que es Tinto Brass.

Esta larga introducción (excuses) viene a cuento de la batalla entablada (años después del estreno de la peli) tanto por Gerard Depardieu como por Bobby de Niro a la hora de tratar de retirar una escena de masturbación dual que una meretriz epiléptica (y me ahorraré el chiste) les ejecuta en el monumental fresco historico dirigido por Bernardo Bertolucci  “Novecento”.

No se pierdan el contraste entre la expresión de gilipollas feliz de Bobby…

… y la de monaguillo en éxtasis de Depardieu…

Finalmente, el asunto se resolvió en nada, que Bertulucci tiene espaldas para soportar mucha más presión de la que pueda ser ejercida tanto por la superestrella hollywoodiense como por el compulsivo comedor de queso nacido para interpretar a Obelix

Y LOS ORGULLOSOS…

Se necesitaría todo el espacio virtual para recoger el bando de los felices y contentos con sus escenas en bolas pues, afortunadamente, la mojigatería siempre perderá la batalla de la carne. Entre los más activos a la hora de mostrar sus atributos a todo aquel que quiera verlos se halla Harvey Keitel. De hecho, he perdido la cuenta de las ocasiones en las que ha paseado su desnudez por la pantalla plateada. Pero como tengo que elegir una y no pienso recurrir a la manida escena de “El Piano” (sí, ya sé que es pura poesía y sexo metafórico pero a mí me aburre tanto como la película) les muestro la terrible escena de “Teniente Corrupto”, dirigida por Abel Ferrara, en la que muestra toda la envilecida miseria de su personaje despojada de cualquier tipo de máscara…

 

Tan degradado como Keitel se presentó el hoy estelar Viggo Mortensen en “Extraño Vínculo de Sangre” (The Indian Runner) ópera prima como director de Sean Penn en la que se echó mano de una canción del Boss (“Highway Patrolman”) para construir la historia de un inadaptado incapaz de asumir su rol de oveja negra social.

Curioso es que una película que en su día pasó desapercibida sea, desde el estreno de la saga del anillo, una de las más solicitadas en videoclubs y televisiones por cable de los States.

Otro sex symbol, más joven y morboso, es Jonathan Rhys-Meyers. El que fuese votado hombre más sexy del Reino Unido (pese a ser irlandés) el pasado año, junto con Robbie Williams, también se desnudó en los albores de su carrera artística. Ocurrió en “La Institutriz”, inocuo folletón de época cuyo único legado para el recuerdo me temo será esta gratuita exhibición del actor…

Y si nada aporta el generoso gesto de Rhys-Meyer a tan fofa película, menos aún ofreció la imagen del veterano Richard Harris y sus gayumbos a “Your Ticket is not Longer Valid”, extraño melodrama con tintes sexuales en el que Harris no se cortó a la hora de mostrar su aún robusto cuerpo pese a lo incipiente de su senectud…

Otro que carece de prejuicios es Leo DiCaprio. Según chismorreos varios, al actor le encanta pasearse desnudo por casa… ajena en muchas ocasiones. En su faceta artística, enfocada a convertirle en estrella desde que era un crío, le resulta más complicado mostrar esa vena exhibicionista. Tuvo que ser Martin Scorsese el que, amparado por la penumbra eso sí, mostrase a sus legiones de fans las suaves formas de su cuerpo cuasi femenino en “El Aviador”

Sí, imagino lo que cualquier fémina (y no pocos varones) estarán pensando al ver esta escena: culo veo, culo quiero…. Pues no deberían expresar su deseo hasta haber visto a el gran Sean Connery…

Agudicen la vista y diríjanla hacia la zona inginal…

Así, armado cual periscopio de submarino nuclear, fue filmado Sean Connery en “Sólo se vive dos veces”, una entrega más de las aventuras de 007 ambientada esta vez en Japón. Ahora ya saben de dónde sacó Spielberg el eslogan publicitario de “Tiburón”: La amenaza acecha bajo el agua… 

Al parecer en la versión de celuloide la imagen es inapreciable gracias a las turbulencias del agua, pero ahí estaba la tecnología digital para alegrar el día a millones de fans que seguro ahora entenderán el porqué de su bien ganada fama como semental.

Para finalizar les dejo con el desnudo de uno de los hombres más bellos (a juicio de ellas y ellos) que ha asomado su rostro por una pantalla: Helmut Berger.

Solitaria ducha del actor austriaco, inspiración y amante del gran Luchino Visconti, que sirvió como regalo postumo hacia su mentor…

Sin embargo, una consulta efectuada a finales del pasado siglo entre mujeres de toda edad y nacionalidad demostró que a ellas la desnudez no les inspira tanto como el juego de la seducción. La escena considerada más sensual por el género femenino fue el baile de Kim Novak y William Holden en un embarcadero bajo las notas de “Moonglow”…

La versión opuesta, la masculina, se decantó por la sirenida imagen de Ursula Andress emergiendo cual Venus de las aguas en “Agente 007 contra el Dr. No”, primera entrega de la serie Bond.

Ninguna de las dos escenas contiene desnudos. Curioso. Y es que a veces la distancia que nos separa es menor de la que imaginamos.

En mayo de 2003 se realizó el pase de prensa de “The Brown Bunny”, película dirigida por Vincent Gallo. Ocurrió en Cannes, durante la celebración de su famoso festival. Poco importa que la película fuese recibida con abucheos y abandonos en masa de la sala. Lo realmente importante acaecido aquel día fue la confirmación de que los muros que separaban la pornografía del cine convencional habían caído definitivamente: Chloë Sevigny, una actriz mainstream de renombre, además de nominada al Oscar, había filmado una escena de sexo explícito.

En realidad, el cine convencional llevaba años transgrediendo esos límites desde que la película japonesa “El Imperio de los Sentidos” filmara una escena de sexo oral no simulado. Si bien, la calificación X estigmatizó la película de Oshima, limitando su distribuición del mismo modo que lo sufrieron sus contemporáneas “La Naranja Mecánica” o “El Último Tango en París”.

Superado el shock causado entre mojigatos y reaccionarios de todo pelaje, algunos directores, caso de Michael Winterbottom en “9 Songs”, llegó a incluir una innecesaria eyaculación en la cinta. Puro ejercicio onanístico que nada aporta a la trama más allá del candoroso rubor producido en algún espectador desprevenido.

Lo explícito, habitualmente relegado al cine azul, se ha instalado con tal fuerza dentro del mainstream que se corre el riesgo de olvidar que en el origen de todo esto se halla un tipo enclenque de rostro afilado que atendía al nombre de Will Hays…

Sin llegar a los extremos de hoy día, en los albores del cine, la ausencia de reglas se constituyó como la principal regla a seguir. Abundaban las escenas de orgías; los desnudos eran habituales incluso entre las grandes estrellas, caso de Clara Bow o Lya de Putti (se llamaba así, yo no tengo la culpa). Demasiado desenfreno para una puritana América aún lejos de estar preparada para todo aquello. Fue sin embargo un suceso real el precipitó los acontecimientos: el asesinato, en el marco de una enloquecida fiesta, de Virgina Rappe a manos (supuestamente) de una de las grandes estrellas de la época: Roscoe “Fatty” Arbuckle.

El hecho de que Arbuckle terminase siendo absuelto, gracias a las malas artes de sus abogados, no impidió que la industria decidiese lavar su imagen recurriendo al puritano Hays, quien diseñó un código de conducta seguido a rajatabla durante las décadas que siguieron. Así pues, los directores se vieron obligados a usar la imaginación para mostrar todo aquello que el código consideraba inmoral. Y sabido es que la imaginación, en casos de extrema necesidad, no entiende de límites…

He aquí una pequeña selección de sugerentes imágenes que demuestran cómo lo subliminal superó lo explícito en muchas ocasiones…

EL TAMAÑO IMPORTA

En “Space Balls” (1987), Mel Brooks escenificó la eterna batalla del ego masculino representado para la ocasión por un diminuto émulo del Darth Vader de “Star Wars” y un mercenario espacial que bien podría pasar por un Han Solo con baja estima. El resultado arrojó frases para la eternidad como:

“La mía es más grande que la tuya”

La obsesiva relación entre el hombre y su falo pocas veces fue mejor retratada. Adorable…

… Aunque las explícitas poses de Dolph Lundgrem en “Masters of the Universe” no tienen nada que envidiar a la parodia ideada por Mel. En esta ocasión la espada oficia de poderoso atributo viril amenazando, con su descomunal tamaño, a todos aquellos que osen plantarle cara. Lo mejor: los duelos contra los malos malosos, equipados todos ellos con espadines tan pequeños como palillos. Inolvidable la socarrona actitud de He-Man al enfrentarse a sus enemigos, como quien dice: “Bah… pichacortas a mí”.

Sí, como lo ven. Así se las gastaba la Cleopatra de “Cuidado con Cleopatra” (Carry on Cleo, 1964), una más de aquella serie de “comedias” británicas que se perpetraron bajo el logo “Carry on…”.

Parece que Cleopatra (Amanda Barrie), no pierde el tiempo, y durante uno de sus famosos baños de leche de burra aprovecha para estrujar una fálica mazorca en una metáfora que por evidente (palabros clave: forma fálica, tamaño descomunal y leche a borbotones) resulta tan burda como cabía exigir a los subproductos salidos con aquella denominación, dirigidos siempre a un público con paladar de lija que confirma aquella afirmación de Luis Antonio de Villena: “Yo creía que las clases medias-bajas españolas eran bastas hasta que viajé a Inglaterra”.

Pero si hay un fetiche recurrente es el de los uniformes. En “Joystick”, película dirigida por Greydon Clark en 1983, se mezcló con lo fálico para hacer realidad la más popular fantasía del universo femenino.

El entusiasmo de la actriz resulta elocuente. La actitud sobrada del poli de pega, también…

Finalmente en “Los Rompecocos” (Screwballs, 1983) la escena en la que un gigantesco y bamboleante perrito caliente golpea los traseros de dos camareras afanadas en colocar un cartel publicitario se comenta sola y en dos puntos:

a) el rol de mujer objeto está lejos de quedar atrás en la psique masculina.

y b) la falsedad de la recurrida frase “el tamaño no importa” se muestra en toda su crudeza para desgracia de legiones de compradores de aparatos “alarga-penes”.

OBSESIÓN ORAL

En 1956, Elia Kazan causó un no tan pequeño terremoto con “Baby Doll”. Lejos de ser una de sus mejores películas, sí que se encuentra entre las que más revuelo provocaron al narrar la historia de un matrimonio de conveniencia entre una adolescente y un cincuentón. El hecho de que fuese una práctica habitual en el sur de los States, aún en aquella época, la convirtió en un éxito taquillero gracias al inherente morbo que este tipo de historias provocan en toda sociedad puritana.

Kazan se las apañó para burlar a los censores colando diversos planos en los que Carroll Baker se introduce el pulgar en la boca; gesto que, unido al aspecto aniñado de la actriz, contribuyó a multiplicar el eco escandaloso de la película dotándole de un fino velo de refrescante amoralidad que provocó úlceras en más de una liga de la decencia.

Si bien el director no se detuvo ahí en sus insinuaciones. La escena en la que una embobada Baker lame un helado de vainilla mientras observa a su maduro marido forma parte de la antología de imágenes subliminales que algún censor torpe no supo o quiso ver. Tal vez porque, durante su visionado, estaba ocupado en otra cosa…

Erotómano exquisito, Paul Schrader filmó una de las escenas más sensuales de la época sin necesidad de mostrar más piel de la necesaria…

Ya sin el agobio de la censura encima, simbolizó la obsesión oral con el aparentemente inocente gesto que le dedica un chico de alquiler (Richard Gere) a una sumisa clienta en la irregular pero imprescindible “American Gigolo” (1980).

Y hablando de sutilezas…

Pocas cosas divertían más a Stanley Kubrick que infringir las normas. Su acentuado perfil hijoputil, siempre deseoso de provocar reacciones encontradas, se manifestó en toda su gloria durante la adaptación de “Lolita”, la gran novela del escritor ruso Vladimir Nabokov.

Primero mintió al escritor, tras darle a entender que mantendría el tono despreciable que Nabokov infundió a Humbert en la novela, terminó por convertirle en poco menos que un héroe trágico. Después eligió a Sue Lyon para interpretar el papel de la nínfula, a sabiendas de que el aspecto adolescente de la actriz provocaría estupor. Finalmente, esculpió las fantasías de Humbert en planos aparentemente inocentes; como las gafas de sol con forma de corazón y la piruleta gigante que ella lame lentamente mientras observa a su padrastro, dejando que sus ojos escapen de los marcos de cristal en un claro signo de juguetona ambigüedad por parte de Lolita.

Ni que decir tiene que Adrian Lyne repitió la jugada (de un modo más directo) en el remake filmado en 1997. Esta vez con Dominique Swain en el papel de la maliciosa adolescente.

No podía faltar, por supuesto, el símbolo fálico por excelencia: el plátano. La fruta del amor, sí.

En “Sangre en la tumba de la momia” de Michael Carreras, se utilizó el viejo recurso de la banana para insinuar lo evidente. La variante a destacar, en esta ocasión, fue lo ambiguo de la situación, al compartir un hombre y una mujer tan preciado bocado…

No pregunten quién mordisqueó el pedazo de fruta que falta. Piensen mal y acertarán…

Como pueden apreciar más abajo, a los integrantes del equipo de la película japonesa “Kawaii”, tampoco les faltaba su ración diaria de potasio…

Y es que una dieta equilibrada es fundamental…

De un modo tan gráfico como la última imagen, pero yendo aún más lejos, se presenta la película italiana “Il Bacio”, dirigida por Mario Lanfranchi en el lejano 1974.

Sexo oral y zoofilia de una tacada. No es de extrañar que la expresión de la actriz refleje más miedo que excitación. Que está acojonada, vamos… Normal. Digo yo que se les habría acabado las bananas y alguien debió decir: “¿Y por qué no probamos con una serpiente?”… Qué majo, él.

Más mérito tiene Luis Buñuel, quien en 1930 se atrevió con felaciones tan explícitas como la incluida en “La Edad de Oro”

Curiosamente la película, escandalosa, por supuesto, fue atacada más por sus múltiples referencias anticlericales que por los juegos bucales de sus protagonistas. Será que por una vez la iglesia decidió dejar de proteger nuestra alma impura para proteger sus mullidos culos. Imagino que el contexto de la época favoreció la segunda opción.

También Catherine Deneuve cedió su apetecible lengua a la causa. Y tuvo que ser el viejo sátiro de Marco Ferreri quien la convenciera de realizar tan generoso gesto…

Con ese afán lamedor demostraba la Deneuve su adoración por Marcello Mastroianni en “La Cagna”. Teniendo en cuenta que por aquella época eran pareja en la vida real, imagino que el rodaje de esta secuencia no le supuso problema alguno a la bella actriz francesa.

Pero si hay una escena mítica en el mundo del cine subliminal, es esta…

La felación que Marlon Brando dedicó a una zanahoria en “Missouri” (Arthur Penn, 1976) con objeto de seducir a un incauto Jack Nicholson no tiene parangón.

Brando, sumido ya en su época todo me importa una mierda, reveló unas inusitadas habilidades bucales que explican en parte su gran éxito entre el género femenino. Qué arte, Dios. Ni Linda “garganta profunda” Lovelace habría superado tal exhibición…

LO QUE VEN ES LO QUE HAY

Así es. Lo que ven es lo que hay. La sutileza a un lado.

En “Adiós al macho” (1977) Marco Ferreri no se molestó demasiado a la hora de escenificar que el futuro de la humanidad pasa por ser femenino plural. Y para ello pateó el salami de Gerard Depardieu sin miramientos, utilizando para ello a un grupo de mujeres deseosas de hacer ver quien manda ahora en el corral.

Mucho más comedido fue Delbert Mann en “Suave como visón” (1962).

En ella, la eterna virgen Doris Day, se las ve y se las desea para mantener su virgo intacto de las viciosas intenciones que el sexo opuesto reserva para ella. Incluso aunque el otro lado esté representado por el rey de los seductores: el mismísimo Cary Grant.

Comedia sin gracia resuelta con desgana, lo más destacable de la cinta quizás sea la imagen en la que Grant, armado de una botella (evidente símbolo fálico) amenaza la virginidad de una indefensa Day.

Qué sutil. Aunque bastante más que la referencia que le dedicó el maestro Frank Tashlin a las celebérrimas ubres de Jayne Mansfield en “La Chica no Puede Remediarlo”.

Blanco y en botella: leche. Sobran los comentarios.

En fin. Es todo…

Hubo un tiempo en el que los estrenos más esperados del cine azul se realizaban en la calle 42 de Nueva York. En el que las primerizas estrellas del nuevo género, como Seka, acudian a ellos acompañadas de sus madres a bordo de kilométricas limousinas de color rosa. Ocurrió durante la edad de oro, allá por los setenta, antes de la llegada del Sida, antes de las sucesivas cazas de brujas promovidas por las diferentes administraciones republicanas. Entonces, como aseguró Gerard Damiano, “éramos una familia”.

Aires muy distintos a los del nuevo milenio, en el que cualquier fontanero de Jersey puede producir su propia película en el salón de su casa, y de paso aprovechar para cepillarse a las estrellitas del momento (su autentica motivación, más que la crematística, me temo). Tiempos completamente divergentes a aquellos poblados por un puñado de gente que se esforzó por dignificar un género tan despreciado públicamente como consumido al resguardo de la privacidad…

CAFÉ FLESH (Cafe Flesh, Rinse Dream. 1982)

¿Qué cuenta? (además de lo que ya saben): Cinco años después de terminar la III Guerra Mundial, el planeta Tierra se encuentra en una situación desoladora. Como consecuencia de la castastrofe nuclear, los supervivientes son incapaces de relacionarse entre sí carnalmente. Sólo el 1 % de la población conserva la capacidad sexual (no está mal, en “El Dormilón” de Woody Allen, sólo los descendientes de españoles conservaban la libido tras la debacle nuclear). Éstos, los “positivos”, son confinados, en un régimen similar a la esclavitud, en locales especialidados con el fin de recrear a los “negativos”. En uno de esos locales, aparecerá una pareja formada por un “negativo” y su esposa “positiva”, quien oculta su naturaleza por evitar el inevitable destino que le aguarda a los suyos.

Su historia: Procedente del cine underground, Rinse Dream se introdujo en el mundo del porno atraido por las connotaciones contraculturales que aún conservaba el género. Con un presupuesto ínfimo, recreó la pesadilla post-apocalíptica gracias a una atmósfera insana en la que el sexo pierde cualquier connotación placentera para convertirse en estigma. Para ello se valió de una estética kitsch similar a la de “Cabaret” de Fosse, en la que un grotesco maestro de ceremonias da paso a diversos números sexuales escenificados (intencionamente) sin pasión alguna.

Decidido a cambiar esquemas, en lugar de utilizar profesionales del género, Rinse Dream se rodeó de actores con formación teatral entre los que se encontraba Pia Snow, más conocida por los aficionados al cine de serie B como Michelle Bauer (mítica Screen Queen, ella). El resultado final fue una alegoría teatral y artificiosa en la que Dream se burla/compadece del consumidor erotómano, identificandole con los “negativos” que cada noche acuden al Café Flesh en busca de los placeres que les han sido negados.

NEW WAVE HOOKERS (Gregory Dark. 1985)

¿Qué cuenta? (cuando están vestidos): Jamal y Jimmie son dos amigos demasiado desocupados que matan las horas viendo la televisión. Jamal es negro, posee una verborrea incontenible y está obsesionado con el sexo. Jimmie es un punkie sumido en un caos vital de difícil solución. Un día, tras ver una película, se quedan dormidos frente al televisor y comienzan a tener un extraño sueño en el que aparecen como propietarios de un servicio de prostitución a domicilio. Lo que no podían imaginar es la pesadilla que se esconde tras su fantasía…

Su historia: Walter Gernert y Gregory Brown aparecierón de la nada en 1983 para revolucionar un género que comenzaba a dar señales de agotamiento. Su revolución, más que estética, fue conceptual. Fundaron un sociedad compuesta únicamente por ellos, a la que bautizaron como The Dark Brothers, basada en los aspectos más oscuros de la psyche humana. Para ello, tras cambiarse legalmente sus respectivos apellidos por el de Dark, comenzaron a fomentar una actitud basada en la provocación: Disfrutaban irritando a las actrices presentándose en los rodajes vestidos como los chulos de la blaxploitation de los años setenta, concendian alucinógenas entrevistas sentados en sillas de mimbre rodeados de iguanas y serpientes, y denunciaban sin pausa la escasa profesionalidad de muchos productores de cine azul, acusándoles de permanecer en el negocio con el único objetivo de pasarse por la piedra a las nuevas starlets. Con esa actitud, no es de extrañar que su número de enemigos dentro del mundillo aumentara al mismo ritmo que crecia el de sus fans, deslumbrados por las surrealistas cintas que dirigieron. En ellas, y mediante disparatados disfraces, representan a los hombres como cerdos, gallinas o asnos, siempre sometidos a la voluntad de exuberantes mujeres coronadas con pelucones imposibles y maquillajes psicotrónicos; todo ello envuelto en montajes sincopados inspirados en la estética MTV.

“New Wave Hookers”, película que degeneró en una larga serie de la que los Dark Bross terminaron por desligarse, se convirtió en película de culto y fenómeno social limitado por los márgenes lógicos del género. De hecho, Quentin Tarantino y Mike Judge, entre otros muchos, reconocen la influencia de los Dark Bross en sus trabajos.

Haciendo honor a su fama, desconcertante e inconformista, los Dark Bross desaparecieron de escena a finales de los ochenta sin motivos conocidos. Poco se sabe de lo que el destino deparó a Walter. Greg Dark, por su parte, agigantó su leyenda outsider siguiendo una vida al límite que situó los tatuajes que decoran la práctica totalidad de su cuerpo en rings de Thai Boxing de Bangkok. Se sabe que participó en peleas ilegales y que frecuentó clandestinas partidas de ruleta rusa. Tras vagabundear por Extremo Oriente durante años, regresó a los States para retomar su actividad en el porno. No mucho después, hastiado del género, se pasó al cine comercial, dirigiendo películas de serie B para terminar, paradójicamente, firmando vídeos musicales de Britney Spears…

El mundo es un lugar extraño, sí.

LA RESURRECCIÓN DE EVA (Resurrection of Eve, Jon Fontana y Artie Mitchell. 1973)

¿Qué cuenta? (cuando no suena de fondo.. choof-choof-choof): Eva sufrió abusos sexuales por parte de su padrastro durante su infancia. Ésto, la ha convertido en un ser retraido con graves problemas para relacionarse con su entorno. Durante sus estudios universitarios, Eva conoce a Frank, locutor de radio que le prestará la atención que, a causa también de su poco agraciado físico, nunca recibió del sexo opuesto. Tras irse a vivir juntos las primeras desavenencias de la pareja, debido a la mojigatería de Eva, amenazan con romper la relación. Tras un terrible accidente de tráfico en el que el rostro de Eva queda completamente desfigurado, será sometida a una serie de operaciones estéticas que convertirán al patito feo en un bello cisne. Poco más tarde, Frank y Eva se casarán. Incapaz de superar sus represiones, Eva aceptará el consejo de Frank de participar en intercambios de pareja que desembocarán paulatinamente en orgías, lo que revelará a Eva como una insaciable amante. La paradoja se dará entonces, cuando Frank vea aparecer el shakespiriano monstruo de los ojos azules: los celos.

Su historia: Inmersos aún en una dura batalla legal abierta en la corte suprema de justicia de Nueva York, los hermanos Mitchell se embarcaron en un nuevo proyecto avalados por el gran éxito de “Tras la Puerta Verde”.

Con el reclamo de Marilyn Chambers encabezando el reparto, los Mitchell comenzaron el proceso de producción de “La Resurrección de Eva” con un presupuesto tres veces superior al empleado en su primera película. Para dar vida a las diferentes etapas vitales de la protagonista, otorgaron el papel a tres actrices diferentes: Nancy Welch se encargaría de interpretar a la Eva adolescente y Mimi Morgan cubriría la etapa adulta antes de ser metarmorfoseada por la cirujía en Marilyn Chambers.

Pocos días después de comenzado el rodaje, Jim Mitchell abandonaba la dirección de la película debido a su incapacidad para hacerle frente. Su sustituto, Jon Fontana, ya se había encargado de la fotografía y edición de “Tras la Puerta Verde”, por lo que colaborar con Artie (conocido por su explosivo caracter) no generó grandes conflictos.

Además de la presencia de Marilyn Chambers, convertida en la primera gran estrella del género, destacó la presencia de Mimi Morgan como Eva adulta. Sus escasos veinte minutos en pantalla, antes de que su personaje sufra el accidente que le costará su físico, constituyeron su debut en el mundillo X. Su irregular trayectoria posterior estuvo marcada por los problemas emocionales y las drogas. Una víctima más asociada a la maldición de los Mitchell.

HISTORIA DE JOANNA (The Story of Joanna, Gerard Damiano. 1975)

¿Qué cuenta? (aunque a la mayoría le traiga sin cuidado): Joanna conoce a Jason, libertino europeo de buena familia, en un restaurante. Cautivada por su personalidad, Joanna se convierte en su amante al poco tiempo. Tras aceptar vivir junto a él en el suntuoso castillo familiar, Jason propone a Joanna que se convierta en su esclava como modo de demostrar la sinceridad de su amor hacia él. Joanna acepta y se ve sometida a diversos juegos sexuales entre vouyeristas y sadomasoquistas. Una vez Joanna ha demostrado su devoción hacia Jason, éste le solicitará someterse a una terrible prueba final…

Su historia: Encumbrado como el gran maestre del nuevo género, Gerard Damiano quiso mantener su imagen de auteaur pornográfico adaptando la novela “Historia de O” de Pauline Réage (oculta tras el pseudónimo de Dominique Aury), para lo cual se propuso obtener los derechos de la obra. Horrorizada ante la posibilidad de ver convertida su novela en una película hardcore, Pauline Réage se negó en rotundo, lo que forzó a Damiano a escribir un guión original basado en la filosofía emanada por la novela, que consistió, básicamente, en cambiar los nombres de los personajes.

El director puso especial énfasis en los actores que deberían llevar el peso de la cinta, para lo cual contrató al veterano Jamie Gillis para hacerse con el papel del decadente Jason y a una antigua bailarina del Stuttgart Ballet Company, llamada Terri Hall.

Como venía siendo habitual en sus obras, Damiano volvió a sorprender con una puesta en escena macabra que sirvió de adecuado soporte a las andanzas de la pareja protagonista inmersa en una siniestra forma de amor cuyo final no podrá ser otro que trágico. La inclusión, por primera vez en la historia del naciente género, de una escena homosexual masculina en la que Jason recibe una felación por parte de uno de sus sirvientes, desperto las iras de los espectadores, quienes reaccionaron ante ella con desagrado e incluso violencia (no fueron pocas las salas que la proyectaron y sufrieron destrozos de todo tipo).

Curiosamente, cuando la batalla legal bajo el cargo de obscenidad parecía ganada, surgió el viejo fantasma de la homofobia inoculado dentro del mismo público que había defendido la exhibición de pornografía como un derecho. Finalmente, Damiano se vio forzado a cortar la polémica escena respetandose el resto del metraje original entre el que se incluian varias escenas lésbicas. Será que la homosexualidad femenina no resulta tan “ofensiva”. En fin…

FUROR INSACIABLE (Insatiable, Godfrey Daniels. 1980)

¿Qué cuenta? (para hacer tiempo entre casquete y casquete): Marilyn, actriz y modelo de éxito, viaja a Londres para disfrutar de unas vacaciones junto a unos parientes. Durante su estancia en la capital britanica, Marilyn se lamentará antes sus amistades de sus enormes dificultades para encontrar una pareja con la que compartir su vida. Para liberarse de los fantasmas que limitan su capacidad para amar, Marilyn inicia un profundo analisis de lo que ha sido su vida amorosa hasta ese instante, lo que le llevará a descubrir la autentica raíz de su insatisfacción.

Su historia: Tras el atronador éxito de sus colaboraciones con los hermanos Mitchell en “Tras la Puerta Verde” y “La Resurrección de Eva”, Marilyn Chambers emprendió una lucrativa carrera como bailarina erótica y actriz de cine convencional (a destacar entre ellas, “Rabia” de Cronenberg) que la apartó del género de manera permanente. Esto cambió en 1980, cuando el productor y director Godfrey Daniels ofreció a la actriz un cheque en blanco para protagonizar la película que ella quisiera con la condición de que fuese pornográfica. Se le concedió, incluso, la facultad de dar el visto bueno al guión, además de reservarse la posibilidad de elegir a cada uno de los interpretes de la película.

Rodada integramente en Londres, “Furor Insaciable” se convirtió en un fenómeno de masas gracias a la potente campaña de promoción, lanzada en el Reino Unido y los States, que incluyó la presencia de la Chambers en docenas de programas de radio y televisión, y culminada con una agotadora gira que le llevó a recorrer las principales ciudades de ambos países. En algunas de estas ciudades, la presencia de la actriz provocó sonados tumultos que obligaron a intervenir a la policía. Tal fue el caso de lo ocurrido en Las Vegas, cuando Chambers no tuvo mejor ocurrencia que despojarse de la parte superior de su vestimenta para fotografiarse en topless con todo aquel fan que lo desease. Tras horas de espera, la multitud irrumpió en el local provocando un caos que ni las cargas policiales consiguieron contener.

Años más tarde, consultada sobre cuál fue la película de la que se sentía más satisfecha, Marilyn Chambers confesó: “Tengo que decir que fue Insaciable (Furor Insaciable). La escena anal que hice con John Holmes sobre una mesa de billar fue inolvidable.” Teniendo en cuenta las dimensiones del miembro de Holmes (35 centímetros en canal), no sé si creerla, pero quede constancia de mi admiración por tan devota profesionalidad.

MUJERES DE SADE (Femmes DeSade, Alex de Renzy. 1976)

¿Qué cuenta? (mientras deciden si la siguente escena será oral o Dios sabe qué…): Rocky de Sade, acaba de llegar a la ciudad de San Francisco en busca de una nueva vida. Su caracter brutalmente violento le llevará a meterse en problemas al poco tiempo de posar sus pies en la ciudad. Una noche, tras semanas martirizando a las prostitutas locales con palizas y vejaciones, Rocky es secuestrado cerca de su casa. Un grupo de meretrices, afectadas por su bestialidad, ha decidido hacerle pagar cada uno de sus excesos. La venganza llevará a Rocky a grados de humillación que ni siquiera él podía imaginar…

Su historia: Con un escueto “V de Venganza” se promoció la revolucionaria cinta dirigida por Alex de Renzy, veterano realizador soft que se dio a conocer gracias a la recopilación titulada: “A History of the Blue Movie”, cuidada selección de películas pornográficas rodadas entre 1915 hasta 1970.

Antiguo piloto de combate de la USAF, de Renzy entró en contacto con el mundo azul durante su estancia en bases aéreas americanas estacionadas en Dinamarca. Una vez licenciado, tras un breve periplo dirigiendo loops y cintas soft, de Renzy encontró en el hard el lugar en el que desarrollar su visión del porno, fuertemente influenciada por el cine de autor de la época. De hecho, la larga y angustiosa escena final de “Femmes DeSade” referencia abiertamente la brutalidad del “Saló o los 120 días de Sodoma” de Pasolini.

El director justificó el trazo deliveradamente sucio de las imagenes de la película al calificarla como “anti-erótica”. “No quise rodar una película sensual. Al contrario, nada me ofendería más que saber que alguien se sintió excitando viendo Femmes DeSade”. Ciertamente, la escena final, que incluye actos escatológicos, provocó tal revuelo que la cinta fue retirada de las salas, acusada de exceder los límites marcados por la nueva legislación referente a la pornografía. Finalmente, tras eliminar los minutos más controvertidos de dicha escena, la película pudo volver a proyectarse.

Protagonizada por Annette Heaven, afortunada poseedora de una belleza cuasi renacentista, el tiempo ha convertido a la cinta de de Renzy en una rara pieza de coleccionista. Y es, curiosamente, la versión integra (que incluye los minutos censurados en su día) la que mayor morboso fervor despierta hoy día. Y es que, como le ocurriera a Pasolini, parece que pocos entendieron lo que de Renzy quiso contar.

DEBBIE SE LO MONTA EN DALLAS (Debbie does Dallas, Jim Clark. 1978)

¿Qué cuenta? (mientras la mayoría pulsa el botón de fast-review): Pese a la oposición familiar, Debbie planea marcharse a Dallas para hacer realidad su sueño de convertirse en animadora del equipo de football de los Cowboys. Tras convencer a varias amigas para que la acompañen, deciden obtener el dinero del viaje desarrollando diversos trabajos basura. Angustiadas por los bajos ingresos obtenidos, lo que pone en peligro su calendario de viaje, no tardarán demasiado tiempo en averiguar que hay otros modos de lograr sus objetivos económicos en menos tiempo…

Su historia: En pleno boom de las comedias universitarias, el director Jim Clark adaptó el subgénero dentro de la corriente X apelando a uno de los grandes mitos de la cultura popular americana: las cheerleaders. Para ello se basó en las desventuras de un despreocupado grupo de oligofrénicas colegialas cuya mayor ambición vital consiste en ser animadoras de los Cowboys de Dallas.

Las dificultades logisticas inherentes al rodaje de una comedia porno ambientada en un campus universitario fueron solucionadas con picardia por los productores de la cinta, los hermanos Buckley, quienes engañaron a los administradores de la New York State University para que les concedieran permiso y así rodar en sus instalaciones. De hecho, su grado de candidez llegó al punto de que dos de ellos llegaron a participar en la película como figurantes. Por supuesto, al conocerse la naturaleza de la película, fueron despedidos. No fue éste el único problema al que se enfrentaron los Buckley. Los vecinos de la zona residencial en la que se rodó gran parte del metraje, se organizaron en grupos de protesta, molestos por el trasiego constante del equipo de filmación que les impedía llevar una vida normal. Para solucionarlo, se recurrió de nuevo a la fórmula utilizada con los administradores, y las protestas cesaron en cuanto se condeció a los cabecillas de la revuelta papeles secundarios (con derecho a mirar pero no tocar, of course).

El papel de Debbie recayó en la debutante Bambi Woods, quien, abrumada por la súbita popularidad obtenida tras el estreno, desapareció de escena para volver a materializarse tres años más tarde, en la segunda entrega de las aventuras de Debbie. Y si un millonario talón fue el culpable de que esto sucediera, ni todo el dinero del mundo habría conseguido que se lo montase una vez más, en la tercera parte rodada en 1985, ocasión para la que rechazó sucesivas ofertas que, finalmente, consiguieron que al menos apareciese interpretando por última vez el personaje que la situó en el mapa de todo erotómano, eso sí, sin sexo de por medio.

El éxito de “Debbie Does Dallas” fue impresionante. Su millonaria recaudación la convirtió en la cinta X más vendida en la década de los 80, durante los albores de la era del vídeo. Su influencia llegó incluso más allá, siendo literalmente plagiada su famosa escena de ducha en diversas comedias teenagers de la época, entre las que destaca, por méritos propios, la célebre “Porky’s”.

Hay más, mucho más. Pero moi no da más de sí. Por lo tanto, aparco definitivamente tan vicioso repaso que, con seguridad, me ha costado la excomunión inmediata. Oh, sí…. el infierno también. Pero bueno, como seguro que la señorita Jones anda por allí, algo idearemos para entretenernos.

 

Sí, aunque resulte difícil de creer, no siempre fue así. Además de la gloriosa versión X de “El Fugitivo” en la que el ladrón del diamante más grande del mundo (del tamaño de una pelota de baseball) se esconde del acoso policial en una colonia nudista (adivinen dónde escondió su botín y por qué andaba como escocido todo el tiempo), el cine azul también dispone de guiones interesantes y películas de referencia. Éstas son, a mi juicio, las historias de las cinco películas imprescindibles en la historia de un denostado género que con frecuencia olvida que en el sexo lo más profundo es la piel… 

GARGANTA  PROFUNDA (Deep Throat, Gerard Damiano. 1972)

¿Qué cuenta? (cuando no están follando): Se narra la historia de Linda, quien acude a la consulta del doctor Young, excentrico psiquiatra, en busca de solución para los graves problemas para alcanzar el orgasmo que padece. Tras las “exploraciones” pertinentes, el singular doctor descubrirá que un capricho de la naturaleza ha emplazado el clítoris de Linda en su garganta. Imaginen lo que sigue…

Su historia: Rodada en seis semanas entre Nueva York y Florida, con el presupuesto inicial de 24.000 dólares, “Garganta Profunda” es, y será, la película más comercial de la historia del cine porno. Sus ingresos, cifrados en torno a los 600 millones de dólares (según estimaciones del documental “Inside Deep Throat”), fueron a parar en su mayor parte a los bolsillos de la mafia, quien financió la película con el objetivo inicial de exhibirla clandestinamente. Su larga y victoriosa lucha legal marcó jurisprudencia en los casos referentes a obscenidad, autorizandose, desde entonces, y bajo la nueva calificación “X”, la exhibición pública de material pornográfico. Sobre la notoriedad que llegó a alcanzar en su día, habla el hecho de que el confidente de los periodistas del Washintong Post que cubrieron la investigación del caso Watergate, fuese bautizado “Garganta Profunda”.

Las míticas felaciones de su protagonista, Linda Lovelace, cercanas a la espeleología, son, de una tacada, los momentos más celebrados del género y los menos excitantes. Tal vez fue Manuel Vázquez Montalbán, quién mejor los definió: “Sus mamadas de penes-trenes de carga y exclusivamente proteínicos no trasmitían emoción humana, eran exhibiciones atléticas, paraolímpicas, de tragapaellas gigantes de Hospitalet o Getafe”.

Para más datos sobre el trágico destino de la Lovelace, busquen en archivos…

EL DIABLO EN LA SEÑORITA JONES (The Devil in Miss Jones, Gerard Damiano. 1973)

¿Qué cuenta? (cuando no le están dando): Justine Jones, madura solterona cercana a la cuarentena, decide poner fin a una vida de rechazo, sufrimiento y soledad, segandose las venas en la bañera de su casa. Tras su muerte, su ingreso en el Paraíso es rechazada, ya que se trata de una suicida. Sin embargo, no podrá acceder al infierno, ya que es virgen. Para ganarse el derecho a la condenación eterna, Lucifer concederá a Justine el disfrute de todos los placeres carnales que le fueron negados durante su desgraciada estancia en la Tierra. Una vez completado el periplo, durante el cual gozará de todas las variables sexuales imaginables, Justine será conducida al Infierno, lugar que Jones descubrirá como el más terrible imaginable; nada de calderas y fuegos de condenación eterna: Deberá pasar la eternidad recluida en una habitación acolchada en compañía de un esquizofrénico obsesionado por cazar moscas.

Su historia: Cuando Gerard Damiano, antiguo peluquero reconvertido en el más celebrado director del cine porno en su breve historia, pudo al fin liberarse del acoso de la mafia, decidió inventar todo un género de la nada acomentiendo la realización de su película más ambiciosa y oscura.

La idea original consistía en crear una película que pudiese contemplarse sin necesidad de usar el sexo como reclamo. Trece reescrituras de guión más tarde, el día antes de darse por comenzado el rodaje, Damiano despidió a la actriz protagonista (una chica de diecinueve años) para otorgarle el papel a una integrante del equipo de rodaje, de mediana edad, con objeto de darle mayor veracidad al personaje. Se trataba de Georgina Spelvin, quien a sus 37 años carecía de cualquier experiencia en el mundillo azul más allá de su participación como script en los equipos de filmación.

El resultado final fue la primera obra maestra (no sólo) reconocida por los expertos en el género. Sin embargo, la tristeza y negrura de sus imagenes ahuyentaron a un público con plena vocación onanísta, incapaz de asociar las referencias a Sartre, la estructura círcular de su propuesta y las innumerables referencias religiosas que esconde su breve metraje.

El tiempo la convirtió en pasto de cineclub. Se le dedicaron sesudos estudios en revistas cinéfilas, consiguió ser pre-nominada a varios Oscar (obviamente no pasó de ahí), y fue, incluso, estudiada en escuelas de cine. De hecho, es la única película pornográfica que he visto en pantalla grande. Fue en una filmoteca, rodeado de gafapastas de todo calado, no pocas mujeres incluídas. En la introducción, un profesor nos aseguró que había llorado cuando la vio por primera vez. Yo no lo hice, la verdad. Pero tampoco me toqué. Eso sí, no pondría la mano en el fuego por el resto de los que allí estuvimos aquella tarde-noche.

TRAS LA PUERTA VERDE (Behind the green door, Jim y Artie Mitchell. 1973)

¿Qué cuenta? (entre polvo y polvo): En un bar de carretera, un enigmatico camionero cuenta a dos interlocutores una leyenda urbana que afirma como real. Se trata del rapto de mujeres jóvenes por parte de una extraña secta, con el fin de someterlas a todo tipo de vejaciones sexuales tras haberles sometido a hipnosis. Esas vejaciones formarían parte de un expectaculo clandestino dirigido a personas de clases privilegidas que asistirían a la representación ocultos tras máscaras. El camionero asegura haber sido testigo de uno de esos raptos…

Su historia: Tras vivir intensamente la movida hippy de los 60, los hermanos Mitchell dedicieron aprovechar la coyuntura del momento para ganarse la vida con el nuevo y floreciente negocio del porno. Para ello crearon, en su San Francisco natal, el O’Farrell Theater, una sala X en la que se dedicaron a exhibir tanto películas ajenas como loops (cortos) creados por ellos mismos.

Enriquecidos en poco tiempo, se decidieron a plantar cara a la potente industria porno de la costa Este (encabezada por Damiano) con una visión más festiva (Californiana) del sexo, rodando sus propias películas. Así, con un presupuesto de 60.000 dólares, nació su proyecto estrella: “Detrás de la Puerta Verde”. Eran los momentos de apogeo del nuevo género. Su aroma contracultural atraía tanto a intelectuales como a pajilleros anónimos (que viene a ser lo mismo, en realidad) lo que proporcionó al anunció de filmación de la que sería gran película porno americana del año, gran expectación. Prueba de ello fueron los cientos de candidatas que se presentaron en pos del papel protagonista. Finalmente, éste recayó en una modelo publicitaria llamada Marilyn Briggs, que desde entonces pasaría a ser conocida como Marilyn Chambers.

Chambers, especialmente reconocida por ser imagen de una popular marca de jabón de la época, negativizó el eslógan de dicha marca (99’44 % Pure) añadiendo el prefijo “im” a la palabra pure, lo que sirvió de publicidad extra, junto con la contratación de Ben Davidson, conocido defensa de los Raiders (equipo de fútbol americano), quien firmó una pequeña aparición sin sexo como uno de los viciosos Vips presentes en el orgiastico expectaculo; morbo suficiente para que la película se convirtiera en un rotundo éxito de taquilla.

Rodado en 16 milímetros, el intenso calor del verano californiano dañó el celuloide, lo que obligó a los Mitchell a editarlo en 35 milímetros para camuflar su trazo sucio y borroso. Tras siete meses de trabajo, el sorprendente resultado final (de hecho, sorprendió a los propios hermanos) mostró una involuntaria estética psicodélica que la unió para siempre a la cultura hippy tanto como lo están Janis Joplin o el LSD. La archiconocida escena final, una alucinada eyaculación sobre el rostro de Chambers rodada en negativo desde diferentes ángulos, es tan representativa de la época como lo puede ser cualquier canción de Jimmy Hendrix.

Nuevas pre-nominaciones al Oscar (el ser admitido a concurso por la academia se consideraba casi como una nominación final), homenajes, celebraciones y un artículo en Time, convirtieron a los Mitchell en pequeñas celebridades del momento. Años más tarde, en plena decadencia, Jim asesinó a su hermano Artie. En 2001, otros hermanos, los hijos de Martin Sheen, se inspiraron en su historia para rodar “Rated X”… Espero que no acaben igual, que con Charlie nunca se sabe.

THE OPENING OF MISTY BEETHOVEN (Henry Paris, 1975)

¿Qué cuenta? (además del meta saca): Seymour Love, hedonísta escritor neoyorkino, conoce en un cine de los suburbios de París a una joven que se gana la vida ejerciendo como mamporrera de ancianos que acuden a las sesiones dobles en busca de sus servicios. Atraído por su personalidad desenfadada y divertida, Seymour se propone convertirla en la mejor meretriz del mundo. Para alcanzar tan lustroso estatus, Misty será sometida a un riguroso entrenamiento supervisado por su mentor. Una vez acabada la instrucción, se enfrentará a diversas pruebas que demuestren su valía. Tras superar con éxito la prueba final (seducir al gay más famoso del mundo), Seymour y Misty se enfrentarán a un inesperado desafío: El amor…

Su historia: El neoyorkino Radley Metzger, firmó bajo el seudónimo de Henry Paris la que fue su gran obra en el ámbito del mundo azul. Licenciado en arte dramático, el veterano de la guerra de Corea reconvertido en director de cine porno, pasó a la historia del gremio como el autor de la comedia más hilarante filmada con sexo real de por medio. Las afiladas reflexiones que se dirigen pupila y mentor, en este inconfesado remake del “Pygmalion” de George Bernard Shaw, bien podrían formar parte de los diálogos de cualquier serie de culto de nuestros días. Jaime Chávarri, de hecho, recomendaba visionar dos veces la película. Una para disfrutarla y otra, fast-review de por medio, para lo otro.

Para protagonizarla, Metzger tuvo la fortuna de toparse con Susan Jensen, modelo de poco éxito que encontró en el porno una vía rápida y segura de ingresos. Fue esa obsesión suya por el dinero (contó, Metzger, que Jensen se pasaba el día preguntándole por el dinero) la que determinó el nombre artístico con que fue bautizada: Constance Money. Su gran actuación (habilidades sexuales al margen) en una época en la que a las actrices porno se les exigia relativas dotes dramáticas, la convirtió en una cara conocida fuera del circuito azul. Aprovechando la coyuntura, posó para Playboy y otras revistas, lo que le valió para alejarse del porno con tan sólo un puñado de películas a cuestas.

“Opening Misty Beethoven” permaneció en cartel durante siete años en la ciudad de los rascacielos. Fue exhibida y premiada en festivales (no sólo eróticos), además de ser considerada un clásico del hardcore. Radley Metzger, su autor, provó suerte en el cine comercial (“El gato y el canario”) con escasa repercusión. Más adelante volvió, desencantado, al que le proporcionó notoriedad. Años más tarde, ya retirado, ejerció de abuelo cebolleta al declarar: “La rodamos (“Opening Misty Beethoven”) en Italia, París, Long Island y Nueva Jersey. Tardamos seis meses en completar la producción. En ese periodo de tiempo, hoy se ruedan un centenar de películas en un garage de Van Nuys. Antes pretendíamos hacer cine. Ahora parece bastar con rodar planos ginecológicos”.

EL SEXO QUE HABLA (Le sexe qui parle, Claude Mulot. 1975)

¿Qué cuenta? (cuando no gimen): Joelle, joven publicista felizmente casada, descubre un día que su vagina posee la facultad de hablar. Al principio, el sexo parlanchín limita sus observaciones al ámbito privado, señalando la insatisfacción sexual que padece, pese a que Joelle afirma lo contrario. Sin embargo, un día la vagina indiscreta decide comenzar a hablar en público, lo que provoca graves problemas a su propietaria y el inmediato interés de los medios de comunicación. Eric, el marido, terminará por descubrir, gracias a las frecuentes indiscrepciones del locuaz sexo parlante, que tras la cándida inocencia de Joelle se oculta una mujer con un turbulento pasado sexual.

Su historia: En la primavera de 1975 se legalizó finalmente el porno en Francia. La nueva situación llevó a la potente industria soft gavacha (recuerden “Emmanuelle”, “Madame Claude”…) a reconvertirse a la mayor brevedad.

En aquel río revuelto apareció Claude Mulot, resuelto joven de 30 años que vivió con desenfreno el mayo del 68. Mulot propuso al productor soft Francis Leroi, la filmación de una comedia conceptual en la que los muros de la hipocresía social fuesen derribados por la brutal franqueza de un utópico sexo parlante.

Además de la inenarrable escena en la que la vagina es entrevistada en directo por un reportero televisivo, aquella sátira sobre el matrimonio pasó a la historia como la única película exhibida en cines comerciales (lo que la convirtió en un gran éxito de taquilla) antes de que las autoridades francesas decidiesen cambiar la legislación, relegando las cintas clasificadas X a salas especializadas.

…Y desde aquel día, los autobuses españoles en ruta hacía Perpignan borraron de su agenda las palabras: Último, Tango y Paris.

Y ya está. Bueno, en un principio eran diez las elegidas, pero se hacía engorrosamente largo el tema. Un par de posteos más y conseguiré culminar esta serie XXX sin enseñar una sóla teta. Y eso, sí que tiene mérito.

Sigamos con el repaso más limpio que el cine sucio recibió jamás…

Una de las líneas de búsqueda más frecuentes en Google es “Dead Porn Stars”.  Sí, el viejo mito una vez más: Eros y Tánatos.

Sea como fuere, la muerte y el sexo siempre estuvieron unidos. Más allá de los concursos amateurs de poesía en los que nunca faltan relamidas referencias al orgasmo masculino (como me gusta el recurrido: “Morí dentro de ti”) y del morbo puro y (nunca mejor dicho) duro, son los suicidas los que se llevan la palma a la hora de ser reverenciados por una masa no siempre compuesta por aficionados al mundo del cine azul.

Uno de los casos más conocidos es el de Shannon Wilsey, más conocida por su nombre de guerra, Savannah.

 

Groupie vocacional, la lista de rockeros que la conoció carnalmente podría cubrir cuadernos completos. Vince Neil, Billy Idol, Axl Rose, Marky Mark (Mark Wahlberg) y David Lee Roth, entre otros muchos, la usaron a tiempo parcial. Pero fue Slash, guitarrista de Gun ‘n Roses, quien la hizo creer que para él era algo más que una diversión. Cuando, como era de esperar, Slash se cansó de masturbarse con el cuerpo de la rubia californiana, Shannon cayó un una espiral autodestructiva (problemas financieros, drogas y un extraño accidente de coche que marcó su perfecto rostro) que concluyó la madrugada del 11 de julio de 1994 con una semi-automática apuntando a su sien. Murió nueve horas más tarde en un hospital angelino.

El mismo método fue el elegido por Randy Layne Potes, alias Cal Jammer, actor porno muy activo a principios de los noventa.

 

En su caso fue su caracter depresivo el que le empujó a dar el paso fatal. Bud Lee, quien le dirigió en varias ocasiones, puso el epitafio a tan corta y desgraciada vida: “Era un hombre extraño. Apenas se relacionaba con nadie. En una ocasión, durante un rodaje, cortó una escena para ir al baño. Media hora después, preocupados porque no regresaba, fuimos a buscarle pensando que se estaría colocando. No fue así. Le encontramos tirado en el suelo, llorando”.

Se voló la cabeza en la casa de su ex-esposa, Adrianne Moore, también actriz porno, que, tras la muerte de su marido (y por ahogar penas, supongo), terminó por convertirse en una de las grandes estrellas de la década bajo el nombre de Jill Kelly.

La única presencia europea en este monográfico es ella…

 

Se trata de la francesa, Karen Bach (Karen Lancaume); eXpectacular morena que protagonizó “Base Moi”, uno de esos habituales “escandalos” coyunturales que brinda el cine comercial.

A principios de 2005 visitó a unos amigos parisinos. Apareció muerta la mañana siguiente, víctima de una sobredosis al parecer intencionada. A falta de un regalo conque agasajar a sus anfitriones, les dejó una nota de despedida en la que en lugar de pedir perdón por semejante marrón, garabateó un simple: “Trop pénible”…

Demasiado doloroso, sí. Nadie dijo que fuera fácil.

Megan Leigh, preciosa y rubia actriz muy popular en los años ochenta, fue más críptica a la hora de decir adiós.

 

Eternamente atormentada por la desaprovación materna a su estilo de vida, gastó todo el dinero conseguido durante sus años como actriz porno en la compra de una suntuosa casa valorada en medio millón de dólares. Una vez hubo terminado todos los trámites, a principios de junio de 1990, envió las llaves a su madre y compró una Beretta de segunda mano con el dinero restante. Su cuerpo fue encontrado pocos días más tarde, el 16 de junio, junto a una nota de despedida en la que, además de pedir perdón a su madre una y otra vez, divagaba acerca de irresolubles problemas personales y sentimentales.

Según parece, su madre no rechazó el presente…

Y si el mundo está lleno de hipócritas, también lo está de insatisfechos.

 

Chester Anuszak, más conocido como Jon Dough, nunca pareció tener bastante. En una entrevista, incluida en una de sus primeras películas, se adelantó en el tiempo al Lester Burnham de “American Beauty”: “Cuando era un adolescente fantaseaba con hacermelo con las chicas que aparecian en las películas porno que escondía mi padre. Pero ahora sé que todo eso no era más que una mentira. Disfrutaba más entonces, masturbandome, que ahora, follando con una chica distinta cada día. Para mí, el mejor momento del día es cuando vuelvo a casa abro una cerveza y veo deportes por televisión”. La fantasía de Al Bundy hecha realidad. Si bien, esa supuesta apatía con relación al sexo no le impidió cubrir una longeva carrera de más de veinte años.

Finalmente, sus problemas con las drogas terminaron por ganarle la batalla. Una sobredosis se lo llevó la noche del 27 de agosto de 2006. Fue metódico en su hora final; dejó dos cartas: una para su esposa y otra para su hija de cuatro años, que no podrá abrir hasta haber cumplido la mayoría de edad.

Alex Jordan, pizpireta actriz de principios de los noventa, era conocida por su caracter alegre y desenfadado. Por ello, por inesperada, su muerte conmocionó a la familia azul un 2 de julio de 2005.

 

Amaneció ahorcada en un armario de su casa californiana. No se encontraron notas de despedida ni se hallaron indicios de las motivaciones que la llevaron a su personal cadalso. Por esa razón, se especuló con un posible asesinato que nunca pudo demostrarse.

El mismo halo de misterio envolvió la extraña muerte de Megan Serbian, rebautizada para el universo hardcore como Naughtia Childs.

El siete de enero de 2002, Serbian practicó el vuelo libre lanzandose desde el cuarto piso de un edificio de apartamentos de L.A. Oficialmente, se atribuyó su acción al LSD que la actriz consumía en aquel instante junto a unos amigos. Sin embargo, la investigación policial determinó que el punto de caida del cuerpo no se correspondía con el impulso que supuestamente debió tomar para efectuar su salto final. Ante la falta de pruebas el caso se cerró, pese a los esfuerzos de un detective del LAPD que siguió investigandolo por su cuenta, apiadado por las ansias de justicia de los padres de Megan.

Lo cierto, a día de hoy, es que los tipos que la acompañaban en el día fatídico, todos ellos relacionados con el mundo del rap angelino (mundo en el que ella estaba involucrada como productora y ocasional cantante), quedaron en libertad sin cargos.

Pero fue la muerte de Colleen Applegate la que marcó para siempre a la industria azul.

Hay una escena de “Tierra Prometida”, descorazonadora película sobre sueños rotos dirigida por el otrora prometedor Michael Hoffman, en la que un débil Kiefer Sutherland vuelve a su pueblo natal convertido en camello de baratillo. Se fue de aquel perdido agujero del interior de los States como un recien licenciado repleto de ilusiones, y regresó del brazo de una prostituta deslenguada (Meg Ryan). La escena en cuestión ocurre la noche antes de llegar al pueblo. Ryan se encierra en el baño durante horas provocando la intranquilidad de Sutherland. Al salir, ha recortado su pelo y eliminado el tinte que lo cubría. Al día siguiente, dejará su top demasiado escotado y su minifalda de cuero en el armario para comprar lo que ella define como “un traje decente”.

Pues la misma escena debió ocurrir la noche previa al día de Acción de Gracias de 1983, cuando Colleen Applegate, ahora convertida en Shauna Grant, regresó a su conservador pueblo natal del brazo de su novio, Bobby Hollander, productor pornográfico que la superaba veinte años en edad. Eliminó el carmín de su rostro, además de cualquier otro rastro de maquillaje. Se vistió como si fuese a asistir a una ceremonia religiosa e insistió a su novio de que hiciera lo propio. De poco sirvió, pues su familia la recibió con la frialdad propia del desterrado.

Para más inri, durante su visita sus fotos porno fueron exhibidas por los garrulos locales, provocando una situación insostenible que degeneró en una visita abortada a las pocas horas de ser iniciada.

Colleen Marie Applegate nació en Bellflower (California) en el seno de una conservadora y católica familia de clase media. Poco tiempo después, sus padres se mudaron a Farmington (Minnesota), lugar en el que creció como modélica estudiante y cheerleader del equipo de football del instituto local. Desde su adolescencia, su eterea belleza no pasó desapercibida, como tampoco lo hicieron sus constantes problemas emocionales (protagonizó un intento de suicidio a los quince años). Su estancia en el pequeño pueblo del medio-oeste no se alargaría por mucho tiempo; pocos días después de lograr su mayoría de edad, se fugó con su novio en busca de una nueva vida en Los Angeles.

Una vez en California, los problemas para conseguir empleo llevaron a Colleen a posar para revistas masculinas. Primer paso que la llevaría a sumergirse de lleno en el emergente mundo del porno de principios de los ochenta.

Convertida en estrella en tiempo record merced a su deslumbrante físico, su popularidad creció hasta el punto de compartir estrado con Francis Ford Coppola (oh, viejo sátiro) en la entrega de los premios del cine para adultos de 1983. La embriagadora corriente que le envolvía fue demasiado intensa para su frágil equilibrio emocional, lo que terminó por dirigir sus pasos hacia la cocaina, de la cual, se dice, consumía tremebundas cantidades diarias. Solía presentarse en los rodajes colocada, siempre acompañada de un pequeño frasco color rosa repleto de polvo blanco. Tal fue la magnitud de su adicción que sus compañeros de trabajo la apodaron “Applecoke”.

A sus perennes problemas de conciencia, derivados de su fe católica y la mala relación con su familia, se sumó, poco más tarde, una destructiva relación con el actor Jamie Gillis, basada en juegos sadomasoquistas y mentales que terminaron por desequilibrar su siempre inestable mente.

En diciembre de 1983, un año después de su llegada al universo azul, Shauna Grant anunciaba su retiro, asqueada, según sus propias palabras, con el mundo del porno. Sin embargo, su caracter autodestructivo y su complejo de Electra siguieron funcionando. Inició una relación con Jake Ehrlich, camello de poca monta, veinticuatro años mayor que ella. Su degradación, tanto física como mental, se aceleró culminando la madrugada del 21 de marzo de 1984. Una carabina del calibre 22 hizo el resto. Sólo unos días antes, sus padres habían respondido a su llamada de auxilio ofreciendole costearle un tratamiento de desintoxicación, además de unos estudios universitarios que nunca llegó a cursar.

Fue enterrada en la iglesia católica de St. Michael, en la ciudad que la vio crecer, Farmington. Ningún miembro del mundo del porno asistió a su funeral.

Su muerte provocó una demonización inmediata del submundo del hardcore. La administración Reagan endureció su acoso, provocando el cierre de muchas productoras. La opinión pública se indigno ante el relato (adulterado) de su triste vida en varios documentales y una película para la televisión (“Shattered Inocence”) que explotaron su figura tanto o más de lo que lo hizo el mundo del porno.

En una de las múltiples páginas web dedicadas a su memoria, se afirma que la última frase escrita en su diario personal fue “Sólo quería que alguien me quisiera…”. Sea o no real dicha frase, Colleen consiguió su objetivo de modo indirecto, pues se cuentan por cientos de miles los pornográfos, mitómanos y pajilleros varios que aún se declaran platónicamente enamorados de ella.

Y lo cierto es que raro es el día en que la sobria lápida que decora su tumba amanezca sin una flor recien cortada postrada en su regazo…

Me ha quedado largo de narices… Mis disculpas.

Comienzo la semana dedicada al cine azul repescando este viejo posteo…

Tenía 15 o 16 años cuando un amigo robó “Garganta profunda” de las partes oscuras de la videoteca paterna para cedermela durante todo un fin de semana.

Mi gozo acabó en un pozo. No conseguí verla. Era complicado en una casa permanentemente repleta de gente, dotada de una sola televisión para compartir. Así que la cinta se convirtió en un secreto de estado, guardada bajo la cama de la habitación que compartía con mi hermano mayor. Durante un largo fin de semana lo único que pude hacer fue fantasear con las maravillas que escondería aquella sugerente carátula. Pero tuve que contentarme con soñar con las habilidades bucales de aquella pecosa chica feucha que aparecía en la contraportada. Cuando por fin llegó el temido lunes y tuve que devolverla a su dueño, la película se convirtió en toda una obsesión que tardaría años en satisfacer… Ocho, exactamente.

Y como suele suceder con todo aquello que la imaginación alimenta y mitifica, la película supuso una decepción total. Primero, porque para entonces el sexo había dejado de ser un misterio para mí, y todas aquellas estúpidas aventuras de una mujer que tenía situado el clítoris en la garganta, no consiguieron excitarme demasiado, así que, a mitad de la cinta, decidí visionar lo que restaba utilizando el viejo recurso del fast review. Después supe de la peripecia de la peli. De como la mafia la había producido por apenas 15.000 dólares y se había embolsado la totalidad de los multimillonarios beneficios que generó. Linda Lovelace, su desgraciada protagonista, apenas cobró 1.200 por protagonizar la película más productiva de la historia del cine. Hay quién habla de una recaudación total que a día de hoy que superaría los 100 millones de dólares.

Linda Lovelace, aquella chica no demasiado agraciada de la contraportada que atormentó aquel interminable finde, murió no hace mucho tiempo en un accidente de coche. Murió cristiana ortodoxa (o renacida, como prefieran), renegando de su pasado y jurando haber sido amenazada de muerte durante el rodaje de su obra magna. La cinta que la convirtió en inmortal.

Su peripecia vital, a efectos públicos, se inicia con su boda con Chuck Traynor, buscavidas que más tarde se casaría con otro mito del porno (Marilyn Chambers), y se cierra tras su matrimonio con un tipo de la costa Este que, además de arreglar teléfonos, le dió dos hijos. Fue portada de Time. Escribió cuatro autobiografías que oscilaron entre la lujuria más o menos comercial de la primera y la acusadora y arrepentida de la cuarta. Fue candidata a la presidencia de los States y (pre)nominada a mejor actriz principal de los Oscars del año 74. Sufrió malos tratos, amenazas y extorsiones. Acusó a Traynor de haberla introducido en el porno a la fuerza, y fue chantajeada con la salida a la luz de un loop (cosa que finalmente ocurrió), en el que practicaba sexo con un perro.

Hubo mucho más… Una entrada en el Dorothy Chandler Pavillion, en plena ceremonia de los Oscars, a lomos de un caballo, ensombreciendo la estrella del mismísimo Paul Newman quien coincidió con ella en la alfombra roja. Hubo entrevistas para Playboy y Esquire. Efímeros romances con estrellas de la época. Tres películas más… y una retirada prematura que engrandeció su mito, como si de la Garbo se tratase.

 

Para erotómanos de todo el mundo siempre será Linda Lovelace.

Para sus hijos y su ex-marido mecánico telefónico, posiblemente el único que la amó sinceramente, siempre será Linda Marchiano.

Para mí será la chica pecosa de la contraportada de una cinta de vídeo que nunca pude ver.